Antes de la tormenta

Diálogo con Sabrina Moreno, directora de “Azul el mar”, que se estrena hoy en la plataforma Cine.ar

Por Martín Iparraguirre 

La producción cinematográfica local debuta en los estrenos de la plataforma Cine.ar con “Azul el mar”, ópera prima de la directora cordobesa Sabrina Moreno, egresada de la Facultad de Artes de la UNC y primera ganadora del concurso respectivo del Polo Audiovisual Córdoba. A partir de hoy a las 20, se podrá ver en la pantalla de Cine.ar TV y luego quedará disponible de manera gratuita hasta el 10 de julio en la plataforma respectiva, que se ha convertido en un verdadero refugio para el cine nacional en estos tiempos de reclusión social por la pandemia del coronavirus.

Suerte de cruza entre un proceso íntimo vivido por la directora con la figura de su madre y las reflexiones que fue tejiendo a lo largo de los años sobre su condición de mujer, la película recrea un viaje familiar a Mar del Plata en la década de los ´90 desde la mirada de Lola (Umbra Colombo), una persona atada a su condición de esposa y el mandato de ser una madre perfecta para sus cuatro hijos. Si bien se trata de unas típicas vacaciones familiares de clase media, algo se agita en el interior de Lola que paulatinamente comenzará a estallar ante la mirada atónita de Ricardo (Beto Bernuez), su marido, descolocado ante una crisis que apenas intuye y menos aún puede controlar. La institución familiar es entonces el centro de “Azul el Mar” -estrenada en el 34º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata del año pasado- que con distinta suerte explorará sus infinitos pliegues y contradicciones desde la mirada femenina, en un viaje que cambiará para siempre a sus protagonistas.

HDC: En primer término, contanos el inicio de la película…

Sabrina Moreno (SM): La idea surgió en 2007. Estaba teniendo sueños con el mar y con mi infancia, se me venían recuerdos de los viajes que hacíamos con mi familia. Entonces empecé a preguntarles a mis hermanos qué es lo que ellos recordaban y fui armando algunas escenas, en donde el mar y el bosque estaban muy presentes. Luego empecé a ficcionalizar los personajes y a armar la trama, basándome en nosotros mismos como familia. Entonces surgían contradicciones, preguntas, reflexiones sobre por qué ya no éramos como antes, sobre cuántas de las imágenes que tenía eran como las recordaba, y sobre qué es lo que estaba dejando afuera. Y ahí es donde me encontré hablando de mi mamá, de esa mujer con tantas facetas que se me hacía inabarcable. Necesitaba acercarme más a ella para comprender quién era, desde otros ojos, desde otro lugar.

HDC: Me gustaría preguntarte sobre el rol de la mujer en el personaje de Umbra, ¿cómo fuiste elaborando el personaje? 

SM: Fue una búsqueda interna de recuerdos y reflexiones, de hacerme preguntas, de conversar en mis pensamientos con las mujeres que se cruzaron en mi vida. Pero sobre todo fue un diálogo con mi mamá. Ella falleció justo cuando yo recién terminaba mi primera versión de guión, cuando la historia era un disparador para saber quién era yo. Y a partir de ahí se me abrió un abismo, yo me había quedado con tantas preguntas que me hubiera gustado hacerle, tantas cosas que iba a necesitar en mi propio camino, tantos consejos que ella me hubiera podido dar… Entonces el personaje de Lola es la conclusión de cómo pude entender a mi mamá, y la película fue la oportunidad de reconciliarme con todo eso y de darle a ella el final que no pudo tener.

HDC: ¿Cómo te modificó la lucha feminista en tu visión de la película? 

SM: Me dio un refugio, una señal de que las cosas pueden cambiar, de que no estamos solas, de que nuestro momento es ahora. Me dio la fuerza necesaria para sostenerme durante todos estos años, creyendo en mí misma y en lo valioso de lo que quería contar, para que el proyecto finalmente se pudiera concretar.

HDC: También está bueno hablar del personaje masculino, Ricardo, ¿cómo lo concebiste? 

SM: Ricardo está inspirado en cierto reflejo que veo en varios hombres, que tiene que ver con el miedo al cambio, a lo incierto, a lo que no está dentro de ciertos límites establecidos. Pero no se trata de bueno o malo o de quién tiene la razón, sino que se trata de revisar por qué somos como somos y cómo nuestras acciones están enmarcadas en ciertas creencias y temores, en valores preestablecidos para generar cierta ilusión de seguridad. Todos necesitamos una cuota de seguridad para poder sobrevivir el día a día, pero cuando eso ya se vuelve algo estanco, es cuando comienza a asfixiar. Y el personaje de Ricardo ve que las cosas están cambiando frente a sus ojos pero no sabe qué hacer, porque no está preparado para aceptar que sí, que las cosas pueden cambiar. Entonces lucha con eso pero con herramientas y formas que quizás no le ayudan en realidad. Entonces sí, creo que así como el feminismo trae revisiones de todas las estructuras para desatar y buscar formas más equitativas de convivencia, lo masculino también se ve afectado por eso y está bueno que genere movimiento, reflexión, apertura. 

HDC: En las notas de prensa decís que la película habla de duelos y del paso del tiempo, ¿cómo intentaste plasmarlo en imágenes?

SM: Se tomaron varias decisiones formales para construir esto. En principio el formato 4:3 y una composición visual que tiene que ver con esa construcción del tiempo, con cómo eran nuestras formas de observar y de retratar de antes. Por otro lado, también trabajamos con la cámara lenta, para dilatar momentos, para captarlos en toda su intensidad. Y sobre todo trabajamos con el primer plano y la mirada de Lola, que en sus ojos nos sitúa en qué es lo que está pasando por dentro suyo y en relación al contexto. Lola transita una dimensión que por momentos es muy interna y propia y por otros momentos es compartida con el resto de la familia y el afuera. El duelo tiene que ver con su proceso, con descubrir quién es esta mujer que está queriendo surgir y darle espacio para que suceda, y a su vez cómo lo va trabajando con respecto a sus recuerdos y deseos de familia. Para todo esto también fue fundamental la propuesta de montaje, que no trabaja en forma lineal ni continua, sino que tiene una estructura elíptica y emocional, donde lo importante son las sensaciones que genera la coexistencia de distintos estados emocionales, más que una narrativa de hechos.

HDC: También quisiera hablar del rodaje en Mar del Plata, ¿cómo fue?

SM: A Mar del Plata la siento muy cercana porque pasé muchos veranos ahí y fui creciendo en ese espacio. Muchos de mis sueños ocurren en ese lugar, por lo que lo tengo bien presente. Y encontrar a los niños fue algo maravilloso. Hicimos dos castings muy exhaustivos para definir a los niños, y una vez que comenzamos a ensayar todo se fue dando de manera muy espontánea y natural. Los cuatro son muy talentosos y profesionales para trabajar, entendían muy bien la responsabilidad de lo que íbamos a hacer, sin perder su capacidad de juego y entusiasmo. Entonces desde el comienzo planteamos una modalidad de improvisación sobre algunos delineamientos de las escenas, y los niños son increíbles porque podes darles directivas sobre el momento y ellos lo van incorporando en la misma acción. Y con Umbra y Beto trabajamos como para que fueran ellos los que llevaran un poco la acción hacia donde queríamos ir, y fueran coordinando con las improvisaciones que surgían. Así se generó toda esa magia de familia que funcionó muy bien, porque todos conectaron desde el primer ensayo juntos.

HDC: Por último, ¿cómo funciona la naturaleza en tu película?

SM: El mar es tan inabarcable como contradictorio, y desde ese lugar tenía absoluta relación con lo que pasa en esta historia. El mar es intenso, es cambiante, puede ser demoledor y al mismo tiempo lo más bello y lo más tierno. Y el personaje de Lola también es así. Entonces entre ella y el mar se genera una relación de miedo y de deseo al mismo tiempo, de cierto reconocimiento. La naturaleza funciona como un espacio interior del personaje de Lola, en donde podemos ver ese vínculo personal que ella tiene consigo misma, podemos experimentar junto con ella qué es lo que siente en lo más profundo de su ser, más allá de lo que muestra a los demás.  

Asimismo, la idea era trabajar la estructura de la película con la misma sensación que genera una tormenta de verano, en la cual, cuando el viento cambia o el cielo truena, nos anticipa algo que va a venir, pero no sabemos exactamente cuándo ni que magnitud tendrá, no sabemos si es algo que va a pasar rápido o va a persistir, no sabemos el impacto que nos puede producir. Entonces, el relato va jugando también con esa tensión que genera el percibir sin saber del todo qué es lo que percibimos.

 
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