El último fracaso de Cambiemos

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

Mauricio Macri es el primer presidente elegido por el pueblo que no proviene del radicalismo ni del peronismo, desde la aparición de esta fuerza política. Atento a ello, su llegada a la Presidencia de la Nación, el 10 de diciembre de 2015, fue un hecho institucional muy destacado para la historia argentina.

Además, lo hizo encabezando una alianza electoral con la Unión Cívica Radical (UCR) como principal aliado y sostén territorial. Luego, a partir de una sumatoria de promesas de campaña que se repitieron durante los dos primeros años de su gestión a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, las expectativas de cambio fueron enormes.

Lamentablemente para el país, la gestión presidencial de Mauricio Macri ha fracasado política y económicamente. A estos dos fracasos que son públicos y notorios, se suma un tercero: el fracaso ideológico. A diferencia de aquellos, la traición a la propia ideología es irreversible, el inicio del fin.

El primer fracaso del presidente Macri fue político. Cambiemos nunca fue una coalición de gobierno porque los ideólogos del macrismo, con Marcos Peña a la cabeza, desprecian a los radicales y a los peronistas por igual. Según ellos, todos los males argentinos son la consecuencia de las políticas populistas que pusieron en marcha el peronismo y el radicalismo desde mediados del siglo 20.

De acuerdo con este infundado punto de vista, su llegada al poder serviría para terminar con los 70 años de decadencia del país e iniciar un proceso de cambio sin antecedentes. La clave era, pues, fagocitar al radicalismo y terminar con el peronismo, en particular, con su última versión en el poder: el kirchnerismo.

Pues bien, a pocos meses de las elecciones presidenciales, los radicales se replantean la continuidad en la alianza y, según las encuestas disponibles, Cristina Fernández de Kirchner puede derrotar a Mauricio Macri en una eventual segunda vuelta. Ambas probabilidades, juntas o separadas, demuestran que Cambiemos fracasó políticamente.

Desde lo económico, no hay indicadores que permitan sostener alguna mejora. Los ejemplos son evidentes. Macri dijo muchas veces que la inflación no sería un problema para su gobierno, que habría inversiones y crecimiento, que no habría ajustes ni tarifazos, que la pobreza disminuiría y que por eso quería ser evaluado.

Los datos de la economía están a la vista y sus consecuencias sociales son tremendas, en particular para los que tienen menos recursos. La realidad demuestra que Cambiemos también fracasó económicamente. No supo resolver los problemas heredados y, además, creó otros que agravaron la situación existente.

El fracaso ideológico
A los fracasos político y económico, se ha sumado el fracaso ideológico. Cambiemos fue, desde el inicio, un gobierno neoliberal y anti-populista. Sus dichos y también sus hechos lo han manifestado, una y mil veces. Las principales decisiones y acciones de la gestión macrista han tenido esa orientación.

Como hemos sostenido varias veces a través de esta columna de opinión, todas las ideologías, tanto las políticas como las económicas, tienen aspectos positivos y negativos, que se ponen de manifiesto a la hora de pasar de la teoría a la práctica. Así, ser neoliberal o ser populista no es bueno ni malo en sí mismo.

Hay gobiernos neoliberales que han sido más “progresistas” que los denominados populistas y hay gobiernos populistas que han sido más “conservadores” que lo denominados neoliberales. No se trata de las ideologías sino de sus aplicaciones, minimizando lo negativo y maximizando lo positivo que, insistimos, todas tienen.

Cambiemos es neoliberal. Superando los apriorismos ideológicos, nada de malo ni de bueno al respecto. La debilidad de Cambiemos no es que adscriba al neoliberalismo sino que es un mal gobierno neoliberal. Sus decisiones y acciones han traído todas las desventajas de ese corte ideológico pero ninguna de las ventajas.

Para colmo de males, ahora, inesperada e inexplicablemente, ha virado a lo peor del populismo. En concreto, la tentativa de congelar algunos precios y algunas tarifas para “aliviar” a los argentinos que sufren las consecuencias de la crisis económica y social, es una mala copia de las peores prácticas populistas.

Nadie ha defendido los anuncios que hicieron los ministros Dante Sica, Nicolás Dujovne y Carolina Stanley. Nada se ha escuchado de Elisa Carrió ni de los radicales que supuestamente reclamaban algunos cambios. Ni el jefe de Gabinete los ha respaldado. Mucho menos el presidente que se fue, otra vez, a descansar (sic).

Ni los macristas ni los aliados que le quedan defienden las medidas, porque no están de acuerdo. Son lo opuesto a lo que piensan y a lo que creen. Van en contra de sus convicciones ideológicas. No son un cambio de rumbo ni una profundización del rumbo. Son una falacia, una falsedad ideológica, un fraude a ellos mismos.

La envergadura de la crisis amerita que el presidente de la Nación se comporte como un líder, que dé la cara y le hable a la gente, en vivo y en directo. Es indigno de su investidura que esconda sus dudas y contradicciones detrás de un video “casero” y mande a sus ministros a tratar de justificar lo que ni ellos acuerdan.

 

 

21 Abril 2019
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