La urgencia de volver a poner una cultura de la paz en el centro (3)

Assisi 2020 | Por Nelson Specchia

Pasar a la acción

Así como había desarrollado los “cuatro pilares” de su plan de recentralización del concepto de la cultura de la paz durante 2018, en 2019 el papa Bergoglio dio un paso más, intentando ofrecer sugerencias y lineamientos sobre un plan de acción, de acciones concretas.

Así, el 7 de enero de 2019, en el mismo escenario, el de mayor exposición mundial, ante los representantes de la totalidad de los gobiernos acreditados en Roma, Francisco presentó los puntos centrales de lo que llama los “cuatro primados para la paz”: 1) las acciones en justicia y derecho; 2) las acciones de defensa de los más débiles; 3) la creación de puentes; y 4) las acciones de desarme.

“El primer elemento de contacto que quisiera evocar es el primado de la justicia y del derecho -dice el papa-. En nuestra época, suscita preocupación el resurgir de la tendencia a hacer prevalecer y a perseguir los intereses de cada nación sin recurrir a los instrumentos que el derecho internacional prevé para resolver tales controversias y asegurar el respeto de la justicia, también a través de los Tribunales internacionales. Dicha actitud es a veces fruto de la reacción de los que han sido llamados a la responsabilidad de gobernar ante el acentuado malestar que está creciendo cada vez más entre los ciudadanos de muchos países, los cuales perciben las dinámicas y las reglas que gobiernan la comunidad internacional como lentas, abstractas y, también, lejanas a sus necesidades reales. Es oportuno que los políticos escuchen la voz de sus pueblos y busquen soluciones concretas para favorecer el bien mayor. Eso exige, sin embargo, el respeto del derecho y de la justicia, tanto dentro de la comunidad nacional como internacional”.

Muchas analistas han querido ver aquí una referencia directa al “lawfare”, la utilización del aparato judicial del Estado para perseguir a dirigentes opositores, o a ex mandatarios. El juicio a Lula da Silva en Brasil, y las diversas causas contra Cristina Fernández de Kirchner, en la Argentina, han estado en el centro de atención de Bergoglio. Inclusive, ha llegado a convocar a una reunión de jueces y magistrados en el Vaticano para analizar vías de recursos directos para el combate del “lawfare”.

Luego, el papa vuelve a relacionar el mensaje a los embajadores con su programa para la paz, que utiliza la Jornada Mundial de cada año para socializar a nivel global: “Propuse dedicar la 52º Jornada Mundial de la Paz al tema: La buena política está al servicio de la paz, porque hay una íntima relación entre la buena política y la pacífica convivencia entre pueblos y naciones. La paz no es nunca un bien parcial, sino que abraza a todo el género humano.”

“El segundo elemento -dice luego- es la defensa de los débiles. La comunidad internacional con sus organizaciones está llamada a dar voz a quienes no tienen voz.” Y aquí el papa introduce el tema del diálogo entre las confesiones como requisito de la paz política: Iré, dice, “a dos países de mayoría musulmana, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos. Serán dos importantes ocasiones para acrecentar aún más el diálogo interreligioso y el entendimiento mutuo entre los fieles de ambas religiones, en el octavo centenario del histórico encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kamil.” Estuve con él justamente cuando había vuelto de Marruecos, en abril de este año, y estaba sinceramente contento, porque había encontrado comunidades, agrupaciones y organizaciones no gubernamentales en Marruecos que, coincidentes con sus objetivos, se alinearon al programa papal de recentralización de la agenda de paz por la vía del diálogo.

El “pilar” siguiente, deben ser los migrantes: “Entre los débiles de nuestro tiempo que la comunidad internacional está llamada a defender están también los migrantes y los refugiados. Es necesario asegurar que las personas no se vean obligadas a dejar sus familias y naciones, o que puedan regresar de manera segura, siendo respetada su dignidad y derechos humanos. Todo ser humano anhela una vida mejor y más feliz, y no se puede resolver el desafío de la migración con la lógica de la violencia y del descarte, ni con soluciones parciales.”

“Creo que no es posible dar soluciones parciales a una cuestión tan universal. Las emergencias recientes han demostrado que se necesita una respuesta común, coordinada por todos los países, sin prevenciones y respetando todas las instancias legítimas, tanto de los Estados como de los migrantes y refugiados.”

El tercer pilar es ser puentes constructores de paz: “Hay que apreciar en muchos Estados el aumento de la coexistencia pacífica entre creyentes de diferentes religiones y la animación de iniciativas solidarias conjuntas. Además, la implementación de políticas inclusivas y el progreso de los procesos democráticos están dando resultados efectivos en muchas regiones para combatir la pobreza absoluta y promover la justicia social. Por lo tanto, el apoyo de la comunidad internacional es aún más urgente para favorecer el desarrollo de infraestructuras, la construcción de perspectivas para las generaciones más jóvenes y la emancipación de las clases más débiles.”

Y, por último, trae a colación e incluye en su programa uno de los elementos que fueron centrales para el desarrollo de los paradigmas securatistas anteriores, entre fines del siglo XX y principios del siglo XXI: el desarme. “Quisiera recordar un cuarto aspecto de la diplomacia multilateral, que nos invita a repensar nuestro destino común. Es triste constatar cómo el mercado de armas no solo no se detiene, sino que hay una tendencia cada vez más generalizada a armarse, tanto por parte de personas individuales como de los estados. Causa preocupación especialmente que el desarme nuclear, tan deseado y perseguido en parte en las décadas pasadas, esté ahora dando paso a armas nuevas, cada vez más sofisticadas y destructivas. Quiero aquí reiterar que no podemos no sentir un vivo sentido de inquietud si consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se derivan de cualquier uso de las armas nucleares. Las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por las fuerzas militares, por las intimidaciones recíprocas, por la ostentación de los arsenales bélicos. Las armas de destrucción masiva, en particular las atómicas, no generan otra cosa que un engañoso sentido de seguridad y no pueden constituir la base de la pacífica convivencia entre los miembros de la familia humana, que debe sin embargo inspirarse por una ética de solidaridad.”

“Repensar nuestro destino común en el contexto actual significa repensar además la relación con nuestro planeta” -concluye el papa, en este documento firmado el mismo año en que iba a convocar, en el Vaticano, a un Sínodo Amazónico-. En este 2019 “las poblaciones de varias regiones del continente americano y el sudeste asiático han sufrido duramente indescriptibles dificultades y sufrimientos, causados por aluviones, inundaciones, incendios, terremotos y sequías. Por lo tanto, las cuestiones ambientales y el cambio climático son algunos de los temas en los que se hace particularmente urgente encontrar un acuerdo por parte de la comunidad internacional.”

(continúa en la edición de viernes)

 
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