Rodrigo Duterte y lo inverosímil

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Que un hombre como Rodrigo Duterte pudiera ganar elecciones democráticas de manera aplastante hace 10 años era inverosímil. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas votó para llevar adelante una investigación sobre la situación actual en Filipinas. El país ha sido foco en los últimos años debido a las numerosas violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno, electo democráticamente dos veces y con una imagen positiva superior al 70%. La votación, impulsada por Islandia, contó con la abstención de Brasil, y los votos contrarios de India, China, Cuba, Egipto, Eritrea, Barhein, Hungría, Arabia Saudita, Camerún o Etiopia, entre otros.

Cuando Jair Bolsonaro adquirió notoriedad mundial, no fueron pocos quienes lo compararon al filipino, que ha dicho cosas como “que se jodan los derechos humanos”, al mismo tiempo que se ufana de “asesinar delincuentes, narcotraficantes y drogadictos”. Su estilo no está exento de comparaciones con el de Trump, Salvini, o su amigo Viktor Orban.

Duterte anunció el año pasado su intención de “institucionalizar” a los grupos paramilitares que, según su gobierno, “combaten” al narcotráfico. Su milicia se llamará “Escuadrón de la Muerte de Duterte”, y tendrá como objetivo “erradicar delincuentes, narcotraficantes, drogadictos, y revolucionarios”. El presidente asegura que de esta manera podrá traer paz a Filipinas, un país con la tasa de homicidios más alta del sudeste asiático, que llegó a contar con 12.500 homicidios en 2015. Tras la llegada al poder de Duterte, el índice de delitos cayó hasta un 21%, lo cual explica su inmensa popularidad en amplios sectores.

Durante la campaña que lo llevó a la presidencia, en 2016, llegó a decir: “Olviden las leyes sobre derechos humanos, si soy elegido presidente, haré lo mismo que cuando fui alcalde. Es mejor que los traficantes, los ladrones armados y los vagabundos se vayan porque voy a matarlos”.

Haciendo gala de su discurso nacionalista proclive a los ataques fáciles, Duterte apuntó duramente contra Islandia. Un país con una de las tasas de delincuencia más bajas del mundo. “¿Cuál es el problema de Islandia? Mucho hielo es su problema: tienen demasiado hielo y no está claro cuando están de día y cuándo de noche allí. Es como de día y de noche por la noche, así que puedes entender por qué no hay crimen, tampoco hay policía y ellos sólo se dedican a comer hielo”. El presidente ha dejado en claro que tomará la decisión de investigar de Naciones Unidas como una injerencia en los asuntos internos del Estado. La Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, declaró que la cifra de muertes a causa de ejecuciones extrajudiciales registradas en el país es de 5.425. Lo que se traduce en una media de 27 ejecuciones diarias. Curiosamente, el representante chileno se abstuvo en la votación, siguiendo a su par brasileño.

El filipino es uno de los representantes más duros de la creciente tendencia autoritaria a nivel mundial. Su discurso, si bien mucho más excesivo y sin ningún dejo de nada que se asemeje a la corrección política, tiene muchos puntos en común con el húngaro Orban, con Bolsonaro, el italiano Salvini, Vladimir Putin, o el mismo Donald Trump, con quien ha mostrado tener muy buena sintonía. Recientemente, en una de sus declaraciones delirantes, el filipino le pidió a su par estadounidense “bombardear China” para “terminar” con la guerra comercial y las tensiones en el Mar de la China Meridional. Seis países mantienen una disputa territorial allí, entre los que se encuentran China, Filipinas, Malasia, Brunei, Indonesia y Vietnam. China nunca le dio entidad a los reclamos filipinos en la zona. A su vez, criticó al gobierno de Estados Unidos, dejando entrever que no ayudarían a Filipinas en caso de conflicto con el gigante asiático.

Duterte es un abogado que, antes de consagrarse presidente en 2016, fue alcalde de la ciudad de Davao. Conocida como la “capital de los homicidios”, implementó una política de mano dura que según los organismos de derechos humanos llevó a 1400 asesinados entre 1988 y 2016. Entre sus promesas de campaña más polémicas se encontraba el regreso de la ejecución por la horca, abolida desde 2006, para “vengarse contra los criminales”. En lo que respecta a política económica, su gobierno ha tomado medidas de distinto tinte más o menos popular. Beneficiado por un boom económico que llevó a la economía a crecer a un 6% durante su primer mandato, el presidente ha buscado terminar con contratos precarios de trabajo para evitar la flexibilización laboral, además de haber comenzado con un ambicioso plan de cobertura de salud total para la población, especialmente para aquellos de más bajos recursos. Su reforma fiscal le permitió recaudar 19% más al Estado con respecto a otros mandatos, dinero que se dirigió mayormente a programas sociales y a construcción de importantes obras de infraestructura.

Cuando gobernaba Silvio Berlusconi, con su discurso chabacano parecía que el italiano había traspasado la línea. No obstante, fue tan sólo un antecedente en versión “light” de lo que vendría después. El liderazgo autocrático del filipino no es un hecho aislado dentro del panorama internacional de los últimos años. Sin embargo, Duterte ha ido un paso más allá al vanagloriarse de asesinar gente sin juicio previo, apelando a los más bajos instintos de la sociedad. El presidente es simplemente un emergente de algo que sucede no sólo en Filipinas sino en todo el mundo. Debería servir de advertencia que los extremismos llegan hasta donde se les permite hacerlo. Las varas sociales pueden correrse, haciendo posible lo que en algún momento parecía completamente inverosímil.

18 Julio 2019
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