Salud: degradación inaceptable

Gabinete nacional, por José E. Ortega y Santiago Espósito, docentes UNC (Especial para HDC)

El Presidente se iluminó el fin de semana. Quizá su equipo arrimó entre el sábado y el domingo, la gran novedad. –Señor, nos equivocamos hasta ahora, pero así somos, humanos, tangibles. Eran muchos ministerios: nos lo mostró la crisis de la lira turca. Vamos que se puede. Y entonces, entre otros, el Ministerio de Salud pasó a constituirse en una secretaría dependiente de la cartera de Desarrollo Social.

¿Cuál es el efecto de la racionalización implementada? Se ahorran algunos sueldos -dicen-, o quizá sólo la diferencia entre jerarquías recortadas. Otros indican, inflando el pecho: es una “señal”. ¿A quién? ¿Para qué? No falta el que afirma: se gana en coordinación, centralización, articulación -palabrita que se escucha tanto en la Caba-, o eficiencia.

Aldo Neri, ex ministro de Alfonsín, halla el enlace funcional y razonable. Revalorizado el de Chascomús, sus espadas, entre ellas el mencionado, cobraron prestigio en el mundo universitario y mediático. Aunque dejando a salvo el heroico tránsito por la transición democrática que lideró don Raúl, tomando algunos indicadores de aquella gestión tan difícil, y en particular, el insustancial paso de Neri por el ente encargado de trasladar la capital a Viedma, no parece sencillo confiarle al hombre el manejo, siquiera, de un nosocomio de mediana complejidad. Su comparación entre esta realidad y la de 1983, con otro contexto constitucional, socioeconómico y demográfico, y muy diferentes expectativas ciudadanas, no resiste análisis.

¿Qué hacía el Ministerio de Salud, hasta el domingo? En los últimos tiempos, poco. Hace décadas que no maneja hospitales, pero logró en la década pasada, en particular tras el desplome de 2001, impulsar una profunda reorganización del sistema de salud argentino. Implementó un plan federal liderado por un profesional competente -Ginés González García-, quien en la presidencia de Eduardo Duhalde pensó, propuso concertó y ejecutó propuestas sencillas, relevantes y coherentes, que gradualmente sacaron a millones de personas de la más gravosa emergencia sanitaria -y se afirmaron como política pública, seguida por el propio García en tiempos de Néstor Kirchner y tras la defección de Graciela Ocaña, eyectada por sus limitaciones para el rubro, continuadas por un discípulo suyo, Juan Manzur; acompañado por muchos e importantes ministros de salud provinciales, que aportaron densidad al programa.

Pero aunque ya no tenga centros de salud a su cargo -salvo el Posadas que parcialmente está bajo su jurisdicción, y los hospitales escuela financiados con presupuesto educativo por integrar las Universidades Nacionales-, la cartera nacional de Salud posee innumerables programas vitales relativos a la asistencia integral, como el Sumar que beneficia integralmente a millones de personas desde la gestación, o a enorme cantidad de patologías particulares, transmisibles o no transmisibles, que se ejecutan por sí o mediante convenios con las provincias. Coordina además al Consejo Federal de Salud (Cofesa), organismo central para la adopción y ejecución de políticas públicas sanitarias en el que participan el titular nacional, y los responsables de todas las jurisdicciones provinciales. Y ese contexto institucional, lo hace pilar insustituible del gobierno de la salud pública de todos los argentinos. Dotado de adecuada jerarquía para apuntalar las políticas a seguir. Debería contar con agilidad administrativa para no dilatar las tramitaciones; pero ahora se sumarán pasos, que a su vez tardarán en acoplarse. ¿Cuánto llevará implementar la fusión de carteras dispuesta el lunes? ¿Cómo se viabilizará la adaptación de todas sus estructuras al nuevo corsé y laberinto burocrático? Por otra parte, ¿Cuánto le llevará a las provincias acomodar sus ligazones institucionales a una estructura ahora subordinada? ¿Cuánto le cuesta al país este esfuerzo, que quizá en un año y poco vuelva a reformularse si otra ley de ministerios dispone lo contrario?

En nuestro paso por el Cofesa conocimos a un señor simpático y distinguido, el doctor Jorge Lemus, de quien se comentaba un determinante acierto profesional: destrabó de la garganta presidencial un bigotón postizo que el ingeniero Macri ingirió en ejercicio de imitar al señor Farrokh Bulsara. Su bajo perfil -generalmente tenían voz en las reuniones sus funcionarios, que parecían estar al día de la agenda ministerial- no le impidió asumir el ministerio nacional. Se fue pronto, habiendo anunciado un programa de cobertura universal iniciado en una modesta localidad mendocina (sin datos a hoy sobre su efectividad) y dejando cifras alarmantes, como los 826 casos de dengue en 2016. Fue reemplazado por el doctor Adolfo Rubinstein, quien ratificó anuncios, pero quedó expuesto por su ineficiencia: según datos de 2018, la partida prevista para la Cobertura Universal de Salud (medicamentos), fue ejecutada este año en un 14 por ciento; el Plan de lucha contra el Sida, en un 35,92 por ciento (renunció su director); el de Salud Sexual y Procreación Responsable, el 31,72 por ciento (uno puede entender su rotundo fracaso en la defensa en el Congreso del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, con semejantes datos); el programa de fortalecimiento de la capacidad del sistema público de salud, en un 5,14 por ciento; la investigación y prevención de enfermedades tropicales y subtropicales, un 4,28 por ciento. Podríamos seguir, pero es suficiente.

Seguimos pensando ¿Quién coordinará el Cofesa? Un secretario que tendrá que decir, al terminar la reunión: -Gracias, elevaré todo a la señora ministra y ella decidirá (con lo que existe una diferencia de entidad entre el coordinador y el resto de los integrantes, titulares plenos de su cartera); o una ministra sin conocimiento específico, que quizá como hacía Graciela Ocaña, tenga al lado un traductor al que poco y nada le entendía. En cualquier caso, y por muchas razones, esta degradación es inaceptable. Si esto es una “señal”, más bien parece una bengala irresoluta, fatua, y estéril. Extraviada en una noche interminable.

20 Septiembre 2018
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