Por qué leer a Sábato

Crónicas de la pandemia | Por Manuel Sánchez Adam

Ernesto Sábato, una de las figuras más destacadas del arte latinoamericano, fallecía un 30 de abril de 2011, a los 99 años de edad, y el mundo de la cultura perdía a uno de los escritores más influyentes de la literatura mundial.

El hombre nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, se destacó, entre otras facetas, como novelista, ensayista y pintor. A lo largo de su vida, el escritor sostuvo con gran énfasis un pensamiento atravesado por enigmas e interrogantes propios de la condición humana.

Sus obras, incluyendo el arte de la pintura, se basan en grandes contradicciones y dicotomías de la existencia; atendiendo así a problemáticas estructurales que involucran de lleno a los seres humanos y se mantienen vigentes a lo largo del tiempo, trascendiendo la época en que se viva. Así lo reflejan sus novelas “El túnel”, “Sobre Héroes y Tumbas”, y “Abbadón el Exterminador”, historias que se desenvuelven en un tiempo particular y establecen diálogos articulados entre sí, revelando puntos en común. También sus personajes comparten los mismos sentimientos: en ellos se revelan el amor y el odio; la angustia y el desasosiego; la obsesión y la locura, entre tantos otros.
Por otra parte, y más allá de su faceta artística, Sábato no escapó a los compromisos políticos cuando se lo llamó. Antes de dedicarse a la escritura, en sus años de formación -obtuvo un doctorado en físico matemática- se afilió al comunismo, desvinculándose tiempo más tarde por diferencias ideológicas.

Luego, con el advenimiento de la democracia, y ya siendo ampliamente conocido por sus novelas, el escritor fue convocado por Raúl Alfonsín para presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). De esta forma, Sábato, junto a figuras reconocidas a nivel nacional, también citadas por el ex mandatario en aquel momento, recopilarían un informe extenso con una gran cantidad de testimonios que detallarían hechos escabrosos y cruentos, sucedidos en nuestro país a manos de la última dictadura militar durante el período comprendido entre 1976 y 1983. De aquí surge la foto histórica en la cual se observa a Sábato hacer entrega del libro denominado “Nunca Más” a Alfonsín, un 20 de septiembre de 1984.

Ernesto Sábato nunca claudicó en sus convicciones más profundas en favor de los más desprotegidos y mantuvo una postura humanista férrea y consistente en contra de los actos más atroces realizados en Argentina y el mundo entero. Pues son ampliamente conocidas algunas declaraciones del escritor que sostienen lo anteriormente dicho: “el arte nunca progresa, porque los problemas del corazón siempre serán los mismos; la técnica ha servido para destruir el planeta; dentro de treinta o cuarenta años no habrá más oxígeno; El hombre de hoy está alienado…” Frases que no sólo quedaron en palabras de ocasión, sino que correspondieron a su tesis en favor de la vida natural, contraponiéndolas al denominado progreso técnico, el síntoma de apuro en las grandes urbes y el consumismo en su máxima escala.

Por ello, en estos días de tanta incertidumbre por el porvenir del mundo, se vuelve imprescindible releer a Sábato. Es que, actualmente, y en medio de vaticinios apresurados por parte de algunos intelectuales que se encuentran a la moda y deben brindar una suerte de predicción al orden mundial que vendrá luego de la pandemia, la comprensión crítica de sus ensayos resulta fundamental.

En este marco de cierta quietud, tal vez nos encontremos con una posibilidad inmejorable: la de diseñar nuevas formas de estar en el mundo, estableciendo así un salto a nuevas vivencias que intenten una especie de emancipación a un sistema que oprime cada vez más y no deja lugar a la belleza del arte y los pensamientos.
Sin embargo, esta revisión no se efectúa estableciendo pareceres sobre cambios de paradigma o pronosticando revoluciones, sino más bien fortaleciendo lo que ya existe; éstos son los lazos verdaderamente humanos y la importancia del otro en un camino que debe transitarse en conjunto y no en soledad.

El individualismo que veníamos presenciando antes de este “parate” representaba los aspectos más feroces del neoliberalismo, que nos aturdía con sus demandas de ser los mejores de la clase: claro, una clase a la que solo asistían unos pocos en desmedro de la gran mayoría.

No sabemos realmente si la pandemia cambiará en algo a la civilización, lo que si tenemos claro es que, a nueve años del fallecimiento de Ernesto Sábato, su legado permanece intacto y está en nosotros tomarlo, o no, para encontrar quizás alguna alternativa posible.

 
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