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Mar, Enero 2018 01:09 AM

Editorial

Editorial

La semana pasada, los diputados de la Nación dieron un ejemplo de lo que no es una democracia. La sesión que se levantó a pedido de la diputada Elisa Carrió, en medio de gritos, insultos, golpes, empujones y trompadas al aire, forman parte de los más bochornosos episodios acaecidos en el Congreso nacional. 

El Parlamento debería ser el ámbito donde se sancionan las leyes de la Nación, esas que deben regir, para bien o para mal, la vida de los argentinos. Una imagen de la República en funcionamiento, de la pluralidad de ideas y del debate.

Durante muchos años, lamentablemente, el Congreso fue una mera escribanía de lujo. El kirchnerismo y, antes, el menemismo, lo convirtieron en un trámite cuasi administrativo de legalización de las decisiones de los presidentes de turno. A sus órdenes, la mayoría en cada Cámara imponía los temas y los tiempos.

Cambiemos no tiene mayoría en Diputados ni en Senadores. Por lo tanto, por convicción o por conveniencia, debe negociar con otros bloques. Durante los dos primeros años de su mandato, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, no ha tenido dificultades para aprobar sus iniciativas de ley. A costa de muchas concesiones políticas y económicas, es cierto.

Después de ganar las elecciones legislativas y sin esperar la renovación de las Cámaras, el Poder Ejecutivo decidió avanzar rápidamente en la sanción del proyecto de reforma previsional que había acordado con los gobernadores provinciales (a excepción del gobernador de la Provincia de San Luis). Por ahí empezó el reformismo permanente.

Dicho acuerdo le dio una nueva mayoría, circunstancial pero mayoría al fin. Pues bien, no supo qué hacer con ella y, paradójicamente, repitió las mañas que otrora tanto criticó. Un tema como la reforma previsional no se puede sacar a los apurones. De ninguna manera, si se quiere demostrar que algo ha cambiado en el respeto a las instituciones republicanas.

La impericia política del oficialismo, al no asegurar el quórum con sus aliados, permitió que la oposición, encabezada por el kirchnerismo y los partidos de izquierda, diera rienda suelta a todo tipo de desmanes, provocaciones y agresiones. Las escenas son bochornosas.

 

Mucho se puede discutir sobre la reforma previsional. Algunos la defienden y otros se oponen. De eso se trata la democracia que, después de tantos años de sufrimiento, los argentinos pudimos conseguir. De confrontar ideas y resolver los conflictos pacíficamente. Más allá de eso, los diputados de la Nación, por acción u omisión, dieron un nuevo motivo para que la gente común desprecie a la política y a sus representantes.   

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