2019, un invierno sin la Feria Infantil del Libro de Córdoba

Los más pequeños se quedaron sin una de las principales citas de las vacaciones

Por Leandro Calle

Llega el invierno y a la vuelta de la esquina están las vacaciones. Hace frío. Receso escolar. Padres y madres caen en la cuenta que los chicos se quedan en casa. La pregunta es inevitable: ¿qué hacer con los chicos durante las vacaciones de invierno? Sobre todo para aquellas familias que tienen que seguir trabajando, no queda otro camino que organizar un poco el tiempo. En situaciones de estabilidad económica, quién más quién menos, podía salir un par de días hacia otras latitudes. Los más holgados fuera del país o fuera de la provincia. Con menos recursos, Córdoba ofrece muchísimas posibilidades turísticas principalmente en el valle de Punilla y en Calamuchita. Lamentablemente, vivimos años críticos a nivel económico y social.

Podemos echar la culpa a uno o a otro, podremos elaborar apretadas y bizantinas discusiones acerca del origen, las causas y las razones por las cuales la mayoría de la gente no llega a fin de mes o llega de manera asfixiante. Más allá de las razones, la realidad se impone: la plata no alcanza. Es en estos momentos en los que las actividades culturales gratuitas y de calidad prestan un maravilloso servicio a los ciudadanos de Córdoba.

Durante diez largos años, la ciudad se benefició con la “Feria Infantil del Libro Córdoba”. Llevada adelante por varias instituciones y personalidades del ámbito de la cultura, la Feria Infantil, se desarrolló primeramente en el Paseo del Buen Pastor, y últimamente en el Centro Cultural Córdoba, ambas reparticiones dependientes del gobierno de la provincia.

Diez años conforman ya cierta consolidación, y cualquiera que se acercara a husmear un poco qué pasaba allí, se podía dar cuenta que el servicio cultural que se prestaba a la ciudadanía era de calidad y resolvía de muy buen modo la pregunta enunciada más arriba: ¿qué hacemos con los chicos durante las vacaciones de invierno? Este año 2019, la Feria Infantil del Libro Córdoba no se realizará. ¿Razones? No se han dado, y tampoco se han pedido a través de los medios masivos.

Lo cierto es que padres y madres, habituados durante diez años a contar con un servicio de calidad, gratuito y que realmente enorgullece y merece la ciudad, se encontraron en este crudo invierno con un vacío institucional que no deja de ser llamativo. Claro está que hay muchísimas ofertas para los chicos: títeres, teatro, cuentos; la mayoría de estas propuestas no son gratuitas pero muchas son accesibles. De todos modos, lo que se perdió fue un espacio cultural, un espacio y un tiempo que cobraba significación todos los años y generaba una “cultura” de la cultura.

La cultura suele ser prenda de cambio

Cuesta mucho generar hábitos culturales. Los hábitos se establecen por la sumatoria continua de pequeños momentos. Es la constancia y no el impacto lo que genera cultura. Sin embargo, a nivel político, tanto en el ámbito nacional, provincial, como municipal, el ciudadano asiste generalmente a fenómenos de impacto que generan mucho gasto, fuerte estrépito, pero una vez que suceden el olvido los devora. La cultura no se hace en los cien metros llanos: no es trabajo de “velocistas”, tiene que ver más con un “corredor de fondo”.

Al igual que en la educación, la cultura suele ser prenda de canje en cualquier proceso de gobierno, ¿por qué? Porque en educación y en cultura los frutos se ven a largo plazo, y actualmente las propuestas de las plataformas políticas son mediocremente cortoplacistas.

Un llamado a la reflexión en tiempos de crisis

Repasemos un poco la oferta de aquella Feria Infantil del Libro Córdoba: contaba con tres espectáculos gratuitos diarios. Para cada espectáculo se repartían 200 entradas. ¿Sacó la cuenta?: 600 chicos por día. Los espectáculos consistían en obras de teatro, títeres, canciones, cuentos, narradores orales, mimos, etc. La organización de la Feria Infantil brindaba, a su vez, trabajo a numerosos artistas cordobeses. Es justo decirlo: artistas cordobeses que prestaban, en la mayoría de los casos, un servicio de calidad a cambio de una paga insignificante. Otro aspecto importante de la Feria lo presentaba el conjunto de stands, con una nutrida oferta de literatura infantil.

Al igual que en la “feria grande” siempre se escucharon ruidos y rispideces respecto del precio de los espacios, las ventas, los descuentos. Pero no vamos a detenernos en esa especie de “chusmerío cultural”. Lo importante de la necesidad de estos espacios es la manera sinérgica en que resuelven problemas concretos, y de manera eficaz, al ciudadano cordobés. Entender que durante diez años, bien o mal, el motor cultural activaba un tiempo y un espacio para el usuario, las editoriales, los libreros, los artistas y la comunidad en su conjunto.

Esa sincronía y trabajo mancomunado no se hace de la noche a la mañana. Las políticas culturales son semillas que, una vez plantadas, necesitan de tiempo y de cuidado. Los criterios espasmódicos y sensacionalistas a los que muchas veces asistimos van y vienen, pero no permanecen. Hay una larga lista de “grandes éxitos” que ya nadie recuerda. Sin embargo, cuando el tiempo y el trabajo en conjunto amasa una realidad cultural, aunque no exenta de crisis y problemas, los frutos son como los de un gran árbol que da sombra. Se trata –parafraseando al gran Zitarrosa- de “crecer desde el pie”, y sobre todo no aplastar aquello que viene creciendo. Es tiempo de reflexión en momentos de crisis. Mientras tanto, el frío cala en los huesos, los chicos dan vueltas por la casa y los padres se preguntan: ¿qué hacemos con ellos en estas vacaciones?

17 Julio 2019
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