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Dom, Enero 2018 03:48 PM

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Tendencias en la red, por Pablo Natale (especial para HDC)

¿Qué diferencia hay entre un espía y un vecino?: la respuesta tajante y definitoria a eso se llama Gran Hermano

1. Una de mis vecinas escucha la radio bien fuerte. Escucha música pop noventosa, de esas bandas ignotas que solo alguien de esa época podría reconocer. Uno de los vecinos vive con un amigo o el hermano: se los puede escuchar de madrugada, matando gente virtual a tiros en algún juego de red. Cuando no se escuchan los tiros, es porque están estudiando, aunque no sé qué. Otra vecina tiene muchos perros. Deben ser dos, pienso un día, pero después distingo otro ladrido, y después otro. ¿Cuida perros? ¿Los saca a pasear? Si cada departamento tiene una habitación y un comedor y un balconcito, ¿cuántos perros viven ahí? Abajo viven dos hermanos, la perra se llama Maga, me pregunto si será por Cortázar o por Magalí. Una tarde se escucha una canción de la Iglesia, y me pregunto si la perra se llamará Maga por los reyes magos. Después escucho que llegan de madrugada y ponen al palo un disco de Pink Floyd: no entiendo nada, pero al menos es música para soñar. Arriba, durante un buen tiempo, escuché que algo se caía, un tornillo, algo así: un día los nuevos inquilinos me informaron que el departamento había estado deshabitado por meses. O sea que tuve de vecino a un fantasma.

2. Dicen que la mejor obra de Gay Talese es el retrato periodístico que hace de Frank Sinatra, conocido como “Sinatra está resfriado”. Yo me acuerdo que lo leí y pensé que no era para tanto, y que entonces me puse a leer el poemario “La ciudad”, de Gonzalo Millán, que me quitó la respiración (como un fantasma). Después reabrí el libro de Talese y leí un texto magnífico sobre la ciudad de Nueva York, donde hasta se describían las costumbres de los gatos de la calle. Hubiera dicho que ese era mi Talese preferido pero, gracias a los vecinos de las redes sociales, descubrí “El motel del Voyeur”, el retrato periodístico sobre un tipo que se compra un motel para poder espiar a la gente y anota todo lo que ve en un diario “íntimo”. Entonces se da cuenta que lo que hace vale oro y que lo quiere publicar. Le escribe a Talese, que lee el diario entero y publica un libro donde no para de comentar, entre cómplice y atónito, todo lo que el otro ve durante, pero sobre todo antes y después del sexo motelero.

3. Podría hacer acá una historia de mis vecinos: una vez tuve un vecino que se mudó y dejó su guitarra olvidada (desde entonces aprendí a tocar); una vez tuve de vecinos a un par de hermanos que tenían una unidad básica justicialista. Cada vez que estaban cerca las elecciones hacían mitines y ponían a full la marcha peronista. Cuando pasaba el periodo electoral se sacaban los disfraces y andaban a los gritos: ella lo acusaba a él de ocupar la casa de familia y le mandaba gente por la madrugada a voltearle la puerta. Una vez tuve de vecino a un jubilado que se la pasaba insultando políticos al televisor y que estaba cada vez más solo, ya no lo visitaba nadie. Mi pareja tiene el karma del vecino gritón: siempre vive cerca de alguno que se la pasa a los gritos y al que le anda mal la puerta. Conozco un grupo de músicos que, para evitar los típicos problemas de músicos con otros vecinos, se mudaron a un edificio musical y fundaron una especie de orquesta secreta: cada uno ensaya su instrumento en su departamento mientras arriba y abajo ensayan otros más. Algún día van a grabarse, algún día harán una obra para el vecindario entero.

4. ¿Qué diferencia hay entre un espía y un vecino?: la respuesta tajante y definitoria a eso se llama Gran Hermano. ¿Qué diferencia hay entre un voyeur y un cronista?: la respuesta (algo incómoda) es la que, escribiendo sobre aquel motelero, encuentra Talese. ¿Qué diferencias hay entre un vecino de departamentos, uno de casa, uno de barrio, uno de villa, uno de country, uno de pensión? ¿Alguien hizo ese recorrido durante su vida entera, por esta ciudad, hasta volverse uno y a la vez otro, y a la vez otro más? ¿En qué vecindad (en vecindad a qué) viven quienes votamos o dejamos de votar? Hay un cuento famoso de Carver sobre unos vecinos que le cuidan la casa a otros y que se dan cuenta que quieren lo que los otros tienen, o que están hartos de su vida, o ambas cosas. Y también está la canción de Charly, la que habla de esa vecindad rival tan (in)propia de estas épocas. Cuando yo era joven y tenía un buen día, volvía caminando a casa, desde cualquier lugar de la ciudad. Elegía un buen disco y lo dejaba loopeado en los auriculares. Creía entonces que un vecindario paradisíaco sería ese: el poder mirar a todas esas personas, todas esas vidas tan particulares. Cuando tenía un mal día, en cambio, escuchaba esos gritos de gol montados en el viento vecindario, como resabios de la última era de cierta masculinidad, y el lento cuchicheo televisivo y el agobiante lamento de las criaturas. Leyendo un hermoso libro de poemas sobre la inundación catastrófica de 2004 en Santa Fe, me acuerdo, entonces, de un último vecindario: ese de diciembre del 2013 en Córdoba, y ese sonido, tenso, de una extraña (y tan profunda) soledad. 

 

 

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