Se define en primera vuelta

La ciudad - Hora cero | Por J. Emilio Graglia

El día que Cristina Fernández de Kirchner dijo que no sería candidata a la Presidencia de la Nación, el escenario político de la Argentina cambió. Fue el 10 de agosto, hace poco más de tres meses. Fue una bomba política que sorprendió a todos (o casi todos). El primer sorprendido fue el gobierno nacional.

Aquel sábado, mediante un video publicado en sus redes sociales, la expresidenta nominó a Alberto Fernández como su candidato a la Presidencia. Al mismo tiempo, se postuló para secundarlo como candidata a Vicepresidenta. Sin dudas, fue una jugada cargada de audacia. Ayer se vieron los resultados.

Más allá de la crisis, Cristina Fernández sabía o, por lo menos, suponía que era imposible derrotar a Cambiemos sin un frente electoral que incluyera el apoyo de los gobernadores justicialistas y, en el mejor de los casos, la inclusión de Sergio Massa. Sabía también que su candidatura a la Presidencia lo hacía inviable.

Atenta a esas razones, hizo lo que hizo y, ese día, se anticipó un proceso de polarización extrema. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el todopoderoso consultor político del macrismo, Durán Barba, habían pergeñado una estrategia electoral para una polari-zación en el ballottage, olvidando que los otros también juegan.

Hasta entonces, el tándem Marcos Peña – Durán Barba suponía que Cristina Fernández sería la candidata a la presidencia de Unidad Ciudadana, que el Partido Justicialista tendría otro candidato y que Sergio Massa sería el candidato de Alternativa Federal. Se equivocaron en todo, lamentablemente para ellos.

La configuración de la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner dio sus frutos casi de inmediato. Primero se sumaron los gobernadores peronistas, luego el Partido Justicialista y, al final, se sumó el Frente Renovador, de Sergio Massa. Así, en pocos días, hizo añicos la estrategia de la Administración Macri.

Cambiemos demoró pero entendió que el panorama se había modificado radicalmente. Tanto había cambiado que podía perder en primera vuelta. Sin muchas opciones por delante, aceptó el reto y también hizo su jugada. Mauricio Macri eligió como candidato a la Vicepresidencia al peronista Miguel Ángel Pichetto. Fue inútil.

Así las cosas, por la acción de Cristina Fernández y la reacción de Mauricio Macri, en los hechos, las Paso de ayer se convirtieron en la primera vuelta. Por lo tanto, considerando los datos del escrutinio provisorio, es muy probable que todo se defina el 27 de octubre y no haga falta el ballottage del 24 de noviembre.

Castigo electoral

Para ganar en primera vuelta, cualquiera de las dos coaliciones que ayer polarizaron los comicios, debe superar el 45 por ciento de los votos afirmativos. No importa la diferencia sobre el segundo. Es decir, si el 27 de octubre el Frente de Todos, o la alianza Juntos por el Cambio supera ese porcentaje, no habrá ballottage.

Es muy importante entender que se trata del 45 por ciento de los votos afirmativos. A diferencia de los porcentajes obtenidos en las Paso de ayer, el 27 de octubre no se computarán los votos en blancos, nulos o impugnados. Eso deja al candidato del Frente de Todos con muchas probabilidades de ganar en primera vuelta.

Ahora empieza la verdadera campaña electoral. Las Paso de ayer han sido una gran encuesta nacional que define el puesto de largada de cada uno. Desde hoy, Alberto Fernández buscará ese mágico 45 por ciento de los votos afirmativos. También lo hará Mauricio Macri, con menos posibilidades de lograrlo.

Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, candidatos por Consenso Federal, tratarán de retener los votos obtenidos. Una tarea sumamente difícil, por cierto. Mucho más difícil para otras opciones electorales, como las de José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión.

En Córdoba, la diferencia entre Macri y Fernández ha sido mucho menor a la que el mismo Macri obtuvo sobre Daniel Scioli en la primera vuelta del año 2015. El dato es clave, considerando que esta provincia le dio el triunfo al actual presidente en las elecciones pasadas.

La performance de Hacemos por Córdoba ha sido aceptable, si se tiene en cuenta la polarización extrema en torno a dos candidatos presidenciales. Sin dudas, sus candidatos y la estructura partidaria deberán redoblar sus esfuerzos y explicar por qué y cómo cortar la boleta.

La decisión del Gobernador de la Provincia, Juan Schiaretti, de apoyar una boleta propia de candidatos a diputados nacionales y prescindir entre las opciones presidenciales, es irreprochable desde lo institucional. Sin embargo, desde lo político, afrontará las dificultades de un escenario que se polarizará cada vez más.

Nada se ha definido, es cierto. Sin embargo, el alto porcentaje de votos obtenidos por el Frente de Todos y la gran diferencia sobre la alianza Juntos por Cambio configura un escenario casi irreversible. Claramente, ha habido un voto castigo al oficialismo. Ahora, la oposición debe plantear cómo saldrá de la crisis.

12 Agosto 2019
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