Ficción privada, un documental que revive emociones

Por Manuel Sánchez Adam

Alguna vez, Ernesto Sábato sostuvo que los sentimientos no progresan, porque el corazón del ser humano siempre afronta las mismas vicisitudes. El amor, la tristeza, la soledad y, sobre todo, la muerte, son temáticas que permanecen enquistadas en la esencia de nuestra especie, a lo largo de los siglos. El documental “Ficción privada”, del cineasta Andres Di Tella, condensa estos atributos.

Pues relata el vínculo entre sus padres, quienes viven en las voces de Julian Larquier Tellarini y Denise Groesman. Ambos actores leen el intercambio epistolar que existió en la pareja entre 1950 y 1970, donde se reflejan las vivencias de un amor que debió traspasar las costumbres culturales y el conservadurismo de la época.

En primer lugar, Kamala, oriunda de la India, escapará de un destino marcado por la falta de derechos de las mujeres en aquel país. En tanto que Torcuato también optará por un estilo de vida diferente al de su padre; esta elección provocará una pelea en la relación parental, llevándolo a orientar el deseo propio.

A partir de estas acciones, los progenitores de Di Tella se conocerán en Estados Unidos, y desde este punto geográfico la pasión surgirá, con demostraciones de afecto pero también de contrariedades.

El filme hace hincapié, entonces, en dos caminos diferentes que se unirán en un destino completamente alejado de sus orígenes. “Ficción privada” escenifica algo que le es propio, pero a la vez ajeno, reviviendo las subjetividades de Torcuato y Kamala y traspasando la narrativa con emociones que se subliman en la lectura de las cartas. Además, permite ahondar en la intimidad de dos seres que ya no se encuentran en el plano material, aunque sí en la memoria de sus familiares más cercanos.

El documental autobiográfico cuenta con la participación del cineasta Edgardo Cozarinsky y de Lola, la propia hija de Andrés Di Tella.

 
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