Juampi de Wix y la inteligencia amarilla

Nada fuera de lo común, por Manuel Esnaola (Especial para HDC)

UNO
Cada vez que abro YouTube para escuchar, pongámosle, “Going California” de Led Zeppeling o, para ser más atinados al contexto, “La malagueña” interpretada por un virtuosísimo Luismi de once años, cada vez que, como una mosca que no entiende que un poco más allá del vidrio, a la derecha del vidrio, hay otra ventana abierta y atrás de ella la libertad, decía, cada vez que doy click a un video en YouTube, aparecés vos Juampi, con esa sonrisa impostada en medio del patético espectáculo que te hicieron montar, decís, Juampi, todas las cosas que no quiero oír. Afuera, en Córdoba, los muchachos del PO, del PTS y otras agrupaciones, tomaron el viejo rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba. La ciudad marcha y la gente de Córdoba, que hizo mil revoluciones, Juampi, camina hasta que se le entumece la cara contra este invierno amarillo.

Ya no sé qué creer. Acabo de abrir una noticia en el “gran diario del interior”. Te aclaro que lo hice navegando en “modo incógnito”, porque ahora hay que pagar para poder acceder a la información (?). El titular decía: “Urgente: tomaron el viejo Rectorado de la UNC”, y después alegaba que los intérpretes eran organizaciones de izquierda. ¿Todavía seguimos con esta lógica binaria, Juampi? ¿No se puede pensar por fuera del 0 y 1 en la Argentina? Derecha-izquierda. Kirchnerista-Antikirchnerista. Birra-Fernet. Pritteado-Cepa caté. Qué vulgarización de la política hacen los medios. Qué vulgarización la política que se hace con lo que los medios dicen que la política debe hacer… la histórica reducción del ethos politucus argentino en dos polos opuestos que destilan odio en las mesas de café, en las redes sociales, en los programas de espectáculo, y que luego, en las urnas, se disputan a un puñado de indecisos que no saben par qué lado sopla el viento.


DOS
Yo no te juzgo, Juampi, vos también, al igual que todos, tenés que comprar el arroz y la sopita Quick para engañar el estómago. Pero no podés andar vendiendo hueso a los sin dientes. Tu incansable mensaje dinamita toda posibilidad de reflexión. La primera vez se entiende: la imagen lo es todo y somos aquello que hacemos con lo que nuestra imagen hizo de nosotros. Todo bien, pero después el hastío… Sprayette, las publicidades de yogurt para una deposición saludable, el polvo insatisfactorio –pero siempre innovador– para lavar la ropa de nuestros niños que juegan felices en un patio que no existe, en un país que tampoco existe, en una familia que se ha roto hace tiempo. ¿Será necesario, Juampi, que me acostumbre “a la idea de que la secuencia elaborada por un perfecto idiota sea generadora de sentido y, por tanto, testimonio de una determinada, e inédita, forma de inteligencia”? La inteligencia amarilla que, colgada siempre de una herencia de plomo y bilis (la cual es, hay que decirlo, en ciertos aspectos congénitos a toda la historia argentina, y por ello nada novedosos, como la corrupción, casi innegable, pero no por esto fundamento de un “modelo de gestión pública” que dure cuatro años de ineptitud), constituye el peor opio de los pueblos.

Basta Juampi de Wix, de YouTube, de las mil y una puteadas en los comments, basta de relinchar como un caballo para transmitir que algo está buenísimo, basta de tartamudear, de postear fotos ridículas, basta de hacer el bobo, de frivolizar eternamente el grito de aquel primer gallo que rompió la madrugada en la que Maquiavelo escribió el último punto de su Príncipe, advirtiéndole al soberano que el poder estaba en el pueblo y no en algún delire de divinidad –esa virtualidad que ha logrado metamorfosearse a través de los siglos y los dioses–.


TRES
No es con vos la cosa Juampi. Pero es tarde en la noche y estoy consultando fuentes. Quiero ver las clases de Feinmann –no las del impresentable que hace dos días no para de ocultar la triste realidad de la universidad pública inoculando en el circo mediático el cáncer de otro espectáculo– sino las clases del “gordo” Feinmann, el filósofo, el que escribió dos novelas espectaculares, las de Pablito Epstein, su alter ego, a quien su padre prometió que mientras él fuera chico jamás se iba a morir, y entonces, con motivos fundados, cada vez que su corazón sentía que se hacía grande, no podía escapar a la perturbadora culpa de que lo estaba matando. Quería ver, específicamente, su clase sobre la Reforma Universitaria del 18. Los estudiantes que iniciaron aquel estallido no eran los estudiantes hijos de las clases dominantes, sino que, contrariamente, los que ocuparon “el claustro entre barrancas”, la ciudad de Córdoba, fue la nueva generación, los hijos de los inmigrantes.

Mientras vos estás detenido en un loop macabro, anunciando en YouTube no sé qué cojones de página donde edificar un monumento de uno mismo, “un escenario”, esa es la palabra que usás, para publicar fotos en alta definición, imágenes, mampostería de algo que no dice nada, puro espectro proyectado, mientras todo eso ocurre cada vez que quiero ver a Luismi cantar “La malagueña” o a Robert Plant aullando contra la luna, cada vez, Juampi de Wix, como te gusta presentarte, que busco las clases de Feinmann o del impronunciable genio Darío Sztajnszrajber, o la conversación entre Foucault y Chomsky, cada uno en su idioma materno, poniendo a bailar una estrella en la historia, o una canción acústica de Justin Bieber, o a Miley columpiándose en la evangélica bola de demolición, o a los ruinas de Oxizakre rompiendo todo en un estudio clase B de la televisión argentina, no quiero ser tan reiterativo, pero mientras todo esto ocurre –tu cara de monigote, tu forzado sinsentido, tu gracia nula, casi como una réplica de aquel otro monigote– hay alguien allá afuera, un amigo, que de chico era un fenómeno en el potrero del Modesto Acuña y que después se egresó en tres carreras de la Universidad Pública en Córdoba y que ahora, mientras marcha contra el viento helado, se vuelve un poco místico detrás del humo que sale de su boca, perdido en este invierno, mi amigo, que escribió los mejores libros de mi generación, se está quedando sin trabajo, Juampi.

20 Septiembre 2018
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