Alexis Comamala, “La noticia es el diluvio”

Las comparaciones siempre son odiosas (¿siempre son odiosas?) pero algunas veces ayudan a situar ciertas circunstancias, hechos y conceptos.

Por Leandro Calle 
(Especial para HDC)


Las comparaciones siempre son odiosas (¿siempre son odiosas?) pero algunas veces ayudan a situar ciertas circunstancias, hechos y conceptos. En los años ´80 hubo un grupo de poetas que, si bien venían de diferentes posicionamientos políticos, tenían todos una concepción de que la poesía y la cultura no podían estar en andariveles paralelos con los movimientos sociales y políticos del país. Me refiero al grupo poético Raíz y Palabra que conformaron César “León” Vargas, Carlos Garro Aguilar, Susana Arévalo, Eugenia Cabral y Hernán Jaeggi. También pasaron por esas reuniones Néstor Merigo y Hugo Rivella. Junto con otro grupo que se llamó Sol Urbano, constituyeron, por así decirlo, dos colectivos poéticos de importancia en la década de los ´80. Colectivo que, como dijimos, no esquivaba ningún filamento en la urdimbre de la cultura respecto de la participación política. Eran años de florecimiento democrático.

Pasada la década de los ´90, aparece en Córdoba otro colectivo de poetas que con cierta semejanza amalgama de una manera auténtica (ni artificial ni panfletaria) la masa siempre fecunda que se crea entre cultura y política. Me refiero al colectivo de poetas Pan Comido. El año pasado cumplieron 15 años de vida y lo celebraron a lo grande. Una de las grandezas es haberlo celebrado con la participación de otras voces poéticas. No quisieron leer ellos, prefirieron estar de otro modo, estuvieron al servicio de la poesía invitando a leer a otros poetas en homenaje de los 15 años del grupo. Así, por ejemplo, muchos cordobeses pudimos asistir a una inolvidable lectura de Osvaldo Guevara en el auditorio de Radio Nacional. El poeta, de ya más de 80 años, arrancó aplausos acalorados de un público joven que probablemente jamás lo había escuchado. A este colectivo de Pan Comido, pertenece, desde hace algunos años, el poeta Alexis Comamala.

Al principio comenzaron reuniéndose, luego publicando algunas plaquetas que daban cuenta del trabajo escriturario propio y, ya con cierta madurez grupal y personal, Pan Comido comenzó a editar libros de poesía. Algunas antologías del grupo como: “Belleza obliga” (2004); “Derrota no” (2005) y “El día más parecido” (2008). Paralelamente a la edición de miembros del grupo, Pan Comido apostó también por otros poetas que no pertenecían al colectivo. Así, por ejemplo, Liliana Lukin (“Cortar por lo sano”), Leticia Ressia (“La selva oscura”), Alejandro Schmidt (“La impropiedad”), Marcelo Dughetti (“Sioux”), y ahora, junto con el de Comamala, “El animal no domesticado” de Laura García del Castaño.  Pan Comido editó, de entre sus filas, a Juan Stahli (“Hablar lo suficiente, trabajar lo necesario”), Ceferino Lisboa (“La vida que se conoce”), Fernando Bellino (“Crías nuevas”), Fabricio Devalis (“Anatomía”).

Ahora le toca el turno a Alexis Comamala, con su libro “La noticia es el diluvio”. 35 poemas que Comamala hilvana con el telón de fondo del diluvio. En este caso, me atrevería a decir que es un diluvio original y hasta personal. La mirada sobre el diluvio que es propio y ajeno al mismo tiempo. El libro comienza con un poema por demás sugerente: “espera la tierra la lluvia / sin saber que el diluvio / la dejará baldía”. No sabría yo decir si hay aquí un pequeño homenaje a Eliot, pero ciertamente creo que es una buena manera de empezar un libro de poemas. Todo está allí. Como si en esos primeros tres versos del poeta Comamala, se concentraran potencialmente todas las virtudes que el lector irá degustando en el libro. La espera, la sed y la destrucción hasta la vaciedad. Porque los diluvios si bien destruyen, anuncian una nueva generación, un nuevo rebrotar de la vida.

Común a todas las culturas, desde Gilgamesh y Noé, el diluvio se lee como castigo, pero también ese aniquilamiento es predecesor de un nuevo modo de vida. Tan común a todas las culturas, el diluvio, viene a ser una imagen mitológica que, en su función etiológica, pretende explicar el presente, las causas de la destrucción. Ir hacia atrás pero para entender el hoy de las cosas. Los mitos guaraníes también hablaban del diluvio. Por eso digo que no es tan necesario irnos hacia las regiones mesopotámicas o bíblicas. En el “Ayvu Rapyta”, el libro sagrado de los cantos guaraníes que recopiló León Cadogán, está el capítulo VI, en el que aparece el diluvio desde la primera línea: “Los habitantes de la primera tierra / ya han alcanzado todos el estado de indestructibilidad”.

¿Habremos nosotros alcanzado el estado de indestructibilidad? ¿O, por el contrario, nos hallamos en camino hacia una destrucción planetaria, como lo atestiguan algunos ambientalistas o películas de culto, como “Melancolía”, de Lars Von Trier? “El universo acabó / solo quedan cenizas / y es hora de que llueva / que lo ilimitado se apague”. ¿Quedaremos baldíos, como la tierra de inicio que dice Alexis Comamala? No se trata de hablar, “no sé de lo que hablo”, para Alexis Comamala, se trata de mirar: “escribir es mirar y estar muerto por horas”.

Creo que asistimos también a un diluvio interior. Un diluvio que nos crece desde dentro. Un diluvio que hace crecer el miedo. El acabarse de las cosas, el acabarse del mundo personal, la muerte. La muerte gradual de las cosas: “entonces nos va entrando esa noche / donde todo es ajeno”. Creo que es allí, en la intemperie de la noche diluvial, donde el poeta puede encontrase a sí mismo. El diluvio, como noticia, nos devuelve la desnudez propia, nos enfrenta con nuestra propia cara. La tierra baldía, el páramo nos devuelve a nuestro propio sustento. No hay dónde sostenerse. Es necesario sostener la sed: “necesito esta noche como anzuelo / salgo a la intemperie a buscarme / estoy atado al último árbol en pie / la noticia es el diluvio / de cuajo el tronco divaga / la nave es diminuta / frágil / tenue / leve / mis huesos”. Vale la pena entrar en la poesía de Alexis Comamala. Sin artificialidades, sin énfasis innecesarios, “La noticia es el diluvio”, posee un lenguaje claro, humilde y bello como la noche anunciadora de las aguas que caen.

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