Lecturas

La escritora y periodista cordobesa recibió el premio Transfuge a la mejor novela hispánica por su novela "La tensión del umbral"

 

Una muerte. Unos policías poco dispuestos a investigarla. Un periodista que emprende una búsqueda personal. El intento de entender eso que se intenta ocultar desde los poderes que acechan desde los márgenes de la metrópoli. 

Eugenia Almeida (1972, foto) vive en un presente compartido por amigos, la soledad, la literatura, los resortes de la imaginación. “Cuando era chica, recuerdo, mi vieja tenía una biblioteca modesta pero muy interesante –confesó en una entrevista a La Voz del Interior–. De grande estudié Letras un año y medio. Después dejé la carrera y durante mucho tiempo seguí inscribiéndome todos los años nada más que para sacar libros de la biblioteca. La biblioteca de filosofía me ha salvado literalmente en momentos difíciles”.

"La tensión del umbral" (Editorial Edhasa, 2015), su tercera novela, la acaba de hacer merecedera del prestigioso premio Transfuge a la mejor novela hispánica, galardón entregado por la publicación francesa del mismo nombre, especializada en literatura, cine, televisión y otros temas culturales.

Su nuevo laurel es sólo otro más para la vitrina. En 2005, Almeida ganó el Premio Internacional de Novela "Dos Orillas" organizado por el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón (España) por "El colectivo", libro que ha sido publicado en Argentina, España, Grecia, Francia, Italia, Portugal y Austria. Su novela "La pieza del fondo", publicada en Francia y Argentina, fue seleccionada como finalista del Premio Rómulo Gallegos 2011.

En el caso de "La tensión", la escritora incursiona en el género policial y pone en cuestión la problemática del suicidio y sus condicionantes sociales. Pero, más que nada, la trama expone los mecanismos de funcionamiento del poder represivo que continúa operando más allá del fin de la dictadura y la llegada de la democracia y que se recicla repetidamente en la historia argentina. La podredumbre del sistema, lo entiende Almeida, siempre se esconde bajo la alfombra. 

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