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Mié, Enero 2018 08:22 AM

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Recorridos literarios, por Eduardo Bechara Navratilova (especial para HDC)

Después de recorrer casi la totalidad del Cono Sur, he llegado a la conclusión de que la poesía se escribe de forma conjunta

Siete años ya, como una suerte de exhalación, han transcurrido, desde que Eduardo Bechara Baracat y yo salimos de la escuela de arte Martín Santiago, en Deán Funes, Córdoba, Argentina: ese día primaveral de 2010, cruzamos la Plaza Sarmiento, entramos a “La ideal”, y se nos ocurrió la idea de qué lindo sería hacer un viaje por América del Sur en busca de poetas, para darles reconocimiento, así fuera sentándose con ellos y diciéndoles: “Léeme un poema”.

Casi cinco años han transcurrido desde que tomé el avión Bogotá–Buenos Aires, en enero de 2013, me reuní con el poeta colombiano Fredy Yezzed y la poeta bonaerense Viviana Abnur, fuimos al “Café Británico”, en Parque Lezama, y ella me puso en contacto con Anahí Lazzaroni en Ushuaia, Niní Bernardello en Río Grande y “Macky” Corbalán en Neuquén. Era el inicio del proyecto “En busca de poetas”, una iniciativa independiente que pretendía desarrollar un viaje desde Ushuaia (el punto extremo sur) hasta el Cabo de la Vela, Guajira, Colombia (punto más al norte de Sudamérica), con el objeto de hacer una antología de poetas inéditos.

¿Qué pasó por el camino? Esa historia sacada de una ficción enrevesada fue tomando forma a medida en que me fui reuniendo con los poetas: Anahí comentó que en Río Grande, aparte de Niní Bernardello, debía verme con Julio Leite. Julio a su vez me llevó a Alejandro Pinto. Alejandro a Lucas Tolaba, Priscila Vallone y Daniel Layseca. El mismo Julio me tendió un puente hacia Bruno Di Benedetto en Puerto Madryn, Raúl Mansilla en Neuquén y Maritza Kuzanovic en Río Gallegos. Crucé el estrecho de Magallanes, me encontré con ella y estuvimos toda la tarde escribiéndole a más de 30 poetas de la Patagonia. La propia Maritza sugirió que zigzagueara la Patagonia, fuera de la costa a la cordillera, de nuevo a la costa y después a la cordillera. 

Empecé a pasar de la mano de un poeta a otro y a otro, en un gran tejido de poetas que me fue llevando a conocer a los poetas más reconocidos de la Patagonia. Esos poetas más reconocidos me fueron llevando a los inéditos con mayor oficio, y fue así como, en casa de Carlos Pérez y María José Roccato en Puerto Madryn, en una comida donde también estaban los poetas Ariel William, el “Chino” Huayquilaf y Washington Berón, me dijeron: “Ya que estás haciendo un proyecto que es inédito, por qué estás dejando por fuera lugares tan importantes como Chile, cuna de grandes poetas; y Uruguay, un país eminentemente de poetas mujeres; y en ese mismo orden de ideas, por qué dejas por fuera a Paraguay, a Bolivia y a Venezuela... Tendrías que lanzarte a hacer todo el continente”. 

Al día siguiente me levanté abatido. Había creado un Frankenstein que venía a sacarme los ojos. Concluí que debía asumir mi invención, poner en pausa el viejo sueño de irme a vivir a República Checa (el país de mi madre), quitarle el estrés del tiempo y trazar una nueva ruta tentativa, que pasara por los nueve países de habla hispana. El cambio suponía incluir a los poetas publicados. Me fui dando cuenta que muchos de ellos eran los que más reconocimiento necesitaban (no eran leídos más allá de sus  confines), y el proyecto debía hacer antologías por países y regiones. 

A hoy, diciembre de 2017, aparte de zigzaguear la Patagonia, recorrí Chile del sur al centro, hice la búsqueda por el centro de Argentina, el Atlántico argentino, Buenos Aires, Uruguay, la Mesopotamia argentina, Paraguay, el litoral argentino, y me encuentro en el lugar donde se gestó la idea del proyecto: Córdoba. Estar acá implica cerrar un círculo, volver a una segunda casa para golpear las puertas de los poetas que en ese entonces teníamos cerca, pero a los que tanto nos costó llegar. 

Por la cercanía con Eduardo, y también porque los cordobeses son unas de las personas más simpáticas del mundo, me siento feliz de estar acá. A la fecha me he visto con poetas como Lily Chávez, Ángela Acero (colombiana residente aquí), Ricardo Gutiérrez, Renata Díaz, Griselda Gómez, Tina Elorriaga, Leonor Mauvecin, Cristina Ramb, Sonia Ravinovich, Andrea Guiu, Guillermo Bawden, Mariela Laudecina, Paulina Cruzeño, Lucas Tejerina, Cristian Hertel, Pablo Nicolás Carrizo, Hernán Jaeggi, Jorge Carranza, Diego Monsalvo, Rodolfo Schmidt, Alexis Comamala, Stella Maris Darraidou, Cristina de la Concha (mexicana residente aquí), Luciana Bedini, Eloísa Oliva, Leandro Calle, Sebastián Maturano, Leticia Ressia, Ceferino Lisboa, Claudia Huergo, Carlos Schilling, Nelson Specchia, César Vargas, Juan Manuel Stahli, Julio Castellanos, Marcela Rosales, Juana Luján, Elena Anníbali, Pablo Anadón y Hugo Rivella.

Me gusta reunirme con los inéditos, los poetas publicados y los de mayor trayectoria, ya que juntos conforman la poesía del lugar. Después de recorrer casi la totalidad del Cono Sur, he llegado a la conclusión de que la poesía se escribe de forma conjunta, y los poemas de unos y otros poetas generan un coro entre todos. Estamos lejos de la imagen del poeta solitario que se encerraba en su biblioteca a escribir su obra de espaldas a los demás.

Viajaré de regreso a Colombia a pasar las fiestas, a principios de 2018 presentaremos “Breve tratado del viento sur – Antología poética de la Patagonia argentina”, primera antología del proyecto, haremos una gira de presentaciones por Argentina y seguiré con la búsqueda en dirección a Bolivia. 

Falta mucho aún, pero suena casi fantástico haber llegado hasta aquí.

 

 

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