El odio como motor de la política

Mondo Cane | Gonzalo Fiore

En lo que fue una de las masacres más grandes de la historia reciente, un joven estadounidense de veintiún años inició un tiroteo en un centro comercial ubicado en la ciudad fronteriza de El Paso, en el Estado de Texas. El resultado fueron veinte muertos y veintisiete heridos, algunos de ellos de gravedad. El atacante fue detenido, y si bien las autoridades policiales aún no revelaron su identidad, según lo que ha informado el gobernador adjunto del Estado, Dan Patrick, a la cadena Fox News, ha sido identificado como Patrick Wood Crusius. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, ya confirmó la existencia de siete heridos nacionales de aquel país. A su vez, el presidente Lopéz Obrador aseguró que hay seis mexicanos entre los muertos. Los graves sucesos del pasado sábado, además de pasar a las crónicas policiales de un país acostumbrado a este tipo de hechos, son una muestra más del odio y el rechazo a los migrantes provenientes de economías más pobres o en conflicto. El Paso es la ciudad estadounidense fronteriza más próxima con México, por lo que la problemática migratoria la toca más de cerca que a ninguna otra del país.

En el caso de los Estados Unidos, esto se suma al maltrato que sufren los migrantes centroamericanos en los centros de detención ubicados en la frontera. Los centros de detenciones de migrantes allí han estado en la agenda mediática internacional debido a sus lamentables condiciones higiénicas, con brotes de enfermedades y denuncias de hacinamiento. En caso de encontrarse viajando con menores, se los separa de sus familias. En junio último Trump se vanaglorió en Twitter de que la Patrulla Fronteriza detuvo ese mes al “mayor grupo de extranjeros ilegales de todos los tiempos”. Según los datos oficiales de las autoridades migratorias estadounidenses, fueron detenidas 1045 personas. Tan solo en mayo pasado, la Patrulla Fronteriza aprehendió a 132.887, de los cuales 82.542 eran unidades familiares completas. En lo que va de 2019, ya fueron detenidos más de 500.000 migrantes, entre ellos más de 200.000 menores. Trump ya amenazó a su par mexicano López Obrador con sanciones económicas si no detenía el flujo de migrantes provenientes de países centroamericanos como El Salvador, Honduras o Guatemala antes de que llegaran a El Paso.

Donald Trump condenó los crímenes en sus redes sociales, que por ahora están siendo investigados como “crimen de odio” y “terrorismo doméstico”. El homicida múltiple es un hombre blanco de veintiún años que escribió un manifiesto de cuatro páginas con el título de “Probablemente voy a morir hoy”. Si bien todavía no se conoce su contenido completo, en sus redes sociales solía escribir fervientes diatribas a favor del mismo Trump. Según publica The New York Times, el texto, entre otras cosas, decía que los hispanos “tomaron el control del gobierno local y estatal de mi amado Texas” al mismo tiempo que se refería a que “la abundante población hispana de Texas nos convertirá en un bastión de los demócratas”. El Estado sureño es un histórico “Red State”, donde suelen ganar de manera contundente los republicanos. De hecho, dos ex presidentes del Grand Old Party como George Bush padre e hijo, son texanos. El 37,6% de los habitantes de Houston, actualmente, son de procedencia latina, mientras que Dallas cuenta con el 28% y San Antonio con el 54%.

La agenda del control de armas tiene un fuerte rechazo entre los texanos. Desde 1995, existe una ley en Texas que permite a los habitantes portar armas ocultas. Según encuestas realizadas en los últimos años, la mayoría de los estudiantes universitarios, los pastores, los políticos y hasta los maestros se dirigen armados a sus lugares tanto de trabajo como de ocio. Cuando en 2017, un tiroteo en una Iglesia Bautista terminó con la vida de veintiséis feligreses, la respuesta de los republicanos fue pedirles a las personas que comiencen a asistir armados a sus iglesias los domingos. En aquel entonces, el perpetrador, había comprado las armas utilizadas en la masacre en una tienda deportiva. El acceso a las armas de fuego en el Estado es sumamente fácil y prácticamente el único requisito exigido es ser ciudadano estadounidense residente allí.

Desde 1949 hasta la fecha, cuatro de los diez tiroteos más sangrientos de la historia estadunidense se produjeron en Texas. Entre ellos, la muerte de diez estudiantes en una secundaria en 2018. En la capital del Estado, Dallas, fue asesinado John F. Kennedy en 1963. El rechazo al presidente era tan grande en Texas en la época de las luchas por los derechos civiles de las minorías afroamericanas, que fue recibido por manifestantes con banderas estadounidenses volteadas, al mismo tiempo que en muchos hogares flameaban los emblemas confederados. Tres años después, se produjo el primer tiroteo masivo en la Universidad del Estado, donde fueron asesinados dieciocho estudiantes. Tanto la cultura política texana como su historia están plagadas de hechos violentos. Por ello, no es difícil inferir que la masacre del pasado sábado no es más que un síntoma de algo mucho mayor. Mientras que en otros tiempos las minorías atacadas fueron los afroamericanos, hoy son los migrantes provenientes de los países con más pobreza del continente. En ambos casos tienen en común que subyace el odio como motor de la política.

08 Agosto 2019
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