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Sáb, Enero 2018 04:02 AM

Noticias de opinión

Opinión, por Federico Tolchisnky (especial para HDC)

Al final llegamos al cierre de año en condiciones de brindar con tranquilidad. Y de recibir el 2018 con una medida razonable de optimismo

En las semanas previas hubo suspenso, zozobra. La cosa pintaba inquietante. La coalición, para algunos llamativa, del kirchnerismo, la izquierda "picapedrera" y Sergio Massa (y... ¡De la Sota!) amenazaba con repetir su éxito de la semana anterior para bloquear el funcionamiento institucional. No lo logró. Prevaleció la cordura. 

El consenso labrado por la administración nacional, ni bien salió energizada de las elecciones de medio término, con los gobiernos de 23 de los 24 distritos del país, alcanzó el estatus de ley. Afortunadamente. Ese consenso incluye el tan mentado cambio en la fórmula para definir las actualizaciones de los haberes de los jubilados nacionales y otros beneficios. 

La vieja fórmula había sido ideada en tiempos de inflación creciente y adulteración estadística, de mentira de Estado; y según las proyecciones más confiables se encaminaba a provocar un insostenible ensanchamiento del ya gigantesco rojo fiscal a partir del año que viene. Esa vieja fórmula había perdido su razón de ser. Reemplazarla, ahora que el índice de inflación recobra su capacidad para transmitir información veraz, era lo más lógico. 

El show de violencia montado en los alrededores del Congreso por algunos cientos (o miles, da igual) de activistas fue impactante. Pero no demasiado novedoso. Incluso considerando el arma artesanal empuñada por el dirigente de la izquierda Sebastián Romero. Morteros como el suyo son regularmente empleados en manifestaciones en Córdoba, generalmente de corporaciones estatales con exagerada fama de "combativas", como Luz y Fuerza y el Suoem. 

(Entre paréntesis: ¡qué bizarro lo de los gremios estatales de Córdoba que pararon y marcharon con esta excusa, cuando su sistema jubilatorio es otro!)

Lo novedoso, en todo caso, fue la determinación de los responsables de hacer funcionar las instituciones, que esta vez no se dejaron amedrentar. El Congreso no llegó a ser clausurado por el puñado de forajidos que intentó asaltarlo. Hubo quórum, sesión, gritos, chamuyos, cartelitos, una cacerola y un poco más de rating que en otras ocasiones. No mucho más. 

Los que quisieron votar a favor fueron más que los que rechazaron la reforma. Simple. Su voluntad es la que habrá que acatar en tanto ninguna autoridad competente en la Justicia determine otra cosa.   

Ahora sí, superado el desafío planteado por el, en apariencia, incompatible bloque kirchnerista / troskista / delasotista, están dadas las condiciones para brindar con una cuota de confianza en las posibilidades de desarrollo del país. Una confianza impensable hace apenas 26 meses. 

Los progresos que viene dando la Argentina para salir del populismo no son desdeñables. ¡Salud!

 

 

 

 

 

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