Somos ancestras. Mujeres de la postmenopausia

Historias de una mujer que envejece

Deconstruir, relativizar, cuestionar, reconstruir. Se trata de palabras, verbos muy en boga por estos tiempos. Reconozco que ayudaron y ayudan a cuestionar mis creencias, mis antiguas formas de proceder, y hasta me impulsaron a reinventarme.

Sin embargo, no logro amigarme del todo con ellos. Desandar tantos años de vida y de prácticas requiere de una permanente capacidad de adaptación que -por momentos- me agota.

Advierto lo anterior para humanizar mi postura. Para dar cuenta de los grises, y sobre todo, destacar que no hay “color de rosa”. Revisar mi historia, hoy, revisarme como mujer vieja en la postmenopausia es -también- mirar a mis ancestras. Es hablar de las mujeres de mi linaje y de los mandatos institucionalizados por el árbol familiar.

“Ancestras” es una palabra que no existe en el diccionario de la Real Academia Española. Existe “Ancestros” en masculino. “Podemos decir entonces que el lenguaje impide nombrar a las mujeres como símbolos de saberes y valores historizantes en la trama social”. Así lo destacan quienes le dieron vida a un proyecto que posibilita el encuentro circular de mujeres, en su mayoría mujeres viejas: Ancestras, en femenino.

En algún punto, Ancestras le dio voz a mi silencio que ardía internamente; a palabras que no tuvieron la suficiente valentía para brotar en la singularidad, pero que emergieron en una comunidad circular. Ancestras es un programa intergeneracional de mujeres impulsado por la Universidad Nacional Tres de Febrero. Ancestras facilita la puesta en práctica de los verbos: deconstruir, relativizar, cuestionar y reconstruir. Nos permite a las mujeres más viejas comulgar con el feminismo aun cuando a muchas viejas nos cuesta reconocernos como tales, y sobre todo, nos permite dimensionar nuestro protagonismo ancestral, histórico y generacional en temáticas, espacios y discursos que, a simple vista, parecen pertenecerles sólo a las mujeres más jóvenes.

“Las jóvenes sesentistas son las adultas mayores de hoy que trazaron su trayectoria luchando por liberarse de los mandatos sobre sus cuerpos y sus vidas. La menopausia, el nido vacío, el duelo frente a las transformaciones corporales, la soledad o la viudez fueron los temas preferidos en la gerontología social en relación a las mujeres. Temas que servían para legitimar un modelo de familia, de modos deseables de realización de las mujeres y de reproducción de un modelo binario de sexo/género que reasignaba los sentidos de lo femenino a las prácticas de cuidado, (…) el mundo privado como espacio de realización personal y la posesión de unos atributos emocionales afectivos distintivos”. Así lo expresó claramente el gerontólogo José Yuni en el prólogo del libro “La gerontología será feminista” cuyas compiladoras son las investigadoras y gerontólogas, Paula Danel y Mónica Navarro.

Intuyo que debemos revisar colectivamente los lugares románticos y comunes que ocupamos las mujeres durante mucho tiempo. Debemos ampliar el universo de lo femenino, recuperando el legado, de nosotras, las mujeres mayores y permitiéndonos volver a mirarnos. Encontrémonos para hilar saberes, cuerpos y nuestros territorios atravesados por la memoria. “La edad constituye un eje de análisis que nos permite penetrar a fondo sobre la autonomía de los cuerpos”. Ancestras pretende incorporar a las mayores en el linaje de género. Nos promueve encontrar a nuestras ancestras y celebrar.

En cualquier espacio, en cualquier provincia, en cualquier país puede existir un círculo de Ancestras. ¿Cuándo comenzás el tuyo?

 
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