Schiavetta, elogio de la forma

El centinela ciego, por Leandro Calle (Especial para HDC)

En una entrevista, el reconocido poeta porteño Antonio Requeni, deslizaba con delicadeza cierta constatación: la preferencia de la experimentación con el lenguaje frente a la comunicación con el lector en la poesía actual. De algún modo, muchos ya lo han dicho: la poesía actual, no dice… (y otros agregan: nada, no dice nada).
Cabe preguntarnos a qué nos referimos cuando decimos “actual” o “contemporánea”, y también qué decimos o qué queremos decir cuando decimos que algo tan misterioso como la poesía “no dice”. La literatura es un gran cajón de sastre donde entramos todos: los experimentadores, los clásicos, los barrocos, etc. Y tal vez el consejo borgesiano sea el mejor: si no te gusta el libro, dejalo y agarrá otro. Para qué imaginar batallas entre escuelas y estilos.

Además podríamos buscar poesía que experimentando diga y comunique. Creo que este es el caso de Bernardo Schiavetta, cuya experimentación poética no es algo banal sino que arraiga en tomarse en serio la experimentación con el lenguaje, la forma y el sonido. Desde el libro “Diálogo” (1983) al que el autor –barthesianamente- considera un punto cero de su producción, Schiavetta hace más de treinta años que escribe y reescribe, experimenta y vuelve a experimentar el aspecto formal, musical y visual de la poesía. Pero no parte de cero, no es una experimentación frívola o espontánea que emerge de manera digamos adolescente. La experimentación –que ya no es tal en el autor porque es “su” manera de escribir- se encuentra anclada en el manejo preciso de los metros y autores clásicos, su innovación arraiga en la tradición de los clásicos que se animaron a romper el lenguaje para recrearlo.

“Antes de los apócrifos” es el nuevo libro de Bernardo Schiavetta que publican Ediciones Audisea junto con Cuadernos de Hablar de Poesía. Es una antología de poesía en la que el autor declara en un breve prólogo parte de su estética: “`Diálogo´ fue un punto cero porque lo escribí después de haber decidido evitar a toda costa que mi yo personal fuese el yo lírico de mis poemas… Tanto en lo vivencial en general como en esa vivencia específica que es la creación literaria, el desplazamiento del ego hacia la periferia de nuestra mirada interna deja libre el centro del ser. La expresión estilizada del yo, desde Safo en adelante, ha dado obras maestras a la poesía universal. Pero en mi caso, el destronamiento del yo, la ascesis de la expresión personal, han sido la ocasión de contemplaciones internas (como lo ha recordado recientemente George Steiner, hay emociones intelectuales, hay una poesía del pensamiento, es un género poético)”.

Este “destronamiento del yo” en la obra de Schiavetta, logra –entre otros procesos estéticos- una vuelta al elogio de la forma. No importa el contenido (o, al menos, si importa, el contenido vive en un “momento segundo”, está después de la forma y el estilo, de la música, de la sonoridad de las palabras). Pero Schiavetta logra también que semántica y morfología se junten es decir, que la forma sea sentido y que perdamos de vista esta dicotomía cartesiana que parece atormentar a Occidente, como bien lo establece la norteamericana Susan Sontag en su artículo “Contra la interpretación”, de 1964.
Si tomamos por ejemplo el poema “Sextina caótica” caemos en la cuenta que el autor ha trabajado la forma clásica de la sextina, pero la forma está impregnada de sentido y el resultado es un poema que se sostiene bellamente en la tensión de contenido y forma.

El autor juega –seriamente- con las letras de una palabra que, combinándola de distinta manera, genera otras palabras con otros significados, pero mantienen los mismos morfemas. Y lo dice desde el principio en el primer verso de la sextina: “Del caos saco asco, ocas, caso y cosa…” Con ese conjunto de palabras Schiavetta levanta arquitecturalmente un poema de honda densidad semántica pero que nos viene a través del juego de la forma. La quinta estrofa es un buen ejemplo:

“Pero hay dejos del asco al decir asco,
todo es casual en la palabra caso
y es una cosa la palabra cosa:
ocas contiene la palabra saco,
la pluma escribe la palabra ocas
y un caos hay en la palabra caos.”

El último verso nos retrotrae de manera inevitable al Borges de “El Golem”, no de manera imitatoria sino como celebratoria influencia: “Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de 'rosa' está la rosa / y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'”.

Esta reseña nos permite esbozar solamente algunos aspectos del libro “Antes de los apócrifos”. El lector que decida abrir la puerta y jugar –en serio- en el patio de las formas y los sonidos, encontrará sutiles pasadizos, vertiginosas ventanas, puertas infinitas para asomarse al infinito mundo de la poesía. De alguna manera la poesía de Bernardo Schiavetta es un festín para la mente. Un elogio de la forma.

21 Septiembre 2018
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