La urgencia de volver a poner una cultura de la paz en el centro (4)

Assisi 2020| Por Nelson Specchia

En los frentes de batalla

Este desarrollo de un programa concreto de acciones por la paz del papa Bergoglio -o lo que también podríamos denominar, en términos eclesiales, su “pastoral de paz”- no se limita a los mensajes diplomáticos ni al ámbito, ciertamente reservado y protegido, de los muros vaticanos. El papa Francisco sale a las fronteras, a los márgenes, y repite allí las mismas ideas.

Así, lo ha hecho repetidamente en América latina; específicamente en Nicaragua; en Cuba; como piloto de tormentas en Venezuela; con el pedido de perdón a los gitanos en Rumania; con los migrantes musulmanes sirios en la isla griega de Lesbos; y un largo etcétera. La más reciente de estas “pastorales de paz”, donde el paradigma se pone a prueba en el terreno, lo ha hecho en su 31° viaje apostólico, a Mozambique, el 5 de septiembre de 2019.

Y Mozambique no es un lugar cualquiera: aún están abiertas las heridas, en varias generaciones, de la sangrienta guerra civil que costó más de un millón de muertos en la antigua colonia portuguesa del África oriental. Allí, entre los sobrevivientes, el papa destacó el compromiso “por una cultura de paz”, que “requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada”. Tiene autoridad para recordárselo a estas jóvenes generaciones, porque el camino de la paz en este país rico del África negra se inició con el Acuerdo General de 1992, firmado en Roma con los auspicios del Vaticano.  

Por último, luego de haber mostrado cómo el papa estructura su programa para “recentralizar” la paz desde las acciones de política internacional de su pontificado, es necesario mirar el fondo desde donde esas acciones surgen. Y, en el caso de Jorge Mario Bergoglio, ese fondo es la promoción de la “cultura del encuentro”, contra y frente la “cultura del fragmento”.

Francisco sostiene que con el final del milenio también se relacionó al fin de un paradigma de las relaciones internacionales, y a este con una crisis cultural, una crisis de valores. O sea, una crisis que “toca el núcleo de lo humano, en cuanto persona, en cuanto sociedad”. Esa crisis cultural que nos golpea está caracterizada por 1) un mesianismo profano, porque se confunden las estructuras sociales con el ethos, el núcleo duro que da forma a un pueblo y a su manera de ser, de vivir y de morir; 2) un relativismo donde todo es opinable y calculable; 3) un desarraigo y desamparo, empujado por el afán desmedido de autonomía de la modernidad; 4) el predominio absoluto y excluyendo de una razón cuantitativa; 5) cierto nihilismo que desmerece las particularidades; 6) una caricaturización de la verdad; 7) un deísmo diluido, que es en realidad una reducción espiritualista y fundamentalista; y 8) un nominalismo que lleva al vaciamiento de las palabras.

Frente a esta caracterización de un tiempo dividido, fragmentado, desintegrado, resentido e individualista, Bergoglio insta a construir y remarcar una “cultura del encuentro”.

Y llena de contenidos ese concepto, afirmando que un modo de ser que recentre la integración, las historias compartidas y tienda a fortalecer los vínculos debería contener: 1) un realismo “encarnado”, hecho carne, que se inspire en los rostros sufrientes, de los más vulnerables; 2) en una memoria “integradora”, del pueblo, de la nación, de la historia, de un relato común que arraigue y unifique; 3) de un universalismo integrador de las diferencias: “En lugar de ser átomos que sólo adquieren sentido en el todo, debemos integrarnos en una nueva organicidad vital de orden superior que asuma lo nuestro, pero sin anularlo. Nos incorporamos en armonía, sin renunciar a lo nuestro, a algo que nos trasciende”; 4) del diálogo, hay que instaurar un espacio de diálogo que destruya prejuicios y construya en función del compartir. No excluye la confrontación de diversos puntos de vista, sin hacer que las ideas se manejen como armas, sino como luz. No resignemos nuestras ideas, utopías, propiedades ni derechos, sino renunciemos solamente a la pretensión de que sean únicos o absolutos; 5) Espacios de encuentro: comunitarios, vecinales, movimientos de ayuda mutua; 6) Para aquellos que creen, una vivencia religiosa comprometida, personal y social, porque lo religioso, dice Francisco, es una fuerza creativa al interior de la vida de la humanidad, de su historia, y dinamizadora de cada existencia que se abre a dicha experiencia. En nombre de la neutralidad no puede amputarse una dimensión esencial para la formación de la convivencia social.

Con estas características, una “cultura del encuentro” puede esperar que ponga a las personas en el centro, y no a las estructuras y a los programas. Y a éstos en función de aquellas, y no a la inversa. Ese encuentro que está en el centro es el que llevará a una auténtica “cultura de la paz” que, para el papa, supone orientarse por cuatro criterios: el todo es superior a la parte; el tiempo es superior al espacio; la realidad es superior a la idea; la unidad es superior al conflicto

Resumiendo, la política internacional y la “pastoral de la paz” llevada adelante por el papa Francisco supone entrar en la experiencia del otro, captarla desde dentro mediante la comprensión y la empatía: meterse en su historia, hacerse historia con su historia, ver el mundo como lo ve el otro, plantearse sus cuestiones, comprender qué significa para el otro ser musulmán, o judío, o cristiano, o budista, o nada.

Encontrarse es disfrutar -con conciencia de que lo estamos haciendo, de que estamos disfrutando- del hecho de estar juntos. Porque la cultura del encuentro produce una complementariedad de las tradiciones incompletas, y, por ello, una transformación mutua. La “cultura del encuentro” destruye los prejuicios, por eso no busca la conversión del interlocutor: el auténtico diálogo se hace desde la identidad y profundiza la identidad. La profundidad y autenticidad del encuentro, así, permitirá a los diferentes encontrarse, sin miedo, sin sentirse amenazados y en paz.

Estos artículos son extractos de la conferencia dictada por el profesor Nelson Specchia en la Cátedra Abierta Derecho a la paz y convivencia en la diversidad, de la Universidad Provincial de Córdoba, en la serie de eventos preparatorios de la reunión “Economy for Francesco”, que se desarrollará en Asís, Italia, entre el 26 y el 28 de marzo de 2020.

 
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