La ciudad que viene

La Ciudad / Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

 

Han pasado apenas dos semanas, desde las elecciones del domingo 12 de mayo. Aquel día, los cordobeses elegimos gobernador, vice y 70 legisladores provinciales. Los capitalinos también elegimos intendente, vice y 31 concejales municipales. Al día de hoy, el vértigo de la política argentina hace que parezcan dos años.

Aquel domingo, Juan Schiaretti fue reelegido, consagrándose como el gobernador con más apoyo ciudadano en la historia cordobesa. Junto con ese resultado electoral de gran significado político, se dio otro no menos importante. Martín Llaryora fue elegido intendente de la capital provincial, secundado por Daniel Passerini.

La elección de los candidatos de Hacemos por Córdoba marca un antes y un después en el devenir institucional de la capital cordobesa. Por primera vez, desde la recuperación de la democracia representativa en 1983, un intendente justicialista gobernará los destinos de la primera ciudad del interior del país.

Martín Llaryora obtuvo el 40,16 por ciento de los votos. En comparación, casi el mismo porcentaje que la suma del segundo y el tercero. En efecto, los candidatos de Córdoba Cambia, Luis Juez, y de la Unión Cívica Radical, Rodrigo de Loredo, obtuvieron el 21,69 por ciento y el 19,33 por ciento, respectivamente.

Si bien obtuvo menos votos que Juan Schiaretti (48,99 por ciento en la capital provincial), el triunfo de la fórmula Llaryora–Passerini fue claro y contundente. Vale recordar que Ramón Mestre había sido elegido con un 37,5 por ciento, en 2011, y reelegido con un 32,4 por ciento, en 2015.

Los resultados del pasado 12 de mayo evidenciaron un rechazo a la actual gestión municipal. Como candidato a gobernador, Ramón Mestre obtuvo un 8,93 por ciento en la ciudad que gobierna hace más de siete años y medio. Menos que los obtenidos en la provincia (11,62 por ciento) y menos que los sacados por su candidato a sucederlo.

Las razones de ese rechazo son varias. Entre ellas, debe mencionarse la ausencia de un equipo de gestión. Para gobernar una urbe compleja y complicada como Córdoba, hacen falta funcionarios con los conocimientos necesarios y las experiencias suficientes. Sin un equipo competente, todo es imprevisión e improvisación.

La gestión mestrista nunca pudo definir una visión de ciudad a mediano y largo plazo. Sin participación en su diseño y sin verdaderos indicadores de gestión y resultados, el tan promocionado “plan de metas” fue un fracaso. Los discursos a favor de un “gobierno abierto” se quedaron en eso, discursos.

Una muy larga transición

La transición entre la gestión del actual intendente y la del intendente electo será la más larga desde la recuperación de la democracia. Concretamente, 212 días separan al 12 de mayo del 10 de diciembre de este año. Casi siete meses, nada menos. Es demasiado tiempo.

La responsabilidad de una transición tan prolongada es del mismo intendente Mestre. Sabiendo que él no podía postularse a la reelección y que, por lo tanto, otro dirigente sería electo el 12 de mayo, fijó esa fecha para las elecciones municipales. Desde esta columna, lo advertimos al conocerse la decisión del jefe comunal.

Cualquiera, menos el jefe comunal saliente, podría quejarse de un período tan extenso entre las pasadas elecciones y la futura asunción de las nuevas autoridades. Motivado por cuestiones electorales, él mismo puso un fin demasiado anticipado a su capacidad real de gestión. Ahora, debe aceptar las consecuencias.

Durante el tiempo que resta, Ramón Mestre debería dedicarse a ordenar las cuentas municipales y, dentro de sus posibilidades, concluir algunas obras y mejorar algunos servicios. No es tiempo de encarar nuevos proyectos. Mucho menos de incorporar personal (contratado o permanente), renegociar contratos o endeudarse.

La campaña electoral ya fue y sus resultados son irreversibles. La obligación principal de la actual gestión municipal es brindar toda la información que requieran las autoridades electas, sin especulaciones ni mezquindades. De esa manera, cumplirá un deber republicano y prestara un gran servicio a la ciudad.

Mientras tanto, el tiempo disponible puede ser aprovechado por los ganadores para planificar la gestión por venir. Es clave que las propuestas hechas durante la campaña electoral, ahora, se conviertan en planes, programas y proyectos a gestionar con objetivos, indicadores y metas a corto, mediano y largo plazo.

Martín Llaryora recibirá una ciudad recargada de necesidades sociales insatisfechas y problemas públicos irresueltos. Las expectativas por su llegada al Palacio 6 de Julio son muchas y diversas. Los que lo votaron y también los que no lo hicieron confían en él como parte del equipo del gobernador Schiaretti.

En ese marco, el primer y principal desafío de la nueva conducción será gestionar esas expectativas ciudadanas. Para que nuestra capital revierta tantos años de decadencia, se requerirá un equipo competente y un amplio diálogo político e intersectorial que busque esa visión de ciudad que perdimos hace 20 años.

26 Mayo 2019
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