¿Cuántos son los homosensuales?

Apuntes feministas | Por Sofía Jalil

"¿Cuántos son los homosensuales (sic)? ¿Llegan al 1 por ciento? ¿Llegan al 0,07 por ciento? No lo sé, pero de ninguna forma llegan a 10 veces más como inflan su número", dice un hombre vestido con campera de cuero color camel, bigote al ras del labio y anteojos de marcos gruesos. El periodista le pregunta qué tiene que ver, ¿acaso las minorías no tienen que tener derechos? A lo que responde el hombre con bandera en mano: "Eso quiere decir que no lo pueden imponer a las mayorías. Democráticamente hablando, esto viene de la hegemonía global de los poderes internacionales que están queriendo destradicionalizar los países blancos". Estas palabras fueron pronunciadas 10 años atrás, captadas por las cámaras del programa televisivo CQC, que conducía el comunicador Mario Pergolini. Es invierno, las tomas muestran miles de personas marchando contra la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina.

Los argumentos del odio incluyen descalificaciones del tipo “pervertidos” hasta “no es natural”, pasando por un coro de mujeres que vociferan a viva voz “no queremos/ no queremos esa ley/ el matrimonio se forma/ entre el hombre y la mujer”.

Banderas argentinas por doquier, como también el himno que suena de fondo cuando finaliza la manifestación de los “naranjas”, como se identificaron los antiderechos. Ahora bien, ¿en qué se relacionan estos discursos pronunciados 10 años atrás con lo sucedido el pasado fin de semana en la ciudad de Córdoba? Pues bien, el factor común es la aversión al otro, al distinto, al que cuestiona, a quien vive en resistencia y resiste para vivir.

Las agresiones en el Día del Orgullo Gay no sucedieron solamente en la capital cordobesa, también hubo repudio y manifestaciones con vandalismo de símbolos en las ciudades de San Luis, Rosario y Mar del Plata.

Una vez más, queda en evidencia el odio que se reproduce cada vez que los movimientos sociales son tan intensos que demandan una reestructuración de derechos e interpela la “norma”.

No es fobia, es odio y está presente tanto en situaciones históricas como lo fue la legalización del matrimonio igualitario hasta en fechas festivas como lo debería haber sido el pasado 28 de junio, Día Mundial del Orgullo LGBTIQ+.

Discursos y masculinidad

Los estados reflejan, en algunas latitudes, las demandas por la igualdad y la inclusión. Tal es así que en Córdoba desde el Gobierno provincial -antes de la cuarentena- se estaba trabajando en un relevamiento de personas trans, registro necesario para la elaboración de políticas públicas. O bien, el 17 de mayo que es reconocido como el “Día Provincial por la Igualdad y la No Discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género” ya que ese mismo día, pero en 1990, la Organización Mundial de la Salud quitó a la homosexualidad de la lista de patologías psiquiátricas.

Más allá de las decisiones del poder ejecutivo o legislativo, en la calle los discursos interpelan y demuestran su poder. El filósofo francés Michel Foucault observó que el poder está en todas partes y se ejerce a través de discursos (ideologías y lenguajes respaldados a menudo por las instituciones). En referencia a los hechos sucedidos el pasado fin de semana en el Parque Sarmiento, registrados en medios de comunicación y redes sociales, hay un elemento tan presente que pasa desapercibido.

Lo que se vivió frente al mástil en el Parque Sarmiento fue una muestra del poder del estereotipo de masculinidad hegemónico basado en el militarismo. Ejemplo de ello fueron las palabras pronunciadas por los dos veteranos de guerra de Malvinas en defensa del izamiento de la bandera argentina por sobre la bandera del arco iris y su legítima autoridad para hacerlo, más allá del Estado. “Yo voy a hablar con el Intendente”, amenazaba uno mientras callaba a un joven gay que abrazaba la bandera.

La formación de la masculinidad argentina tiene mucho de guerra. El estereotipo que se forja en los servicios militares es un varón heterocisnormado con fuerte anclaje en la disciplina, representativo de los valores nacionales e indiferente al sufrimiento ajeno como al propio. El militarismo y la masculinidad están íntimamente relacionados. En el Parque Sarmiento, el pasado fin de semana, los discursos del odio por parte de un puñado de individuos dieron cuenta de ello. Vale la pregunta para reflexionar ¿por qué la aversión y el odio? ¿Qué tipo de masculinidad se siente amenazada? ¿Qué masculinidades entraron en juego? Acorde a un video que se viralizó por redes, hubo insultos, empujones y hasta una cadena que afortunadamente no hirió a nadie. También hubo colores y miradas de tristeza frente a la impotencia de ni siquiera poder celebrar un día el orgullo de ser gay, lesbiana, trans, queer o bisexual.

La escritora Svetlana Alexiévich presenta en “Los muchachos de zinc” las voces soviéticas de la guerra de Afganistán, guerra que duró desde 1979 a 1989. En este libro lleno de testimonios la autora, a quien le llovieron innumerables críticas hasta ser galardonada con un Premio Nobel de Literatura en 2015, reflexiona: “No logro quitarme de encima la sensación de que la guerra es fruto de la naturaleza masculina, de la que en muchos aspectos me siento muy alejada. Aunque es cierto que la cotidianeidad de la guerra es grandiosa. Apollinaire veía belleza en ella”.

En relación a lo sucedido en Córdoba, vale destacar que el grupo de manifestantes con camperas militares no son representativos de la totalidad de los veteranos de guerra. ¿Acaso no hubo, hay y habrá gays en las filas? ¿Y trans? Por supuesto que sí y, de hecho, la primera operación transgénero que realizó la obra social Pami en Rosario fue a un ex combatiente de Malvinas. Se trata de Tahiana Marrone quien en una entrevista a los medios enfatizó la gran ayuda que recibió de sus compañeros de trincheras para lograr la cirugía. En consonancia, el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM – La Plata) expresó su repudio en un comunicado y dijo que se trata de sectores vinculados a “un lobby militar”.

Heterosexismo

Más allá de la interpelación pública al estereotipo de masculinidad y su vinculación con el militarismo, otro discurso quedó en evidencia. Se trata del heterosexismo, esta ideología -al igual que el sexismo y el racismo- que considera como inferior a todo grupo de ciudadanas y ciudadanos que no coincidan con la heterosexualidad, estigmatizándolos.

El heterosexismo está institucionalizado en leyes y se reproduce a través de diversos discursos mediante los medios de comunicación, está en la lengua y en las familias. También en la política, si bien la orientación sexual es una cuestión privada y ninguna persona debe dar cuenta de ello en su quehacer público, es necesario destacar que no hay referentes políticos que jueguen en altos cargos y sean parte de la diversidad.

Dicho de otro modo, ¿cuántos gobernantes gays tuvimos? Si ser mujer es todo un desafío como lo encarna la figura de Cristina Fernández, ser lesbiana o gay, trans o queer no es posible en una concepción heterosexista de la cosa pública.

Ante lo sucedido, más allá del discurso del odio, queda en evidencia que la construcción de una ciudadanía heterosexista anclada en un nacionalismo con un estereotipo de masculinidad militarizada vulnera los derechos humanos de todas y todos.

 
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