Política

Sociedad

Información General

Gente

Economía

Columnistas



Deportes

Espectáculos

Columnistas



Cultura

Finanzas

La calle anda diciendo



Kike Ferrari: “En la literatura cuando te equivocas, te golpean”

Entrevista, por Lucas Gatica (Especial para HDC)

En una estación de la Línea B del subterráneo porteño me encuentro con un trabajador. Mameluco azul y escoba en mano, Kike Ferrari tiene la gentileza de charlar con HOY DÍA CÓRDOBA. El día atareado de la city quedó atrás y la magia de esos lugares que siempre están atiborrados de gente y que en un momento se vacían le da un aura distinta al encuentro con este laburante que, además, es escritor.

Kike Ferrari nació en Buenos Aires. Tiene libros publicados en nuestro país y en el exterior. Antes de ser un narrador galardonado, se las rebuscó y anduvo de acá para allá. Por ejemplo, vivió cuatro años en Fort Lauderdale (Estados Unidos) donde trabajó en un restaurante. Se fue, como muchos, por la crisis socioeconómica, volvió deportado y con su primera novela escrita bajo el brazo. Su última novela, “Que de lejos parecen moscas”, fue publicada primero en Italia y recientemente salió en Argentina bajo el sello Alfaguara. Allí Ferrari desmonta las entrañas del poder, el dinero, la impunidad y las drogasa través de un personaje ominoso.

HOY DÍA CÓRDOBA (HDC): Sos escritor pero no vivís de la literatura, por tu recorrido, libros y premios podrías darte el lujo de “vivir” del mundo literario, ¿a qué se debe tu elección de seguir laburando en el subte? ¿Y qué te ofrece/permite una posición como la tuya?
KIKE FERRARI (KF): Si algo me da el trabajar en el subte -o cualquier otro trabajo asalariado- por fuera de la literatura es cierta libertad sobre qué escribir y en qué tiempos escribir y de qué forma escribir. Sin embargo, lo cierto es que yo no puedo darme el lujo de vivir en la literatura y sus alrededores. A mí la literatura todavía no me está dando un dinero que me permita abandonar el trabajo asalariado y cuando ese momento llegue veré y evaluaré qué me da y qué me quita esa posibilidad, pero en este momento yo no puedo vivir de la literatura.


HDC: En tu obra está presente de forma casi permanente la cuestión de la construcción colectiva y social, ¿a qué responde esa obstinación y qué relación guarda con tu historia?
KF: No estoy muy seguro del porqué de mis obsesiones en realidad. Supongo que la construcción colectiva de la propia personalidad y del resto de las construcciones sociales están muy presentes en mi obra porque están muy presentes en mi vida. Me pienso con otros y nos pienso a todos como un colectivo. Supongo que tendrá que ver con eso y con mi idea de que es la única forma en que se puede dar el cambio social, la única forma en la que el ser humano puede sobrevivir y la única forma en la que a mí me interesa vivir, que es rodeado de afecto.

HDC: ¿Cómo llegaste a escribir una novela como “Que de lejos parecen moscas”?
KF: “Que de lejos parecen moscas” se escribió con la aparición de una anécdota, pero también se escribió como se escriben casi todas las novelas, casi todos los textos: con muchos años de lectura, de lectura del género policial, muchos años de estudio de las técnicas, de las herramientas, de los mecanismos del género negro. Y se escribió también con mucho entusiasmo y ganas de aprender. El resto fue la suerte de que la anécdota fuera más bien redonda y de que el personaje quedara bien ajustado. Es una novela con la que quedé muy contento y con la que aprendí un montón.

HDC: Imagino que estás un poco cansado de que se te reconozca por ser el “escritor del subte”. Además de tu uniforme azul y tus libros, te interesa la política y la música. ¿Cómo están presentes en tu obra esas dos dimensiones?
KF: El pensar la política como yo la pienso, en el sentido del cambio social, está presente en todo lo que escribo porque está presente en toda mi vida. Ahora, no hay intención de bajar línea política, no hay intención panfletaria en lo que escribo. Simplemente, es un tema que me interesa mucho, que está muy presente en mi cotidiano. Entonces supongo que filtra en lo que escribo. La música, por otra parte, se encuentra en mi obra en cierto frenesí, en cierta violencia en la elección de los textos, cierta austeridad en la elección del lenguaje que tiene que ver con mis lecturas pero también con la clase de música que me interesa.

HDC: Sos un ejemplo de que para escribir no es necesario tener las 24 horas del día disponibles, ¿cuánto de esfuerzo y de placer, cuánto de talento y necesidad hay en el momento que te sentás a escribir?
KF: No conozco a nadie que tenga las 24 horas para escribir, por lo menos cuando empieza. Y si después tiene las 24 horas para escribir es porque tiene una vida horrible. Al margen de las 36 horas semanales que me saca el trabajo, tengo hijos, voy a la cancha a ver a River, me gusta estar con mis amigos, estoy muy enamorado de mi compañera y con la que me gusta compartir tiempo. Hay un montón de placer en sentarse a escribir y, por supuesto, algo de esfuerzo. Del talento no sé nada, hay mucho trabajo a la hora del sentarse a escribir pero es un trabajo placentero. Hago artes marciales y hay algo de eso. Lo que me apasiona de las artes marciales y de los deportes de contacto es que cuando te equivocas, te golpean. Me parece que algo de eso hay en la literatura: hay mucho placer y el esfuerzo que hay es un esfuerzo relacionado a la mejora de la tarea.

Kike contó hace un tiempo en una entrevista que un día viajando en el subte se cruzó con un lector que lo estaba leyendo. El lector en cuestión resopló y Kike nunca supo si era porque tenía calor, porque no le gustaba lo que leía o por cansancio. Otra de las anécdotas pintorescas de Ferrari y relacionada a esa frontera entre trabajador y escritor, fue cuando desde la Universidad de Georgia le escribieron un correo electrónico haciéndole preguntas sobre su obra. Cinco horas después de ese mensaje, Kike se encontraba “limpiando mierda de cirujas” bajo tierra, cuenta entre carcajadas.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar