La matanza de los inocentes

La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia

Votar, siempre es bueno. El voto es el derecho político más importante que tienen los ciudadanos de una democracia. Es la posibilidad de ratificar o rectificar el rumbo del país, de sus provincias y municipalidades. El ejercicio de ese derecho es un deber cívico que debe asumirse con responsabilidad.

Ya sabemos que con el voto no se come, ni se cura ni se educa. Sin embargo, por medio del voto se elige a quienes deben diseñar y gestionar las políticas públicas para que no haya hambre y para que todos puedan acceder a la educación y la salud, entre otros bienes y servicios que hacen a una vida digna.

Se dice y se repite que 2019 será un “año electoral”. Así es. Pero no es cualquier año electoral. De acuerdo con la reforma constitucional de 1994, cada cuatro años, los argentinos debemos elegir presidente y vice, junto con diputados y senadores nacionales para renovar parcialmente las dos cámaras del Congreso.

A diferencia de las llamadas “elecciones de medio término”, como las que tuvimos el año pasado, en las que vienen elegiremos autoridades ejecutivas. En un país “presidencialista” como el nuestro, estas son las elecciones más importantes, las que marcan un antes y un después o, por lo menos, pueden hacerlo.

En todas las provincias argentinas y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba), elegiremos 130 diputados nacionales. En siete provincias (Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego) y la Caba, también se elegirán 24 senadores nacionales.

También elegiremos autoridades provinciales y municipales, de acuerdo con los diversos sistemas de votación que son posibles gracias a las autonomías consagradas en la Constitución Nacional. De ahí la gran heterogeneidad de calendarios electorales en cada una de las provincias argentinas.

La dirigencia política, de todos los partidos, ha puesto todas sus energías en ese proceso electoral. Los oficialistas tratan de retener el poder y los opositores de ganarlo, como siempre y más allá de los roles de unos y otros. Las encuestas de opinión llueven y los analistas tratan de pronosticar escenarios posibles.

Mientras la política partidaria hace y deshace listas de candidatos a todos los cargos habidos y por haber, más de un millón y medio de niñas, niños y adolescentes pasan hambre en la Argentina. Hablamos de hambre, sin eufemismos, o de “inseguridad alimentaria severa” como se denomina en los informes técnicos que lo reportan.

Hay hambre en la Argentina

De acuerdo con un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA), las niñas, niños y adolescentes que pasan hambre en nuestro país pasó de 9,6 por ciento a 13 por ciento en los últimos doce meses. En números, eso significa un incremento de 1.116.160 a 1.573.000 personas menores de 17 años que no comen lo que deberían comer.

Si ampliamos el foco, las niñas, niños y adolescentes pobres son 6.255.700. Según otro informe de la misma UCA, ese número representa un incremento del 44 por ciento al 51,7 por ciento en el año. Sin dudas, se trata de una gigantesca tragedia nacional.

El gobierno nacional que dirige el presidente de la Nación, Mauricio Macri, seguirá diciendo que la situación económica y social del país se debe a la “herencia recibida” después de 12 años de populismo kirchnerista. Su profusa publicidad oficial seguirá repitiendo que “hace lo que debe hacer”.

Por su parte, los opositores oriundos de las diversas ramas del justicialismo, seguirán debatiendo si deben unirse a Cristina Fernández de Kirchner o separarse definitivamente de ella. En el primer caso, sin beneficio de inventario. En el segundo, a riesgo de no ser una alternativa política con posibilidades reales de competir de cara a las elecciones presidenciales.

El macrismo trata de inflar los pinchados globos de la alegría. Los opositores se ahogan en un mar de desconfianzas y vacilaciones. Al margen de sus agendas, más de seis millones de niñas, niños y adolescentes son pobres y más de un millón y medio pasan hambre.

Esas niñas, niños y adolescentes pobres o hambrientos, no votarán el año que viene. Nada saben sobre las políticas económicas del macrismo o del kirchnerismo. No están de uno u otro lado de la grieta. A ellas y ellos, la grieta se los tragó.

El 28 de diciembre se celebró el “día de los inocentes”. Muchos aprovecharon para hacer bromas a algunos desprevenidos. Para la tradición católica, es una fecha trágica: Herodes, el rey de los judíos en el Imperio Romano, mandó a matar a todas las niñas y niños de Belén y sus alrededores, para matar al Niño Dios.

En la Argentina de hoy, hay una matanza de inocentes. No es para hacer bromas, aunque algunos se hagan los desprevenidos. Hay que detener esta matanza. Por encima de las listas y de los candidatos, de las peleas entre oficialistas y opositores de turno, de los dimes y diretes. Gane quien gane y pierda quien pierda, no puede haber niñas, niños y adolescentes con hambre en la Argentina.

30 Diciembre 2018
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