17
Dom, Diciembre 2017 08:37 AM

Nada fuera de lo común

Nada fuera de lo común, por Manuel Esnaola (Especial para HDC) 

UNO 

Era en abril el ritmo tibio. Es joda, no se asusten. Todo bien, pero me rehúso a comenzar una columna así. En realidad, lo que quería escribir era: En abril de 1975 el polifacético David Bowie anunció al mundo que se retiraba del rock. Dijo: “I’ve rocked my roll (…) The last thing I want to be is some useless fucking rock singer” (la última cosa que quiero ser es otra inútil y maldita estrella de rock). La declaración es perfecta. Pero supongo que todos agradecemos que el asunto haya quedado en una exquisita formulación provocadora. Después hubo Roma. Roma fue, por nombrar sólo cuatro de los ejércitos imperiales, “Station to Station”, “Heroes”, “Scary Monsters (and Super Creeps)” y “Lets Dance”. 

La cosa es que en la maniobra de recule de aquellas declaraciones apocalípticas, Bowie organizó una entrevista vía satélite desde Los Ángeles, en el show televisivo de Russell Harty, con la intención de anunciar su gran retorno a las pistas. Bowie sonreía con esa irrevocable dentadura británica aquel noviembre de 1975, mientras la cucaracha deslizaba a oídos del conductor la noticia de que el Generalísimo Francisco Franco había muerto y que el régimen democrático volvía a una España asfixiada de dictadura imperecedera. El gobierno español, en manos del flamante rey Juan Carlos I, exigió el uso del satélite para comunicar al mundo la buena nueva. “El duque blanco”, claro está, se puso todas las plumas encima y, como él había gatillado el programa, se negó a ceder la banda ancha de los 70 y todos tuvieron que esperar el delayed de unas horas para enterarse de que la democracia había levantado su licencia por enfermedad en medio de una esquizofrenia fascista cuarentona: “Buscando satélites / ¿A dónde vamos desde acá?”          

DOS 

Ted Nugent es considerado uno de los guitarristas norteamericanos que, junto con Eddie Van Halen y algunos otros muchachos del gremio, fundaron lo que hoy conocemos por hard rock y heavy metal. Este violero nacido en Míchigan, grabó más de treinta y cuatro discos, vendió treinta millones de copias y, lo que es más consagratorio aún para cualquier estrella de rock o de cine, apareció en un capítulo de Los Simpson donde Homero, quien repentinamente se vuelve una figura política relevante, lo propone como candidato republicano para la presidencia. ¿Qué más?... lo de aparecer en el gran libro de sociología universal titulado Los Simpson, ¿no?  

A Ted Nugent le gustaba aparecer en los escenarios tapado de pieles que lo hacían lucir como un hombre salido de las cavernas. También es conocida su extralimitada afición por las armas de fuego. En su disco “Weekend Warriors”, Nugent aparece endemoniado tocando una guitarra cuyo mástil se transforma en un cañón de ametralladora disparando con estrépito. 

Hay algo que quizás no todos sepan. Un luthier llamado Ed Roman le fabricó una guitarra especial al bélico Ted. Con madera de ébano de Macassar en el mástil y de abeto de Alaska en el cuerpo, Roman fue labrando ese letal instrumento con el que Nugent habría de edificar escalas imposibles. En la parte trasera dejó un compartimento secreto donde Ted, hasta el día de hoy, guarda una pequeña pistola Derringuer, calibre 32, por si alguna estampida de animales-salvajes-fans un día se le viene encima. 

TRES

Por sus letras y su registro poético pesimista, la prensa mundial ha sabido rotular a Leonard Cohen como "el depresivo no químico más poderoso del mundo”. Poeta, novelista, compositor y dueño de una voz que retumba en lo bajo, en las tinieblas, Cohen escribe sobre la bohemia, el amor, el sexo, la religión, la depresión en las ciudades, la música como un ecosistema perfecto donde habitan, indistintamente, el predador y su presa, esa parábola cíclica y alternante de la relación de pareja.

En noviembre de 2016, tal como lo había pedido, Leonard Cohen fue enterrado en Montreal, en un ataúd de pino sin adornos ni manijas doradas, junto a sus padres. En algún lugar de “la mancha” del Rock, seguramente, su amigo cercano, el viejo Iggy Pop, estaría recordando aquel día en que Cohen se acercó al estudio a grabar unas canciones con él y el técnico de sonido les mostró un anuncio de una revista que decía: “Mujer joven busca un hombre con la mente de Leonard Cohen y el cuerpo de Iggy Pop”. Los bribones respondieron al llamado y dejaron el número telefónico de Cohen. La cita se concretó y parece ser que la joven, una ninfa esplendorosa, sólo estaba interesada en la cucusa del interesante Leonard. Después de una profunda charla filosófica que lo retuvo horas, Cohen volvió apesadumbrado al estudio de grabación y le dijo a Iggy que mejor se pongan a escribir canciones, que la muerte es larga y un lugar oscuro donde está vedado hacer el amor.

CUATRO

Carlos Alberto Solari, más conocido como “el Indio”, es un cantante y compositor argentino nacido en la ciudad de Paraná, Entre Ríos. En una entrevista, El Indio alega, no sin cierto deleite, que su público no conoce el “sold out” (las entradas agotadas). Desde la otra vereda, la parafernalia mediática argentina lo tilda de ser el contrapunto de sus canciones. “El lujo es vulgaridad, dijo (…)” y se tomó un jet privado que lo devuelve a su encierro en el conurbano bonaerense, su palacete desde donde edifica una caricatura sinfónica que, como el fantasmita del Pacman, se devora su complemento, los únicos parroquianos, los amigos-enemigos, que justifican su existencia, dicen, o quisieran decir, los medios (no les fío palabra ni ideas). 

El televisor despacha su carnaval de panelistas mientras el gordo que vende pan casero en la esquina de mi casa grita sin piedad, como un chancho al que lo están asesinando porque no podrá ver nunca jamás las estrellas. En el medio, yo escucho una canción que dice que ponemos sistemas de alarma después del afano y escribimos el gran tratado universal de las culpas después de que caen los primeros muertos. JiJiJi.

0
0
0
s2sdefault