Mil días atrás

La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia (Especial para HDC)

El miércoles de la semana pasada, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, cumplió mil días al frente del Poder Ejecutivo Nacional. Un antojo del almanaque que nos impone algunas consideraciones al respecto. Para algunos es poco y para otros, por el contrario, es demasiado tiempo. Como siempre, depende de los criterios a partir de los cuales se haga el análisis.

En un período de cuatro años, mil días son más de dos tercios. En otros términos, al Presidente Macri le resta menos de un tercio de su mandato. Luego, ese tiempo puede prolongarse otros cuatro años o no, dependiendo del resultado de las elecciones del año entrante.

Hasta hace poco, casi nadie dudaba de su reelección. Para el oficialismo, esa no era una posibilidad sino una certeza. Casi un trámite administrativo. Algunos fans ya especulaban con ocho años
de Macri más otros ocho de María Eugenia Vidal, previa reelección como gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, por cierto.

Para la gran mayoría de los opositores, lo reconocieran públicamente o no, la reelección presidencial también era una certeza o, por lo menos, una posibilidad con grandes probabilidades. Tanto es así que los principales dirigentes del justicialismo pergeñaban sus estrategias, tanto políticas como personales, pensando en un lejano 2023.

Oficialistas y opositores se equivocaron. Por motivos diferentes y distintas motivaciones, de ambos lados cometieron el mismo error al pronosticar. Aquellos fueron exageradamente optimistas y estos fueron prematuramente derrotistas. Una vez más, la realidad se impuso al sinfín de especulaciones que animan a unos y otros.

Hoy por hoy, la reelección presidencial no es una certeza. Sin embargo, a pesar de la actual crisis económica y de los efectos sociales que sobrevendrán, esa posibilidad sigue en pie. No con las
mismas probabilidades pero esa alternativa sigue siendo posible.

El gobierno macrista llega a sus mil días de gestión en el peor momento. No es una afirmación opositora sino una realidad tangible que ni el más recalcitrante oficialista puede negar. Las encuestas de opinión pública muestran una baja de la imagen positiva y, a la vez, una suba de la imagen negativa del primer mandatario.

No obstante, ningún opositor ha podido capitalizar el notorio desgaste de la figura presidencial y de su gestión. En medio de las escandalosas denuncias y sospechas de corrupción durante sus dos gestiones, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo la dirigente opositora con mayor intención de voto.

Ni bailes ni cantos

Faltan 412 días para la primera vuelta electoral y 440 para la segunda, previstas legalmente para el 27 de octubre y el 24 de noviembre de 2019, respectivamente. Al presidente Macri le quedan
esos días, como máximo, para superar la emergencia económica y social y, así, aumentar sus chances de seguir siendo el Presidente de los argentinos.

Ya no hablamos de cumplir las promesas electorales que hizo durante la campaña presidencial del año 2015. Hace falta ver el debate con Daniel Scioli, entre la primera y la segunda vuelta electoral, para advertir el abismal incumplimiento de la palabra empeñada por el entonces candidato de Cambiemos.

Tampoco hablamos de cumplir los pronósticos gubernamentales que se hicieron y rehicieron tantas veces. Nada más recordemos que el presupuesto de este año preveía un crecimiento del 3,5 por ciento del PBI, una inflación del 15,7 por ciento y un dólar a 19,3 pesos. Pues bien, tendremos una caída del 2,3 por ciento del PBI y una inflación del 41,4 por ciento (según el reporte de Morgan Stanley a sus clientes).

“Quiero que me juzguen por si pude o no bajar la pobreza”, dijo Mauricio Macri más de una vez. Pues bien, el gobierno macrista ya no podrá hablar de “pobreza cero”. Sería burlesco. Ni siquiera de disminuirla. El mismo presidente anticipó que aumentará “por la devaluación”.

Así las cosas, el gobierno macrista apenas podrá proponerse que la pobreza no aumente tanto hasta la finalización de su mandato. Sería políticamente impresentable que, al cabo de tantas promesas y tantos pronósticos, el número de pobres fuera mayor al que dejó la “pesada herencia” del kirchnerismo.

Lejos, muy lejos, quedaron el baile del Presidente y las palmas de Marcos Peña, el jefe de gabinete de ministros, en el histórico balcón de la Casa Rosada, aquel día de asunción. La revisión de
aquellas imágenes y su comparación con la situación actual sirven para entender que no entendieron la realidad ni cómo cambiarla.

Aquel 10 de diciembre de 2015, mientras Mauricio Macri bailaba y Marcos Peña hacía palmas, la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, cantó la canción que hizo eterna la popular Gilda. “No me arrepiento de este amor”, cantaba la vice, en medio de la algarabía del macrismo.

De cara a los resultados económicos y sociales de la gestión presidencial, mil días después, muchos de sus votantes sí se arrepienten de ese amor o, por lo menos, de ese voto. Aunque nada
está definido, premonitoriamente, la canción terminaba diciendo: “yo siento que la vida se nos va, y que el día de hoy no volverá”.

20 Septiembre 2018
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