La “diplomacia panda” de China

Por el mundo | Por Federico Vélez

El panda, mejor conocido como panda gigante o Ailuropoda melanoleuca en términos científicos, pertenece a la familia de los osos, a pesar de controversias suscitadas respecto a su clasificación como tal. Este peculiar animal de China, originario principalmente de la provincia de Sichuan, cuenta con una serie de características sumamente llamativas, entre ellas, su alimentación, que se concentra casi en su totalidad (más del 90%) en torno al bambú, un alimento de bajo valor nutricional; la hembra solo entra en su periodo de fertilidad una vez al año, durante tres días, lo cual dificulta enormemente su reproducción; y el cachorro de panda necesita de asistencia humana para lograr defecar, de lo contrario, podría morir por estreñimiento.

Actualmente, el panda se encuentra en la categoría de “especies vulnerables” de acuerdo a la clasificación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UCIN), gracias al esfuerzo constante del gobierno chino durante mas dos décadas, que logró retirarlo de la categoría de “especie en peligro o amenaza de extinción”. Según el último censo realizado en 2015, la población silvestre de pandas asciende a 1.864 ejemplares, mientras que, en situación de cautiverio, tanto en zoos y reservas, la cifra se limita a 548. Existen solo 17 países que cuentan con el honor de albergan a estos “embajadores” de cuatro patas, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Francia, Bélgica, Australia, Países Bajos y Dinamarca.

El panda a través de la historia

Resulta interesante aclarar que el panda solo atrajo verdadera atención desde el siglo pasado, de la mano del Partido Comunista Chino -PCCh. En efecto, no existen registros históricos exactos que hagan referencia a este animal en la antigüedad. De hecho, las pocas referencias están cargadas de fuertes ambigüedades o imprecisiones que son objeto de debate. Así, por ejemplo, el “Clásico de los mares y montañas” menciona a un oso blanco y negro que come metal, lo que lo hace bastante inverosímil. Tampoco existen alusiones al panda en el arte chino de la antigüedad. Todo esto se debe a que eran poco conocidos debido a la escasa interacción que mantenían con los humanos, dada su exclusión en su propio hábitat, y la falta de utilidad como alimento que representaban para los habitantes de la zona, ya que la carne de panda no resultaba para nada deliciosa.

El primer contacto occidental se debe al sacerdote y misionero católico Armand David, quien, en su expedición sobre territorio chino, en 1869, tomó contacto con el panda gigante, enviando dos especímenes a París. Desde entonces, el panda se volvió famoso para los occidentales, en especial para los cazadores furtivos. Fue solo con la instauración de la República Popular China, específicamente durante el periodo de la Revolución Cultural (1966-1976), que el panda comenzó a ser utilizado como un símbolo de la “China moderna” (en contraposición a la China “feudal” o dinástica) y bajo un uso político. Desde entonces, su popularidad iría en ascenso a escala global.

La “Diplomacia Panda”

Al convertirse en un icono nacional, el gobierno chino procedió a establecer un control férreo sobre cada uno de los ejemplares. Así, por ley nacional, todos los pandas que existen en el mundo le pertenecen a China, aquellos que se encuentran fuera del país han sido entregados en calidad de préstamo. Por lo tanto, China ha desarrollado un uso político que se manifiesta en la defensa nacional y apropiación de todos los pandas gigantes, así como la entrega de los mismos como una expresión de amistad y aprecio a los fines de mejorar y fortalecer las relaciones con otros Estados. Esto último es lo que se conoce como “diplomacia panda”.

Este concepto se origina en 1972, con la visita de Nixon a China con el objeto de restablecer las relaciones entre ambos países, en pleno periodo de Guerra Fría. Luego de una visita por el zoológico de Beijing, el Palacio de Verano y la cocina de un famoso restaurante, el gobierno de Mao ofreció un par de pandas a Estados Unidos. Meses después, dos bueyes de este país llegaron a China como una muestra de reciprocidad dentro de la “diplomacia animal”.

Un antecedente al caso Nixon se encuentra en el periodo republicano de China (1912-1949), con la entrega de dos pandas a EE.UU. por la asistencia recibida en la guerra de China contra Japón, en 1941. Durante el periodo comunista, en 1957 y 1959 China ofreció pandas a la Unión Soviética y Corea del Norte, respectivamente.

Uno de los casos más destacados fue el de Japón. Debido a las atrocidades cometidas durante la guerra por soldados japoneses, las relaciones entre ambos países quedaron fuertemente lesionadas. Como intento de crear una nueva etapa política, en 1972 dos pandas llegaron al zoológico de Tokyo, siendo recibidos por altos funcionarios, como el ministro de relaciones exteriores, representantes de varios partidos políticos y organizaciones, como la Asociación de amistad Japonesa-China. El objetivo era claramente producir un cambio drástico en las relaciones políticas, económicas y culturales con el país del sol naciente.

Sin embargo, esta diplomacia de China no está libre de críticas. Así, por ejemplo, en 2010, el zoológico de Washington vio partir de regreso a China a un ejemplar de panda debido, según las especulaciones de analistas y medios, al recrudecimiento de las tensiones entre ambos países tras la visita del Dalai Lama a EE.UU. En realidad, una explicación más razonable apunta al hecho que, llegada cierta edad, todo cachorro de panda debe regresar necesariamente a su país natal.

Como se ha visto, la “imagen internacional” que un país proyecta no es menos importante en materia de política exterior. La contribución diplomática que el panda gigante aporta al gigante asiático resulta de interés estratégico en pos de la construcción de un mejor posicionamiento en el escenario internacional.


Licenciado en Relaciones Internacionales

 
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