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Lecturas cordobesas, por Ariel Toledo (desde Buenos Aires, especial para HDC)

La narrativa de Perla Suez navega entre lo poético y lo trágico. Surca sin temores ni vacilaciones por paisajes y personajes que lo dan todo.

Y detrás de esa prosa seca pero intensa, conmueve al lector y lo lleva hacia el corazón de cada historia. Y es en El arresto, donde se ve con claridad cuál es ese universo al que Suez ingresa para narrar con una mirada única, lo que pocos saben observar como ella.

Y como en toda historia, existe un punto geográfico que lo inicia todo. Entre Ríos en los primeros años del siglo XX. Aunque uno sospecha que es solo accidental y no la razón que lo desata, que las geografías son aún mucho más profundas, y que las cicatrices que están por venir son las marcas que nos hacen y nos distinguen. Existe una familia, los Finz. Una familia de origen judío que trabaja la tierra y que es el hilo conductor de esta historia, aunque uno sospecha que esta historia y esta familia son solo la parte visible de una tragedia tantas veces silenciada y perdida en la bruma de los recuerdos no deseados.

Y existe una tragedia. La primera de todas ellas como antesala de lo que está por venir. Una madre que ha dado vida y muere quizás como consecuencia de ese milagro tan suyo como de nadie. Y es ahí donde la figura paterna se vuelve gigante. Hay también una voz que nos lleva de la mano, Lucien, el hijo menor de la familia Finz. Que se sabe ahogado en ese pequeño pueblo entrerriano donde vive. Su deseo lo desborda y lo incita a la lejanía. Su deseo tiene nombre de ciudad, Buenos Aires. Y un objetivo claro, la medicina. Existe un amor, claro, pero prohibido que acelera ese destino buscado.

Pero esa metrópoli lejos está de responder al idilio imaginado. Es dura, difícil. Las primeras décadas del nuevo siglo la encuentran convulsionada. Una situación desafortunada lo deja a Lucien frente a la tragedia que modificará su vida para siempre.Villa Clara es el pueblo en el que todo sucede, aunque el texto nos lleve en algún momento a una Buenos Aires cruda y reacia con el ajeno. El espacio que lo abarca todo en presencia e incluso en ausencia sigue siendo ese pueblo entrerriano que le da inicio a la historia. Un horizonte cercano que parece no tener demasiado por decir, y que sin embargo es testigo privilegiado del nacimiento de la tragedia.

La prosa de Perla Suez trabaja de forma minuciosa la palabra, cuida las formas del relato. Obliga a la lectura reflexiva, a la pausa constante para meditar lo leído. Sumerge al lector en un universo poético del que uno desea formar parte. Teje las palabras como una digna artesana del decir. Vuelve las voces elementos significantes de un rompecabezas, y transforma esas mismas voces en los pilares desde donde se construye todo. Narrar y edificar una trama sin fisuras es parte de un proceso meditado y sabido de antemano. Nada parece ser casual en la narrativa de Suez. Existe un porque más allá de la historia que nos cuenta. Y es ahí donde se vislumbra el pulso literario, la maestría en el manejo del idioma y del concepto creativo. Entonces uno comprende que en ese desandar de palabras existe algo más detrás de todo lo que uno ve. Algo que flota de forma permanente, algo que no es mencionado, pero que vibra y late en la profundidad del texto, algo que se intuye intenso, algo que se nos vuelve propio y nos involucra.

Se descubre, en esta magnífica novela, como en toda la producción literaria de Suez, un manifiesto cuidado de la lengua. Una búsqueda constante y minuciosa de la palabra adecuada.Pero no es solo eso. La edificación del carácter es parte de la dinámica propia de un universo personalísimo que Suez sabe llevar adelante.

Se respira a lo largo del texto un aire de nostalgia, una extrañeza que flota de manera permanente y nos habla de los tiempos, nos conmueve y nos arrastra. Y es por esto que la historia de lo trágico nace de lo profundo, porque en su andar respiramos su esencia y la volvemos propia, porque como un secreto a voces podemos palpar lo irremediable de la existencia.Y hay algo visible pero silencioso que se constituye como elemento sustancial de lo narrativo. Los lazos de sangre, la familia. Los vínculos que ante la eventualidad sostienen y representan. Que se vuelve anhelo en las distancias, y se consolida sin más, como el único lugar al que de cualquier forma hay que regresar.

Suez construye una novela bellísima que habla de nosotros, de quienes fuimos, de quienes somos, de la posibilidad de la historia como elemento propio. Con un andar pausado pero constante, nos lleva con El arresto, a caminar a través de una pequeña historia que resulta ser mucho más que eso.  

 

 

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