La hipocresía habitó entre nosotros

La Ciudad/ Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

Hipócrita. Esa fue la palabra de Raúl Ricardo Alfonsín para definir a Elisa Carrió. Se lo dijo en el marco de la campaña electoral del año 2007, en la ciudad de Paraná. Vale la pena volver a escuchar ese discurso premonitorio, dicho en pleno auge del kirchnerismo, previo a la llegada de Cristina Fernández al poder.

Se lo recordaron la semana pasada en la Cámara de Diputados de la Nación. En esa sesión, Carrió quiso homenajear a Raúl Alfonsín, con motivo de un nuevo aniversario de su fallecimiento. El mismo Alfonsín a quien, hace poco, endilgó el “golpe civil” que, según su temerario relato, terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa.

Cuando el primer presidente de la democracia recuperada le dijo “hipócrita”, la fundadora de Cambiemos y actual diputada nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, era candidata a la presidencia. Su partido, el ARI, una escisión de la UCR, se había aliado con los socialistas. Otros tiempos.

En aquella campaña, que ganó Cristina Fernández de Kirchner con Julio Cobos como candidato a la vicepresidencia, el líder radical apoyaba a la fórmula de su partido. Paradójicamente, la fórmula de la UCR estaba integrada por Roberto Lavagna (el mismo, sí) y por Gerardo Morales, el radical macrista que hoy gobierna Jujuy.

La semana pasada, Elisa Carrió estuvo de campaña electoral en la provincia de Córdoba, apoyando al candidato de la Casa Rosada, Mario Negri. En Cruz del Eje, ella proclamó: “Gracias a Dios, se murió De la Sota”. Luego agregó: “Lo que todo Córdoba tiene que plantearse hoy, es quién maneja la droga a partir de ahora".

No hay contexto que permita explicarlo ni, mucho menos, justificarlo. Dijo lo que dijo, con el desdén que la caracteriza. Muchos medios de comunicación lo calificaron como “un exabrupto de Lilita”. Otro de los tantos a los que, frecuentemente, apela para ganarse unos minutos en los programas porteños de televisión.

Evidentemente fue una grosería y un desatino. Pero fue mucho peor que otro de sus desplantes y torpezas. Agradecer a Dios la muerte de un ser humano es contrario a la fe católica que Elisa Carrió dice profesar y que solía ostentar tras grandes crucifijos colgados de su cuello. Una afrenta a esa creencia religiosa.

Además, sus dichos fueron una ofensa calumniosa e injuriosa, un insulto a la memoria de un dirigente político que fue tres veces gobernador de esta provincia. Sin más motivo que su lengua larga y maldiciente, Carrió planteó que José Manuel de la Sota manejaba la droga en Córdoba. Una acusación temeraria, imprudente y animosa.

Dime con quién andas

Sin embargo, lo más miserable de su paso por la campaña cordobesa no fue lo que dijo sino la ruin explicación que intentó dar inmediatamente después. Ni bien supo la andanada de reproches provenientes de todo el arco político (menos de Cambiemos), trató de minimizar el impacto negativo mediante un tweet ignominioso.

En ese mensaje en la red social, Carrió escribió: “Las palabras sólo pueden ser entendidas desde lo espiritual”. Nos preguntamos: ¿Cuál es esa dimensión “espiritual” desde la cual deberíamos entender su gratitud a Dios por la muerte de De la Sota? Nos respondemos: es una falacia, ninguna espiritualidad celebra la muerte de otro.

A continuación escribió: “En ningún momento celebré la pérdida del ex gobernador De la Sota. De los que no creen, no puedo hacerme cargo”. Nos preguntamos: ¿Quiénes son “los que no creen” y de los que ella no puede hacerse cargo? No respondemos: es otra falacia, creyentes o no, las personas de buena voluntad celebran la vida.

Para finalizar, escribió: “No quise ofender a nadie y si lo hice mis disculpas más sinceras”. Así, su vanidosa necedad le impidió reconocer la ofensa cometida. De hecho, nunca lo hizo. No dijo “me equivoqué y pido perdón”. Haciendo gala de una notoria doblez, pidió disculpas por si se habían ofendido al malinterpretarla.

Carrió fue grosera y desatinada cuando dijo lo que dijo en Cruz del Eje. Pero, al mismo tiempo, fue sincera y franca. Ese es su pensamiento y su sentimiento. Ella se cree la fiscal de la república, la gran denunciadora de la que José Manuel de la Sota se salvó porque, gracias a su dios (con minúscula), ha muerto.

Su hipocresía se puso en evidencia cuando quiso encubrir sus dichos. En aquel discurso al que nos referimos al inicio, Raúl Alfonsín decía que hipócrita es el que dice lo que no siente. En su arrogante explicación, Carrió trató de encubrir, por Twitter, lo que había afirmado, sin filtros, minutos antes.

Vale destacar el rápido y fuerte repudio de la UCR de Córdoba. Por el contrario, es de lamentar la tardanza y mezquindad de los candidatos de Córdoba Cambia. Un dirigente político con la destacada trayectoria como Mario Negri, iniciado en las filas del alfonsinismo más prístino, debería reconsiderar esta compañía.

 

28 Abril 2019
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