La valentía de las mujeres en la política

Por Sofía Jalil

Cada elección es una oportunidad para reflexionar sobre la sociedad que conformamos, con todos sus matices, aciertos y desafíos para analizar. Aplicar la perspectiva de género implica la posibilidad de ahondar en la reciente historia de las mujeres en la vida política y, también, en su actualidad.

Decir “reciente” es recordar que fue en 1947 cuando las argentinas pudieron ejercer por primera vez el derecho político a elegir y ser electas. Con excepción de San Juan que en 1927 otorgó la igualdad de derechos cívicos a las mujeres.

Volviendo a 1947, sin dudas el empuje de Eva Duarte movilizó lo que antes había sido rechazado, permitiendo su aprobación en el Congreso y consagrándose como la ley N° 13.010. No obstante, sería parcial reconocer a Evita como la única impulsora sin considerar a las sufragistas, muchas socialistas, que desde comienzo de siglo XX llevaron la lucha. En cierta manera, más de 70 años después, la política parece seguir siendo “cosa de hombres”. Los cuerpos de las mujeres, sus vestimentas y apellidos (el tan mentado “esposa” o “hija de”) aún son cargas para ellas.

¿Qué pasa cuando una mujer llega a la política? ¿Qué se deja en el camino para pertenecer, ser electa o formar parte de un proyecto de país?

Acción

“La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida humana, tanto individual como social. Misión y fin es asegurar la vida en el sentido más amplio”, escribe Hannah Arendt una serie de ensayos titulados “¿Qué es la política?”.

Considera, entre reflexiones sobre la vida en la polis, que “la valentía es la primera de todas las virtudes políticas”. “Todavía hoy forma parte de las pocas virtudes cardinales de la política.

Únicamente podemos acceder al mundo público común a todos nosotros, que es el espacio propiamente político, si nos alejamos de nuestra existencia privada y de la pertenencia a la familia a la que nuestra vida está unida”, completa.

¿Cómo ser valientes en esta época de redes sociales? El uso del cuerpo es una manera, que involucra desenvolverse performáticamente -una puesta en escena- en redes sociales y medios de comunicación que reproduzcan imagen, lo audiovisual.

No cualquier corporeidad llama la atención y suma likes (me gusta), más bien lo logran aquellas representativas del canon de la belleza hegemónico. Ese estereotipo de belleza donde lo externo es más importante que lo interno, que excita e interpela al mismo tiempo, y que, de alguna manera objetiva a las personas para dejarlas como cosas, objetos, sexuales para ser consumidos desde el deseo y la inmediatez. Que “calienta”.

Ejemplo de ello fue la bailarina y candidata a diputada Cinthia Fernández, quien cerró su campaña frente al Congreso de la Nación bailando en tanga. O Carolina Losada (Juntos por el Cambio en Santa Fe) quien mediante un video con un ángulo directo a su escote incitó a sus votantes diciendo: “Sé que muchos de ustedes están muy calientes. Los kirchneristas van a ir todos a votar. Así que la única manera de dejarlos atrás es ir y votar. Les mando un beso enorme a todos”. Un juego de palabras e imágenes.

Reacción

Estos dos casos dejan al descubierto lo fácil que es llegar a cierto sector del electorado mediante el uso del cuerpo. Y a la vez desvela una certeza porque si al leer esto molesta o incomoda es que persiste un atisbo de luz sobre la política.

Entendiendo a la política como el espacio de acción donde personas “valientes” bajo la luna de la convicción social proponen, cuestionan y deciden para el beneficio de un país.

Como las sufragistas que lucharon el derecho que hoy las mujeres ejercen al participar en la política, al elegir y ser electas. O bien aquellas que impulsaron la paridad de género en el Congreso de la Nación, aprobada por ley en el 2017 y estableciendo que las listas deben estar conformadas en un 50% por hombres y mujeres, de manera intercalada y consecutiva. Un debate que superó los discursos sobre la capacidad y la meritocracia, marcando que se trata “paridad” y no de “cupo”, ya que las mujeres son mayoría en esta sociedad, no minoría.

Acción

La valentía que se precisa para ser parte de la clase dirigente debería reflejarse en acciones. De manera ficcional lo imagina Gioconda Belli en “El país de las mujeres”.

En este lugar, Fraguas, las mujeres llegan al poder para impulsar cambios radicales como mayor presupuesto en educación para niñas y jóvenes, el fomento de guarderías comunitarias y los espacios de lactancia en los trabajos para madres.

Más allá de la ficción, en la realidad existen casos concretos de que cuando una mujer llega a la política nada permanece igual. Ejemplo de ello es la actual vicepresidenta y ex mandataria Cristina Kirchner, con la Asignación Universal por Hijo o las jubilaciones para mujeres con hijos y sin aportes. O bien, a nivel local, Alejandra Vigo y las Sala Cuna, para bebés y niños en vulneración social.

Políticas públicas más que necesarias en un país con hambre donde casi 5 de cada 10 argentinas y argentinos están en la pobreza, con mayor incidencia en mujeres que en varones.

Volviendo a Arendt, que la valentía de poner el cuerpo para meterse en el espacio público esté acompañada de acciones y discursos que interpelan quiénes somos y hacia dónde vamos.

Tanto para varones como mujeres, la sociedad aún está sedienta de propuestas más que de performances, puestas en escena que concluyen con el telón final de un click, me gusta o un like.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar