Música de fondo para una demolición

Cultura | Por José Emilio Ortega

Berlín fue un enclave occidental dentro de la Alemania comunista. El sector bajo dominio de Inglaterra, Estados Unidos y Francia funcionaba como una “ciudad-estado”. Y entre aquel entuerto, al encanto. Bohemia, contradictoria, inestable, la Berlín Occidental atrae. Estaban de moda los films de espionaje, y a ambos lados del muro, las locaciones eran a medida. Pero entre tanta ficción, los berlineses nacidos o asimilados, vivían su propia película. También los muchos que la eligieron como musa.

Los poros físicos fueron taponados. Pero los nenes y nenas que tras la guerra se habían quedado sin casa, fueron creciendo y continuaron mamando de esos vasos comunicantes. Se apropiaron en los 60, como el mundo entero, de contagiosas corrientes de rebeldía. En tanto Berlín se reconstituía; era su formidable genética, que sintetizaba una historia casi impar, comenzada en 1237 y -se presumía- en fase de bisagra hacia un renacimiento.

Crescendo: tristeza-rebeldía-libertad

Sobran investigaciones sobre la música y Berlín. Cierto es que la industria cultural de la inmediata posguerra optó por rodearla de melancolía: ídolos populares como Crosby, Sinatra, la bella Marlene Dietrich, o su heredera, Hildegard Knef; e incluso la Piaf cantaron baladas a la nostalgia.

En la década correcta, la aplanadora rockera llegó con su mensaje a ambos lados del muro. “Puedo hacer que la Tierra se detenga” bramaba Morrison y los adolescentes tomaron nota. En octubre de 1969, el boca a boca sobre un posible concierto de los Stones sobre el muro, congrega a decenas de miles en el lado oriental, batahola incluida: eran nuevos tiempos.

En la década siguiente, el cosmopolitismo berlinés, su marca iconoclasta y los resabios contraculturales absorbidos en largos periodos históricos, sencillamente explotaron. Las vanguardias pop del mundo la eligieron como teatro de operaciones. La ciudad no se quedaba atrás: creaba el “Krautrock” del cual derivan todas las formas de música electrónica. En tanto, Lou Reed (1973), Bowie y su famosa trilogía (entre 1977 y 1979 –hay excelentes documentales-), su socio creativo Brian Eno, Elton John (1985); jóvenes revoltosos como Ramones (1985), Rational Youth (1982) o Depeche Mode se inspiran y se potencian en Alexanderplatz, las puertas de Bradenburgo, las estaciones de tren…

Alemania produce lo suyo: Kraftwerk, Ideal -cuánto le deben Fabi y Los Twist, o los B52’s-, Alphaville, Udo Lindenberg, Nina Hagen Band, Die Toten Hosen, los más pesados Tankard o Scorpions. Hay sutilezas, bronca, talento, revancha, extremismo en el arte de la demolición. Las marcas del muro, son designios. Los gritos ya son explícitos. De nuevo, el movimiento empieza en el Este. Pocos días antes del derrumbe, en Berlín Oriental se reúnen 500.000 personas; muchos protagonistas de la generación siguiente, la más joven.

Pudo ser el rumor de Perestroika, el recuerdo de la fecha de abdicación del Kaiser, los reclamos por abrir las fronteras (Checoslovaquia ya las había liberado), o el repudio a un nuevo aniversario de la sangrienta “noche de cristales rotos” (1938). La suma de todos los acontecimientos, desembocaba en aquel 9-N. Tras el anuncio de liberación de movimientos, los orientales saturaron el costo oriental, pero volvían a casa. La reunificación comenzaba a caminar. Hacía un año que los Scorpions habían estrenado en Moscú “Winds of change” (1988). Mientras muchos se llevaban un pedazo de muro a la casa como recuerdo, los U-2 se instalan en la ciudad y regalan otra banda de sonido: Achtung Baby (1991).

Los contribuyentes se quejan por el déficit, pero Berlín va. Agujereada, se nutrió de parques, mechados de edificios públicos, nuevos o antiguos, increíbles. Muchos monumentos fueron reconstruidos, hasta el Palacio Imperial, que será un gran museo. La atractiva Friedrichstrasse no se priva, siquiera, de las Galerías Lafayette. El Distrito el Arte regala selecto aunque accesible material; también muestra en sus paredes, impresionantes heridas de bala que nunca serán retocadas. La Torre de Comunicación lo vigila todo. El bulevar Unter der Linden une y afirma las vivencias. La noche, es otro pasaporte a la emoción.

Repasamos más homenajes de pioneros y una vuelta a la melancolía: Jagger con Streets of Berlín (1997) y Bowie con Where are we now (2013). ¿Nostalgia en el que nos arengó con “Héroes” (1977)? Quizá los años se le vinieron encima, pero a no preocuparse: Berlín lo hará de nuevo, y seguirá enamorando corazones jóvenes, con ganas de reinventar, cuantas veces haga falta, a una de las capitales del planeta.

(Dedicado a Francisco)

 

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