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Vie, Agosto 2017 08:57 PM
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Casi todo es otra cosa

Alejandra Vigo se convirtió en la principal impulsora de una estrategia tendiente a lograr la unidad del justicialismo; el FpV anunció que irá con lista propia 

 

CASI TODO ES OTRA COSA

Ernesto Kaplan

@ernestkaplan

De nuestra Redacción

En el contexto de un año electoral, el peronismo de Córdoba que responde al gobernador Juan Schiaretti continúa sumando aliados para intentar fortalecer su estructura partidaria. Esta semana fue el turno de un nutrido grupo de referentes kirchneristas, que se encontraba contenido en la agrupación La Jauretche. Bajo el comando de Soledad Ferraro y Marcos Amante, estos dirigentes resolvieron saltar el charco y pasarse a las filas del amplio universo que es el justicialismo, dejando en una posición incómoda al legislador provincial del bloque Córdoba Podemos, Martín Fresneda. El exsecretario de Derecho Humanos de la Nación se vio forzado a aclarar que él no abandonará el barco que timonea la expresidenta Cristina Fernández para “enfrentar al proyecto neoliberal”. Lo cierto es que sus excompañeros de militancia lanzaron el martes pasado en un acto en el Smata el espacio Pueblo Peronista, bajo el patrocinio de la influyente secretaria de Equidad y Promoción del Empleo de la Provincia, Alejandra Vigo. La esposa del titular del Ejecutivo cordobés se convirtió en la principal impulsora de una estrategia a largo plazo, tendiente a lograr la unidad del pejota. ¿Con qué objetivo? El más inmediato es asegurar un triunfo en las legislativas de octubre, donde se presentará como candidata a diputada nacional. Su caballito de batalla será la promoción de los programas y acciones sociales que viene llevando adelante para contrarrestar los preocupantes índices de pobreza e indigencia que golpean a todo el territorio nacional. Pero Vigo quiere ir más allá. En ese marco, se propuso un plan sumamente ambicioso: que Schiaretti sea reelecto Gobernador en 2019.  

El operativo de seducción comenzó en diciembre de 2015, apenas retomaron el poder en el Centro Cívico. Con el correr de los meses, fueron sumando el apoyo de figuras que prefirieron tomar distancia del Frente para la Victoria, tales como los legisladores provinciales Ricardo Vissani y Nora Bedano, o el intendente de Villa María, Martín Gill. Éste último dice tener un pasado del que no reniega, y responde con argumentos a los cuestionamientos lanzados desde distintas tribunas contra los realineamientos que se vienen registrando en este distrito. “Algunos le tienen miedo a la unidad del peronismo porque garantiza la victoria”, disparó Gill, quien a su vez, adelantó que se pondrá la campaña al hombro para que Unión por Córdoba se imponga en las urnas y, de esa manera, puedan hacerle “un llamado de atención al gobierno nacional”. ¿Lo hará como jefe municipal o como integrante de la boleta de postulantes a la cámara baja? 

El otro gran cimiento del peronismo provincial es José Manuel de la Sota. Desde que finalizó su tercer mandato al frente del Panal, el exmandatario cordobés decidió mantener un bajo perfil a la espera del momento indicado para volver al ruedo. Eso ocurrirá en poco tiempo más, cuando oficialice que será el primer candidato a diputado nacional de UpC, aunque con aspiraciones más trascendentes que las de Vigo y Schiaretti. Es que De la Sota está convencido que la actual coyuntura de la Argentina le abre las puertas a un nuevo intento de posicionarse como una opción seria y competitiva -en términos proselitistas- para suceder a Mauricio Macri en la Casa Rosada. Todo parece indicar que la sociedad política más exitosa de Córdoba desde el retorno de la democracia reasumirá el papel que tantas veces desempeñó en los últimos años, en roles que se fueron invirtiendo. En esta oportunidad, De la Sota se calzará el traje de candidato y disparará munición gruesa contra los inquilinos del poder central. Por su parte, Schiaretti procurará hacer malabares para mantener cierto equilibrio entre su función institucional y las necesidades de su espacio por marcar diferencias con Cambiemos. 

Con ese fin, el Gobernador empezó a mostrar los dientes a principios del mes en curso. El disparador fue el informe dado a conocer en marzo por el Indec, que reveló que en el segundo semestre de 2016, el Gran Córdoba mostró el peor cuadro social del país, tras sumar la mayor tasa de indigencia (10,8 por ciento) y la tercera mayor cifra de pobreza de la Argentina (40,5 por ciento). El mandamás provincial retrucó esos índices, al afirmar que “la pobreza y la política económica del país son responsabilidad del Estado nacional”. Schiaretti cree que esos números están distorsionados o directamente fueron manipulados para perjudicarlo. A continuación, aprovechó la plataforma de la Fundación Mediterránea para expresar su malestar por las demoras de la Nación en el envío de fondos coparticipables. La más reciente declaración contra las medidas adoptadas por la Residencia de Olivos tuvo lugar hace 48 horas en un encuentro de la Región Centro, desde donde se quejó por la elevada presión fiscal y reclamó una mayor participación de las provincias en la discusión por la reforma del sistema tributario argentino.  

Como bien señalé en la apertura de esta columna, el peronismo es un movimiento pendular en el que conviven distintas realidades. Así es como en Córdoba asoman variables como las del exconcejal capitalino, Miguel Siciliano, que busca hacer su propio camino. En ese extenso mapa, también está la alternativa de quienes no comulgan con el oficialismo que capitanean Schiaretti y De la Sota. El Frente para la Victoria de Córdoba emitió en la víspera un documento en el que anunció la decisión de “afrontar la instancia electoral de este año conformando una propuesta electoral que se constituya en una verdadera alternativa al modelo de gobierno para los ricos, que tiene su representación nacional en Córdoba en la Alianza Cambiemos y Unión por Córdoba”. En el escrito, se hizo hincapié en “convocar a una alternativa electoral amplia” que reafirme “la vocación frentista de las mejores tradiciones del proyecto nacional y popular”, impulsado por Fernández de Kirchner. Se trata de una opción en la que se descarta de plano la continuidad de un “plan canje” de espacios.

 

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