Repudiables despidos en Télam

Editorial

Durante la semana pasada, la agencia estatal de noticias Télam despidió a 354 empleados. Ese número representa el 40 por ciento de la planta. Apenas un centenar de los cesanteados recibieron sus telegramas de despido. A la mayoría les liquidaron y depositaron las indemnizaciones, sin más.

La orden fue del titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi. Obviamente, dicha orden se da en el marco del ajuste que implementa el gobierno nacional encabezado por el presidente de la Nación, Mauricio Macri, a partir del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, los argumentos que intentaron explicar y justificar los despidos no fueron relacionados con el ajuste en marcha. Para el presidente de Télam, Rodolfo Pousá, los despedidos tenían un perfil muy ideológico. "Nuestro objetivo es profesionalizar la agencia. Hubo un núcleo duro que no se sumó a esto y que decidió mantenerse con un perfil muy ideológico", dijo el mandamás de lo que queda de Télam.

Claramente, los 354 despidos no resolverán el déficit fiscal del Estado nacional. Cada uno de los trabajadores despedidos representa un inmenso drama personal y familiar, sin duda. Pero todos juntos, desde un punto de vista estrictamente económico, no quitan ni agregan demasiado al balance de las cuentas públicas.

Las razones han sido ideológicas, como ha dicho el presidente de Télam. Eso es, precisamente, lo más grave. Despedir por razones ideológicas es ilegal y discriminatorio, en Argentina y en cualquier país democrático del mundo. A cualquier trabajador, pero peor a un trabajador de los medios de comunicación. Mucho peor si se trata de una agencia oficial de noticias.

No todos los despedidos fueron incorporados durante las gestiones presidenciales de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Hay despedidos que nada tienen que ver con el kirchnerismo. Sin embargo, más allá de este hecho objetivo que demuestra la falacia de la argumentación oficial, la ideología política de una persona no puede ser la causa de su cesantía laboral.

Si un trabajador no trabaja, es decir, si no cumple sus funciones o las desempeña incorrectamente, debe ser sancionado, por supuesto. Hay un orden jurídico que lo posibilita y hasta lo exige. Las autoridades correspondientes, de Télam o de cualquier otro organismo público, deben hacer un sumario y proceder consecuentemente, sin arbitrariedades.

La persecución ideológica debe repudiarse en cualquier caso y en este particularmente. No se trata de las ideas políticas de turno. No es un tema de kirchnerismo o macrismo. Hablar de un “núcleo duro” que es “muy ideológico” y por eso eliminarlo de Télam, representa una irresponsabilidad que debería pagarse con la renuncia del funcionario.

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