22
Lun, Enero 2018 07:11 PM

La ciudad / Hora cero

Es difícil creer que las jubilaciones y pensiones son la causa principal del déficit fiscal

La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia (especial para HDC)

Todas las políticas públicas tienen ganadores y perdedores. Por una razón que es evidente. Es imposible que una decisión política beneficie a todos sin perjudicar a nadie. La experiencia comparada demuestra que las decisiones y acciones políticas, sin excepciones, benefician a unos y perjudican a otros.

Lo dicho vale para el actual gobierno nacional que preside Mauricio Macri, para los pasados gobiernos radicales de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa  y, también, para los gobiernos peronistas de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Vale también para los gobiernos provinciales y municipales, actuales o pasados. 

Queriendo o sin querer, los gobernantes benefician a algunos sectores sociales y económicos y, simultáneamente, perjudican a otros. La diferencia entre los gobiernos es, precisamente, quiénes son los beneficiados y quiénes son los perjudicados. La Doctrina Social de la Iglesia enseña que las políticas públicas deben buscar el bien común y que esto supone beneficiar a los más débiles.

Desde ese punto de vista, nadie puede desconocer que los jubilados y pensionados son los perjudicados de la reforma previsional que se debate. Nadie. Los números lo demuestran y hasta los funcionarios nacionales y los legisladores oficialistas lo han reconocido. Ganar menos es perder, obviamente, y eso es un vejamen a los más débiles.

El gobierno nacional no ha podido, no ha querido o no ha sabido, hasta ahora, disminuir el déficit fiscal. Para colmo de males, se ha endeudado para financiarlo. Esa combinación es una bomba de tiempo. La duda no es si la bomba explotará sino cuándo lo hará y cuáles serán los daños.

A lo dicho se agrega que la combinación no es nueva. La década menemista se caracterizó por financiar el déficit fiscal mediante el endeudamiento externo. Con una notoria ventaja en comparación con la situación actual: con el menemismo no había inflación, mientras que con el macrismo la inflación supera el 20 por ciento anual.

Por lo tanto, tiene razón el presidente Macri cuando dice que se debe disminuir el déficit fiscal y que, a esos fines, hay que bajar el gasto público. Su diagnóstico tampoco es nuevo. Domingo Cavallo lo había dicho como ministro de Economía de Fernando de la Rúa, aquel fatídico 2001, al proponer el “déficit cero”. No se puede gastar lo que no se recauda.

La cuestión es, entonces, qué se recorta. No está mal ajustar las cuentas públicas. Todo lo contrario, es necesario. La clave es, insistimos, qué se ajusta o, para ser más precisos, a quiénes se ajusta. Gobiernos y gobernantes de signos políticos e ideológicos opuestos pueden compartir un diagnóstico de problemas. La diferencia es el diagnóstico de soluciones.

Una clase impolítica

La decisión que tomó el gobierno nacional junto con los gobernadores provinciales fue hacer el ahorro mediante una reforma previsional. Para decirlo lisa y llanamente, la Nación y las provincias acordaron que el recorte del gasto público fuera a costa de las jubilaciones y las pensiones.

Vale la pena destacar que esta no es la reforma previsional que impulsa el macrismo, a solas. Esta es, también, la reforma previsional que impulsan los gobernadores provinciales (menos el de San Luis). Sin distinciones partidarias, los primeros mandatarios de la Nación y de las provincias argentinas decidieron disminuir los haberes de los jubilados y pensionados para bajar el gasto público y, por consiguiente, el déficit fiscal.

Es difícil creer que no había otros medios. Es difícil creer que las jubilaciones y pensiones son la causa principal del déficit fiscal. Es difícil creer que no hay otros gastos ineficientes. Es difícil creer que la clase política se ponga de acuerdo para esto que es la contradicción de la política como búsqueda del bien común.

El Presidente de la Nación, a pocas horas de ganar las elecciones legislativas de este año, propuso un “reformismo permanente”. Hasta ahora, la principal reforma es el ajuste a los jubilados y pensionados. Poco y nada se sabe del ajuste que deberían hacer los gobiernos en otros ítems.

Se equivoca el oficialismo al creer que puede hacer esta reforma porque  ganó las elecciones. Es cierto que las ganó pero nunca dijo que haría esta reforma. A diestra y siniestra, los candidatos de la alianza Cambiemos repartieron “buena onda” a lo largo y a lo ancho del país. Nunca propusieron una reforma previsional como esta.

Se equivocan los aliados del oficialismo al creer que de esto depende la gobernabilidad del país. Semejante argumento es facilista. No son momentos de tirar la piedra y esconder la mano. Si creen que ajustar las jubilaciones y pensiones es la mejor alternativa para disminuir el gasto público, el déficit y la inflación, pues, que lo digan y se hagan cargo de sus dichos. Si no, que propongan otras alternativas. 

Se equivocan los opositores al creer que el costo político del oficialismo es un beneficio político para ellos. Una cosa es que la sociedad rechace la reforma previsional del gobierno y sus aliados y otra cosa es que apoye a una oposición condenada por su pasado y sin propuestas innovadoras.

Finalmente, nos sumamos a la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Córdoba y exhortamos a nuestros diputados nacionales para que rechacen “toda iniciativa que atente en términos reales contra la situación material actual de los jubilados y aparte a los jubilados de su legítimo derecho a recibir lo suficiente para garantizar la dignidad de la vida”.

0
0
0
s2sdefault