Bolsonaro: entre Bush y Trump

Política internacional | Por Gonzalo Fiore

Así como Silvio Berlusconi, ex primer ministro italiano, prefiguró a toda la corriente populista europea actual, fue George W. Bush, presidente entre el año 2000 y 2008, quien se adelantó a la ola de conservadurismo religioso que tiene en Jair Bolsonaro a su máximo representante latinoamericano. Bush, un cristiano renacido, echó por tierra a quienes aseguraban que la religión ya no tenía nada que hacer en la esfera política pública. Las críticas de Bush al gobierno de Trump parecen haberlo convertido en una especie de personaje simpático para algunos sectores. Pero, si bien muchos hoy parecen olvidarlo, el ex presidente republicano fue el máximo responsable político de dos guerras en Medio Oriente cuyas consecuencias aún se sufren hasta el día de hoy. Tanto la invasión a Afganistán luego de los atentados del once de septiembre como la guerra de Irak –donde el gobierno estadounidense mintió aduciendo que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva-, desestabilizaron el escenario regional propiciando el surgimiento de grupos extremistas como el Estado Islámico.

Bush es parte de una línea de oposición muy dura para con el gobierno norteamericano actual y especialmente con la figura del presidente Donald Trump. A pesar de que ambos fueron electos por el Partido Republicano. En las primarias del Grand Ol’ Party, el actual presidente hizo gala de su particular estilo siendo especialmente despectivo para con el hermano de George, Jeb, uno de sus contrincantes, ex gobernador del Estado de Florida. Los Bush son parte de una especie de aristocracia política al estilo de los Kennedy. George padre fue director de la CIA antes de ser vicepresidente de Ronald Reagan y posteriormente presidente. Por lo que la irrupción del magnate neoyorquino, un personaje totalmente ajeno a la tradicional elite política estadounidense, no fue vista por buenos ojos por la familia, que apoyó a Hillary Clinton en las últimas elecciones. Por primera vez en la historia moderna del país, no existe una relación cordial ni siquiera para las cámaras entre los ex presidentes, incluso entre los del mismo partido.

Cuando Bush padre falleció el pasado diciembre, Trump, contrario a lo que muchos pensaban, asistió al funeral. Se produjo así una especie de tregua simbólica temporal entre los ex mandatarios. Los saludos entre el presidente número 41, los Obama y los Clinton fueron incómodos; tan solo una semana antes el republicano había tuiteado una foto trucada que mostraba a Obama y Hillary Clinton presos. Además, Trump se muestra crítico con la participación de los Estados Unidos en guerras en el extranjero. En los últimos tiempos contradijo a sus funcionarios, los halcones Mike Pompeo y John Bolton, respecto de una posible guerra con Irán. Bush responde a otro sector de poder, más ligado al complejo industrial militar, que el del actual presidente. No es casualidad que durante su mandato se produjeran dos guerras, las cuáles no fueron terminadas por su sucesor Demócrata, Barack Obama, cuya Secretaria de Estado era Hillary Clinton.

Si bien Jair Bolsonaro y Donald Trump han demostrado cierta sintonía, especialmente respecto de Venezuela, y a primera vista podrían compartir varios puntos en común, con quien realmente podría identificarse al brasileño es con Bush. Trump ha venido demostrando preferir concentrarse en su política puertas adentro. Hasta ahora ha cumplido con sus promesas de “América First”: ha retirado a las tropas estadounidenses de Siria y Afganistán, prefirió sentarse a conversar con Kim Jong-Un antes que enfrascarse en una guerra de consecuencias imprevisibles con Corea del Norte, y ha dejado terminantemente en claro que un conflicto militar con Irán no es posible. A pesar de algunos alardes discursivos, por ahora, rechazó la opción de la intervención militar abierta en Venezuela. A su vez contradijo al mismo Pompeo sobre la actuación de Rusia en el país latinoamericano tras charlar con su homologo Vladimir Putin sobre el tema. No es casual que el único enfrentamiento real en la que el gobierno norteamericano se ha visto enfrascado en los últimos años es en la guerra comercial con China. La economía es una preocupación central de la Administración Trump y el presidente basará en ella la centralidad de su estrategia reeleccionista de cara a las elecciones presidenciales del 2020.

En el gobierno brasileño, por ahora, viene primando la postura neoliberal del ministro de Economía Paulo Guedes y del mismo Bolsonaro. Lejos parecen las recetas económicas proteccionistas que tanto entusiasmaron a la burguesía paulista y a parte del sector militar del gobierno, encabezado por el vicepresidente Hamilton Mourau. El presidente del gigante sudamericano se parece a su homologo estadounidense sólo en su discurso anti minorías LGBTIQ+, en sus políticas anti inmigratorias o en su retorica “populista”. Sin embargo, comparte con el antecesor de este, George Bush, mucho más. El rol central del evangelismo en su campaña, su tendencia liberal en lo económico, y ciertas intenciones intervencionistas en otros países de la región. También tienen en común su pronunciada impopularidad al comienzo de su mandato. Quizás, al igual que su admirado George W. Bush, Jair Mesias también logre sortear esto y reelegirse. Por ahora, Bolsonaro parece en muchos aspectos, extremadamente más peligroso para América latina que el mismo Trump.

23 Mayo 2019
Whatsapp
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar