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Sáb, Enero 2018 08:00 PM

Cuaderno de Bitácora

Horacio Verbitsky, ha demostrado sobradamente en los últimos 40 años cuál es la labor de un intelectual crítico

Cuaderno de bitácora, por Nelson Specchia

En períodos de instalación de discursos y modelos neo-hegemónicos, de conformación de un cuerpo de ideas y de manifestaciones que apuntalan un proyecto de poder, la existencia de voces reflexivas y críticas (que son, de suyo, siempre necesarias) se hace imprescindible. Sin coincidir necesariamente con él, siempre sostuve que una de esas voces, en la contemporaneidad argentina desde la recuperación democrática hasta hoy, era –y es- la de Horacio Verbitsky.

El “Perro” (un apodo que obedece a su actitud de alerta, pero también a cierta postura facial de can amenazador) Verbitsky, ha demostrado sobradamente en los últimos 40 años cuál es la labor de un intelectual crítico. Sus más de 20 libros, alimentados con jugosas investigaciones periodísticas, fueron marcando un camino sin concesiones con el poder. En 1985, en plena efervescencia alfonsinista, publicó “Ezeiza”, donde desentrañó los acuerdos del retorno de Perón y el entripado entre la derecha y la izquierda peronista; “Robo para la corona”, de 1991, fue una referencia para comprender toda la década menemista, y reveló la corrupción en la clase política durante el primer ensayo neoliberal; en “Hacer la corte” describió los mecanismos de manipulación de la justicia; en “El vuelo” demostró la responsabilidad castrense en la eliminación sistemática de detenidos, arrojándolos vivos y drogados al mar desde aviones de la Fuerza Aérea; y en “Doble juego, la Argentina católica y militar”, de 2006, ofreció una detallada investigación de las relaciones entre los obispos argentinos y los generales de la dictadura, mostrando el conocimiento que el Episcopado tuvo siempre sobre la desaparición de personas entre 1976 y 1983. 

Estos títulos –apenas algunos en esas dos docenas de publicados- han jalonado su actividad intelectual. Y lo fue haciendo sin descuidar una presencia periodística constante, elaborada y crítica contra quien fuera que encarnarse el poder de turno: contra el radicalismo, contra el menemismo, contra el kirchnerismo –a pesar de la mayor empatía con sus gestiones- y contra el macrismo. En todos estos períodos democráticos, y a pesar de la acidez de sus textos, pudo seguir escribiendo. Durante 30 años sin interrupciones. Hasta ahora. Hoy ya no puede seguir haciéndolo.

Después del alejamiento de otras voces críticas –como Roberto Navarro o Víctor Hugo Morales- Horacio Verbitsky se ve obligado a hacer una “pausa” en sus columnas dominicales. El Gobierno, en su estrategia de conformación neo-hegemónica, no soporta los ladridos y los tarascones del “Perro”. El Presidente, tras la publicación de la investigación sobre el blanqueo de capitales firmada por Horacio Verbitsky, donde se relacionaban a su amigo Nicky Caputo y a miembros del entorno familiar del jefe del Estado, dijo públicamente que el país estaría mejor si él pudiese “meter en un cohete y enviar a la luna a 562” argentinos. El diario en el que trabaja le sugirió a Verbitsky que se tomara vacaciones. El periodista lo ha hecho, pero no se resigna a quedarse callado: ha creado una página web en la que seguirá publicando sus artículos. Se llama, claro, “el cohete a la luna”. Yo ya me suscribí. 

Y junto con la alegría de que un espíritu inquieto como el de Verbitsky haya encontrado esta manera original de burlar los intentos de empobrecer la vida intelectual y acallar la labor crítica, me alegró mucho también la resolución de la Facultad de filosofía y Humanidades de nuestra Universidad de concederle el Premio José María Aricó al compromiso social y político, por su defensa de la libertad de expresión, los derechos humanos y la memoria histórica. Los considerandos de la Facultad de Filosofía, además de reconocer en Verbitsky a “uno de los intelectuales… que con más de 50 años de ejercicio del periodismo, llevó a cabo esta labor siempre con un compromiso social que lo hizo pionero en la denuncia de la represión ilegal; como su participación en la agencia Agencia de Noticias Clandestina - Ancla, fundada por Rodolfo Walsh”, destaca su rol, desde el 2000, como presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales – Cels. Recuerdan los académicos de Filosofía que el Cels “en defensa de los derechos humanos, económicos, sociales y culturales, representa un faro indiscutible… así como su participación permanente en las causas más diversas -con un equipo de trabajo multidisciplinario y de gran pluralidad-, siempre se encuentra amparando la protección de los derechos de las minorías contra la represión, las arbitrariedades y los abusos de poder”. Bienvenido sea este recuerdo, este reconocimiento al pasado, y esta reivindicación a Horacio Verbitsky en los desafíos del presente. 

Y bienvenida, también, la valentía de los académicos de la Facultad de Filosofía de la UNC. Se sabe que decisiones como ésta en la “Córdoba de las campanas” son jugadas arriesgadas. Que no faltará algún romántico de la Revolución Libertadora (“mi Golpe preferido”, como dice el ministro de Cultura, Pablo Avelluto); que no faltará algún cínico que, amparado en la bohemia intelectualoide de una pipa o de unos versos, despotrique contra premio y premiado. Hacerlo a pesar de ello es una muestra de coherencia y de libertad de pensamiento. 

Porque ladran, Sancho. Pero este Perro no sólo ladra: también muerde.

 

 

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