25
Sáb, Marzo 2017 16:03

Magazine
Tipografía

Hace pocos días el arquitecto Gonzalo Fuzs iba por calle Vélez Sarsfield en Córdoba capital, y pasando Caseros encontró en la vereda, unas cajas tiradas: el contenido estaba vinculado al poeta y sacerdote jesuita Osvaldo Pol 

MEMORIA CULTURAL DE CÓRDOBA

Mario Trecek

Hace pocos días un transeúnte, el arquitecto Gonzalo Fuzs, iba por calle Vélez Sarsfield en Córdoba capital, y pasando Caseros encontró en la vereda, unas cajas tiradas contra un árbol y su curiosidad hizo que se encontrara con un tesoro. Bueno, para la gente de letras son elementos valiosos. Fue como una revelación si se me permite usar una palabra mística. Es que el contenido estaba vinculado al querido poeta y sacerdote jesuita, Osvaldo Pol. En el interior de las cajas, estaba simbólicamente y en objetos, su vida. 

Paradojalmente, era en la esquina de su casa. Porque él vivía en la manzana jesuítica, en una modesta habitación que supe visitar en alguna oportunidad. Alguien, que vino a ocupar su lugar, desalojó sin miramientos sus pertenencias, y puso toda una historia de vida en la acera, para que lo lleve Cotreco o quién sea. “Las manos torpes pierden lo ya asido. / La memoria no atisba en el pasado / y hacia adelante todo es sin sentido” (Osvaldo Pol).

Cuando Fuzs, despliega fotos del material encontrado uno no puede más que sentir dolor, y desolación. ¿Ésto somos, en esto nos convertimos? Es despojo. ¿Y la trascendencia? ¿Y la eternidad? ¿Y el consuelo? La vida no se resume en un diploma, en un cenicero o un plato de cerámica, es cierto. Pero las medallas, los premios, los certificados de reconocimiento finalmente tendrán este valor relativo? Medallas honoríficas, para pavonearse, como esa que está entre los bártulos, de un pavo real, o la hermosísima paloma de ébano, o de piedra negra, o el diploma firmado por el arquitecto Juan Manuel Bergallo, otorgado en el 2009, donde La Dirección del Museo Histórico de la Manzana Jesuítica le reconoce sus aportes, por ilustrar sobre la Compañía de Jesús. O sus apuntes sobre “El problema de la educación”, o sus diplomas como profesor en la Universidad Católica de Córdoba.

Una vez, cuando me envió una nota a Río Tercero -que dista sólo a 100kilómetros- lo hizo con un sobre como los que tiraron, con remitente de Caseros 141; lo llamativo, antes como ahora, era un sobre liviano, Vía Aérea. Pocos poetas, y curas pudieron certificar domicilio en la Docta, en este lugar geográfico tan puntual y emblemático. Graciela Bialet en su cuento “No hay tumbas para la verdad” que luego se publicaría como "Los sapos de la Memoria” usa un epígrafe de Pol: “No bastará esgrimir los argumentos de la inocencia”. Él sabía que tenía que ver con el cielo, pero le encantaba ser un poeta urbano y callejero, con su campera negra de cuero tan civil, o ataviado con un sobretodo también negro, que con su altura y porte, lo hacían un gentleman, salvo que uno reparara en su clerigman, tan blanco, como el que está en una de las cajas, alza cuello que nos advertía de su condición eclesiástica.

Decía mi abuelo, don Julio Gauna, que hay que saber separar la paja del trigo, y parafraseando a Osvaldo Pol, hay que tener un punto de vista, una Situación y Criba. Reflexiona Susana Degoy, cordobesa, sobrina de Niní Marshall, y miembro de la Casa de Córdoba en Bs As: Situación, porque eligió un lugar para mirar, un punto de vista, una perspectiva y la criba, que es un criterio de selección. La mejor harina, para el mejor pan. La mejor palabra, para el buen poema. Lila Perrén en su libro de 1997, recoge este razonamiento, y pone a leudar los suyos.

Otro objeto, que me llamó la atención: en la tapa de un libro pegó una esquela que reza “Porque libre de sus pecados, te concede la salvación…” y en la foto, sobre el texto fotografiado, aparece un viejo reloj cuadrado, de acero. Nos marca un tiempo que ya fue, que solo en su mecanismo se ha paralizado, el otro sigue corriendo con sus tropelías.

En este relicario, también hay un dibujo estridente en azules y rojos, de un rostro, que podría ser Dalí con bigotes curvos, o para hablar de otro de la Córdoba argentina, Antonio Seguí, Dibujo de 1973 de Luis Squil, no se logra identificar bien la rúbrica. Y lo más llamativo, y para interpretaciones diversas y variopintas, es un dibujo del artista plástico catamarqueño –Roberto Rodríguez- que por razones políticas se exilió en España, donde murió. Fechado en 1982, año emblemático, estábamos recuperando la democracia en la Argentina, testifica de puño y letra Osvaldo “El autor quiso que yo conservase este cristo de espalda frente a la cruz…de la técnica”. Un cristo polémico, tanto como aquel que flotaba el Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador Dalí. “Hasta cuando señor seré humillado / en esta oscuridad donde resido? / Soy hermano de Job, crucificado” escribió en uno de sus sonetos.

Hace pocos meses cuando murió, lo recordamos en el Centro Cultural del Bicentenario en su localidad natal de Tancacha. El primer poema de un trabajo de recopilación de María Del Carmen Lubrina, es “Retornándome” Eso está haciendo. Estas cajas son como los guijarros después de las mareas. Una usuaria de Facebook aseveró “Esto se llama sincronicidad, al decir de Jung. Coincidencias significativas, no causales, donde algo muy profundo se conecta con el magma del universo”

Quizás viene a decir que somos simples monedas encontradas en la vereda, cara o cruz de un demiurgo que nos dice a plena luz del día, en plena calle, que somos unas chirolas, que no valemos un denario, que somos unas monedas “uruguayas” sin valor de cambio, como las encontradas en las cajas de las pertenencias personales de Osvaldo Pol.

0
0
0
s2sdefault
Inscribirse a través de nuestro servicio de suscripción de correo electrónico gratuito para recibir notificaciones cuando hay nueva información disponible.
Anunciante