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Vie, Agosto 2017 11:25 AM
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Noticias de opinión

Judiciales, por Alejandro Zeverín (Especial para HDC) La referencia a la Armada Brancaleone viene a cuento porque se parece a nuestra realidad sobre prevención y represión de la corrupción, narcotráfico, violencia generalizada, seguridad, en definitiva, lo que es tragicómico.

No es arriesgado aseverar que estamos en Argentina llegando a lo que criminológicamente se denomina un “Estado fallido”, que se ccaracteriza por un fracaso social, político y económico, rasgos que percibimos sobre nuestro Gobierno, tan débil o ineficaz que lo lleva a tener poco control sobre vastas regiones de su territorio, que no provee, ni puede proveer, servicios básicos; que presenta altos bolsones de corrupción, de criminalidad, con ineficacia judicial notoria.

Nuestra clase política mayoritaria eso no lo nota (y si lo hace, lo oculta, porque se sabe responsable del desaguisado). Nadie se hace cargo de la pesada mochila que supimos conseguir sus víctimas, los ciudadanos. En 200 años no pudimos golpear seriamente a la desigualdad para hacerla tolerable; grieta, la verdadera, que nos lastima y nos agrede, de allí la madre de todos nuestros males.

Acá no hay grieta política, ni relato: hay opiniones distintas y modos de banalizar literariamente formas de hacer política, o aprovecharse de ella, esos conceptos han sido las engañifas que los medios dominantes (antes los oficialistas, ahora los paraoficialistas) han instalado. En verdad, la discusión debió ser otra: cuál es la forma que debemos encontrar los argentinos para reducir la desigualdad a cifras soportables, al igual que la inseguridad, el tráfico y consumo de drogas, la corrupción y la violencia, lacras que son sus hijas.

En ese orden de ideas, entonces, nuestra “clase política” resulta un pool de facinerosos que con el desastre lucra. No es catastrófico (ni “destituyente”, nuevo término impuesto  de respuesta política ante la crítica de falencias del sistema), alertar que nuestro Estado se encamina a ser uno “fallido”, porque ahondando decimos que es una idea contemporánea que da cuenta básicamente de la problemática, deficiencias e imposibilidad de ciertos Estados para responder a las diversas demandas que hacen sus ciudadanos. Los analistas Herman y Rartner así calificaron al fenómeno, que se da cuando un Estado llega a ser incapaz de mantenerse como un miembro de la comunidad internacional, porque al poner en peligro a sus ciudadanos amenaza también a sus Estados vecinos, aumenta el flujo de refugiados, la inestabilidad política, los conflictos, revoluciones y demás. Un ejemplo en la consumación de verdaderos estados fallidos: Siria, Irak, otrora Serbia, Croacia y, sin ir tan lejos, México (que paró su camino hacia ese Estado  cuando advirtió que había sido copado por el “narco” y decidió enfrentarlo con una política de shock); antes Colombia, así como hoy se discute a la hermana Venezuela. 

Se le sumaron otras teorías al concepto de “Estado fallido” usado en ámbitos académicos. Los economistas no dudan en considerar el ingreso per cápita, la inflación, la tasa de desempleo, o el índice de desarrollo humano, como indicadores críticos que pueden originar o aumentar la falla estatal. Aunque en los diversos enfoques la teoría de la falla sin duda ha de considerarse de manera conjunta, para no caer en razonamientos unidimensionales que no abarquen las dinámicas del objeto de estudio (en este caso, el Estado), ya que tanto las lógicas políticas, económicas, internacionales, jurídicas, sociales y culturales conducen a explicar la emergencia de “Estados fallidos”. Argentina en su situación actual se acerca a la definición de Pere Vilanova: “el nexo común es el concepto de Estado vinculado a alguna anomalía: sistemas políticos que, o bien son formalmente Estados pero no consiguen desarrollar con estándares de normalidad las funciones propias de tal condición, ni hacia dentro (soberanía interna) ni hacia afuera (en relación al concepto de Estado soberano en el plano internacional” (“La teoría del Estado fallido”, en Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 2008).

La triste conclusión nos lleva a sentir que el Estado argentino y los estados provinciales no han evaluado que deben definir políticas de consenso social y ejecutarlas, si es necesario con modalidad de shock, porque si así no lo hacen deberán asumir los costos. El inmovilismo que lucen hasta ahora los pone en rumbo de colisión, entre resultado de gestión y lo prometido a la gente cuando los votó.

“Silencio. Soy el jefe y me deben obediencia y sumisión. Nuestro camino será cubierto de sudor, lágrimas y sangre. ¿Están listos? ¡Respondan! (Todos). Tá... Tendremos castillos, riquezas y mujeres de grandes pechos. ¡Taccone, levante las banderas! No tengo. Está bien, levántelas bien alto. De ustedes cinco haré… Somos cuatro. Ah. De ustedes cuatro haré un ejército veloz e intrépido. ¡Avanti, mis héroes! ¿Adónde va ese idiota? (chiflido) ¡Eh! Es por acááá… Ah, sí. ¡¡Branca, Branca!! (Todos) ¡¡León, León, León!!  (De “La Armada Brancaleone” (1966); dirigida por Mario Monicelli. El estrafalario caballero Brancaleone (Vittorio Gassman), en búsqueda de un tesoro, arenga a su insólita tropa.

Abogado penalista.

 

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