El mejor debate de la campaña

La Ciudad Hora Cero | Por J. Emilio Graglia

El candidato a la Presidencia de la Nación por el Frente de Todos, Alberto Fernández, estuvo en Córdoba. Al igual que el candidato de Consenso Federal, Roberto Lavagna. Ambos candidatos (o, mejor dicho, precandidatos hasta las Paso del 11 de agosto), saben que el voto cordobés es clave para ganarle a Mauricio Macri.

De eso se trata la estrategia de los opositores al gobierno nacional de Cambiemos en Córdoba. El objetivo no es ganar la primera vuelta. Aquí, la meta es achicar lo más posible la diferencia a favor del macrismo en la provincia que lo hizo Presidente de los argentinos. De eso dependerá el resultado final.

El paso de Lavagna y de su candidato a la vicepresidencia, Juan Manuel Urtubey, fue casi intrascendente. Lamentablemente, a la luz de todas las encuestas existentes, la tercera vía ha perdido cualquier posibilidad de terciar entre las dos grandes coaliciones que están polarizando al extremo el escenario electoral.

Pocos recuerdan que, en Córdoba, Roberto Lavagna supo ganar las elecciones presidenciales del 28 de octubre de 2007, como candidato de la UCR. Aquel día, Cristina Fernández de Kirchner fue elegida presidenta pero, en esta provincia, fue segunda, seguida por Elisa Carrió (actual aliada al macrismo) y Alberto Rodríguez Saá.  

A diferencia de la insípida presencia de la fórmula Lavagna – Urtubey, la segunda venida de Alberto Fernández, tuvo una llamativa trascendencia política y electoral. El miércoles de la semana pasada había estado reunido con el gobernador de la Provincia de Córdoba, Juan Schiaretti, a solas y sin mayores repercusiones.

Pero, esta vez, se vio a un candidato en campaña, junto con importantes aliados políticos del peronismo cordobés. Entre ellos, resalta el senador nacional Carlos Caserio, presidente del bloque Justicialista de senadores nacionales y presidente alterno del PJ cordobés en tiempos de José Manuel de la Sota y de Juan Schiaretti.

Siguiendo las decisiones del justicialismo de Córdoba y de su indiscutido conductor, el gobernador Schiaretti, los intendentes y legisladores del PJ han ratificado su apoyo a la “boleta corta” que encabeza Carlos Gutiérrez, reelegido legislador provincial el pasado 12 de mayo. No podía ser de otra manera, por supuesto.

Al mismo tiempo y aprovechando la libertad de acción para la campaña presidencial, un importante grupo ha hecho público su respaldo al candidato a la presidencia de su partido político, el justicialismo, en alianza con otras fuerzas del mismo origen (como Unidad Ciudadana y el Frente Renovador). Esa es la novedad.  

 Alberto versus Mario

 Sin embargo, lo más importante de la segunda visita del candidato del Frente de Todos a la Provincia de Córdoba no fueron sus reuniones con actores políticos y sociales. Tampoco los concurridos actos de campaña con sus seguidores. Ni las fotos con aquel grupo de intendentes y legisladores en Carlos Paz o en Villa María.

Inesperadamente, lo más importante de la segunda visita de Alberto Fernández a Córdoba fue el debate político que el candidato presidencial del justicialismo nacional sostuvo con el conductor radial de Cadena 3, Mario Pereyra, en el programa que este dirige. Lejos, el programa más escuchado entre los cordobeses.

Entre ellos no hubo una entrevista periodística. El respetado periodista Miguel Clariá, inicialmente a cargo de la frustrada tarea, lo reconoció implícita y explícitamente. Primero, con su notorio silencio. Luego, con su lacónico cierre al despedir a Fernández: “espero poder entrevistarlo periodísticamente”.

Entre el candidato justicialista y el conductor radial hubo un debate político, el mejor de la campaña electoral. El mismo líder del Programa Juntos admitió que se conducía como un opositor a Alberto Fernández y, en general, a su partido, el justicialismo, al que acusó de haber “robado permanentemente”.

No es corriente que un formador de opinión tenga la honestidad intelectual de reconocer en público su posición política. Él lo hizo sin dobleces ni especulaciones. En un país carcomido por la hipocresía y el cinismo de políticos y periodistas, eso es un ejemplo de respeto a su audiencia y a su interlocutor.

Mario Pereyra es, sin dudas, uno de los más lúcidos defensores de la gestión presidencial de Cambiemos. También es una de los más acérrimos críticos del kirchnerismo y del peronismo. Desde ese rol, le dijo a Alberto Fernández todo lo que cualquier macrista, antikirchnerista o antiperonista le hubiera dicho.

Así, gracias a la franca posición de Mario, Alberto pudo demostrar por qué él es el candidato que puede revertir el fracaso de Mauricio Macri. Sin titubeos, ratificó sus críticas a la gestión de CFK, en particular respecto a Córdoba. A la vez, explicó y justificó su alianza y la de otros que también la criticaron.

Queriendo o sin querer, ambos nos dieron un debate serio entre dos posiciones antagónicas. De frente, con algunas chicanas, pero sin irrespetos personales, como debe ser. El pozo de la grieta no se supera cavando sino tendiendo puentes para cruzarlo. En la rispidez de su discusión, ambos dijeron cosas que el otro debería escuchar.  

21 Julio 2019
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