La Mundial: la Feta cordobesa

Color local, por Lucas Gatica (Especial para HDC)

Sentado en la confitería La Real, esperando el cortado en jarrito y las medialunas, veo por el ventanal la silueta del edificio más angosto de Sudamérica. El edificio, bautizado La Mundial, se encuentra ubicado en la intersección de la avenida Emilio Olmos y la calle Rivadavia.

Su nombre se debe a que una compañía de seguros –Seguros La Mundial, hoy desaparecida- fue la primera empresa que se instaló en el edificio. Hoy en día continúa ocupado mayormente por oficinas comerciales. Lógicamente, sus departamentos no son aptos ni aconsejables como viviendas.

Si uno viene caminando por la Avenida Olmos, dejando atrás el río Suquía, se encuentra un simulacro de edificación: una fachada de más de 30 metros de largo y ¡3,70! metros de ancho. Pero no por eso deja de ser un edificio. Angostísimo, eso sí.

El mozo que me atiende en el café asegura que es el edificio más angosto del mundo. No obstante, por pocos centímetros, es La Fetta di Polenta de Torino, en el norte italiano, el edificio más delgado del globo. No le informo de ese detalle por no ser aguafiestas, o para que no me tache de mala onda. Incluso, desde la Municipalidad de Córdoba lo admiten en su portal web, señalando tímidamente a La Mundial como “el más angosto de Sudamérica”.

Esta obra arquitectónica, que podríamos denominarla como “La Feta cordobesa”, apodada también por sus vecinos como “La Gillette” (en alusión a la filosa y famosa hoja de afeitar), posee 32 metros de frente, con un espesor que nunca llega a los cuatro metros, y que se angosta aún más a medida que llega a la calle Rivadavia, donde alcanza a medir tan sólo 80 centímetros.
Con sólo ver el bar de la planta baja, donde la empleada apenas tiene lugar para moverse, nos damos una idea de sus anómalas dimensiones.

Reptil extravagante

Ver “La Mundial” desde su delantera es un placer. Sin embargo, se la nota sensiblemente deteriorada. De todas maneras, su amplia y bonita fachada está cargada de vistosos detalles arquitectónicos y eso remarca su curiosa delgadez, resaltándola. Los diarios de la época calificaban al edificio como un “reptil extravagante” e indicaban que el “espacio es oro” en la arquitectura moderna. Actualmente, “La Feta” está rodeada de negocios comerciales y boliches para comer en modo gasolero, pero sigue conteniendo cierto encanto Belle Époque.

El capricho

Se inauguró en 1931, pero fue antes, en 1927, cuando el intendente de aquel entonces, Emilio Olmos, resuelve ensanchar la avenida que en ese momento se llamaba 24 de septiembre y que hoy lleva el nombre del histórico político. Es debido a ese ensanchamiento que el edificio tomará la forma que le veo mientras me acerco el cortado a la boca y mastico las medialunas.

Se dice que había un pacto entre los vecinos de los terrenos ubicados en Olmos y Rivadavia: cuando ensanchen la avenida, vamos a ver qué hacemos, llegaremos a una solución provechosa para ambos. Ese era el trato de palabra que habían arreglado. Es decir, uno le iba a comprar al otro la parte del terreno sobrante para darle una utilidad práctica. Ahora bien, cuando llega el momento de la venta, el ofertante le ofrece una bicoca, es decir, dos morlacos, poca plata. Así, hace enojar al dueño de esa pequeña fracción de terreno y éste, en su encono, resuelve desafiar a su vecino. Contrata dos arquitectos franceses y levantan lo que hoy conocemos como el “Edificio La Mundial”.
Otra fuente va un poco más allá y cuenta que el conflicto se de sató entre dos hermanos, que por diferencias y peleas entre ellos, uno de los dos no quiso venderle su lote al otro, lo que hubiese permitido contar con un espacio mayor para una construcción más rentable, estándar y provechosa. Más allá de esas historias, el edificio se construyó y se convirtió en un logro jamás pensado. Por lo cual, fue gracias al capricho y obstinación del dueño del lote afectado por el ensanchamiento la causa de la existencia de “La Feta” cordobesa.

Misterios

Las historias que envuelven al edificio son variopintas. Una crónica que menciona el historiador Carlos Ighina, señala que frente a Olmos 91 –la entrada del edificio- se estacionaba un lujoso automóvil de siete asientos perteneciente al por entonces dueño del edificio. Este señor habría ganado su fortuna explotando una serie de prostíbulos que funcionaban en las adyacencias de “La Mundial”. Pero, como sucede en los clásicos tangos, quedó viudo, se le murió su fiel compañera. No pudo resistir esa pérdida y murió al poco tiempo de nostalgias y melancolía.

Otras versiones que circulan en las aguafuertes de la ciudad y que apuntan al porqué de la construcción, van desde un apuro para hacer algo que oculte un túnel subterráneo de usos sospechosos y oscuros, hasta una versión que pregona que simplemente fue construido como una maniobra económica para hacer desaparecer algún dinero. Estos rumores les dan una luz aún más misteriosa a todo el asunto de “La Mundial”.

En Buenos Aires tendrán las avenidas más larga y más ancha, además del fálico Obelisco. En Córdoba, podemos poner sobre la mesa que tenemos el edificio más angosto del continente.

Whatsapp
© 1997 - 2018 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar