La boleta única no tiene la culpa

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

El domingo que viene, los cordobeses elegiremos gobernador, vice, legisladores provinciales y tribunos de cuentas. Esta será la décima elección consecutiva, desde la recuperación de la democracia representativa aquel 10 de diciembre de 1983. Un antecedente que debe ser destacado como una parte de la consolidación democrática.

El gobernador Juan Schiaretti se postula para continuar el mandato iniciado el 10 de diciembre de 2015. No es una novedad ni una excepción. En realidad, todos nuestros gobernadores lo han hecho, sin distinción partidaria. Eduardo César Angeloz en 1987 y 1991, Ramón Bautista Mestre en 1999 y José Manuel de la Sota en 2003.

La campaña provincial ha girado alrededor de la figura del actual mandatario. Obviamente, la estrategia electoral de Hacemos por Córdoba la ha puesto en el centro de la escena. Un acierto, sin dudas, considerando la alta imagen positiva que muestran las encuestas, tanto de la persona como de la gestión del gobernador.

A partir de obras emblemáticas y, también, de un amplio conjunto de programas sociales de alto impacto, la campaña de esa fuerza política ha sido la propia de un oficialismo “exitoso”, en términos de aceptación ciudadana. Lejos de esconder los 20 años a cargo del poder ejecutivo, se han mostrado los logros como una continuación. 

A partir de esa estrategia electoral tan simple como efectiva, la campaña del oficialismo ha sido planificada y, sobre esa base, implementada con esmero y prolijidad. La inversión publicitaria ha sido muy importante, sobre todo si se suman las publicidades de la campaña y del gobierno que marcharon complementariamente.

De esa manera, todos los candidatos de Hacemos por Córdoba son, desde un punto de vista comunicacional, “los candidatos de Juan”. Desde los legisladores provinciales hasta los candidatos a cargos municipales o comunales, incluyendo, por supuesto, a los candidatos de la ciudad capital, con Martín Llaryora a la cabeza.

Sin dudas, el objetivo de la campaña oficialista es que los electores voten la “lista completa”. No hay secretos escondidos ni mensajes subliminales. La propuesta de un trabajo “en equipo” entre las autoridades provinciales y municipales puede ser muy atractiva para los cordobeses capitalinos y eso es lo que se propone.

La aceptación ciudadana al gobernador y a su gestión es una fortaleza que la campaña de Hacemos por Córdoba ha tratado de aprovechar al máximo. Las propuestas han sido relacionadas con la continuidad de lo hecho, esquivando debates o polémicas. El 12 de mayo sabremos su alcance para arrastrar a sus candidatos. 

Las debilidades propias 

Por su parte, después de la desaparición de Cambiemos, ninguna de las listas emergentes (Córdoba Cambia y Unión Cívica Radical) ha podido trasmitir una propuesta que supere la crítica. Sus candidatos han ratificado la pertenencia a Cambiemos pero ninguno nombra a su líder, el Presidente de la Nación, Mauricio Macri.

Los efectos del apoyo de Elisa Carrió a la campaña de Mario Negri han sido negativos. Sus repudiables dichos respecto a la muerte de José Manuel de la Sota, en Cruz del Eje, y su andanada de acusaciones y profecías temerarias, en Río Cuarto, ensuciaron innecesariamente la buena campaña que venía haciendo su apoyado. 

El diseño gráfico de la boleta única favorece la estrategia electoral de Hacemos por Córdoba. Propios y extraños lo reconocen. La cara del candidato a gobernador puesta en la columna que corresponde a la “lista completa” es una ventaja para los demás candidatos que acompañan a Schiaretti.

Ahora bien, esa ventaja no se debe a una trampa de la boleta única. Se debe a que el candidato a gobernador de Hacemos por Córdoba arrastra para arriba a los otros candidatos, provinciales y municipales. No sucede lo mismo con los candidatos de Córdoba Cambia, Mario Negri, ni de la Unión Cívica Radical, Ramón Mestre.

Como se puede inferir de las encuestas disponibles, el problema de Luis Juez y de Rodrigo De Loredo no es el diseño de la boleta única sino que sus respectivos candidatos a la gobernación provincial los arrastran para abajo. Si fuera al revés, los beneficiaría y, obviamente, no se quejarían.

Vale aclarar que el inevitable arrastre (para arriba o para abajo) del voto a gobernador respecto al voto a intendente es la consecuencia directa e inmediata de la simultaneidad de las elecciones. Si las elecciones provinciales y las municipales no fueran el mismo día, el arrastre sería imposible.

La simultaneidad de ambas elecciones fue una decisión del Intendente Mestre y no del gobernador Schiaretti. Una decisión tomada en el marco de la alianza Cambiemos, es decir, con la participación de Mario Negri y de Luis Juez. La división vino después y las consecuencias se pagan ahora.

Culpar a la boleta única de las debilidades propias es una irresponsabilidad política. Quejarse porque los otros aprovechan sus fortalezas es otra debilidad. Finalmente, la denuncia de una avalancha de votos nulos es una muestra de menosprecio a los electores que saben lo que quieren y lo que no quieren.

05 Mayo 2019
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