Acerca del debate y otras cuestiones

Acerca del debate y otras cuestiones
comillas01.pngPasó el debate, y quieren otro. El encuentro del domingo último entre los candidatos (menos uno) a presidente  transcurrió sin estridencias ni acusaciones vanas, lo cual es bueno. comillas02.png
PANORAMA
 
Pasó el debate, y quieren otro. El encuentro del domingo último entre los candidatos (menos uno) a presidente  transcurrió sin estridencias ni acusaciones vanas, lo cual es bueno. Pero acabó cayendo en una especie de conformismo general, lo cual es malo, al menos para nosotros. Todos los participantes repitieron sus posiciones sobre no más de media docena de puntos que consideraron clave y entre los cuales, para sorpresa de todos, apenas si apareció el tema de la inflación; como si de pronto el aumento incontenible de los precios pasara a un tercer o cuarto plano. Esos puntos fueron citados con mucho equilibrio, ya que en ningún caso alguno de ellos primó notoriamente sobre el resto. El joven Nicolás del Caño fue el único en salirse de esa especie de libreto común al hacer hincapié básicamente en la necesidad de avanzar en el problema de la educación, al punto que propuso destinar el 30 por ciento de la inversión nacional a mejorar el sistema educativo que, es innegable, hace agua por varias vías. La visión de las empresas encuestadoras fue, en general, cercana a la conclusión de que ninguno de los exponentes sacó claras ventajas sobre el resto. Con sus más y sus menos, llegaron a un quíntuple empate. 
 
Eso sí, todos dedicaron por lo menos una frase a castigar al “gran ausente”, Daniel Scioli. Clausurado el debate se advierte que el gobernador de Buenos Aires no habría perdido nada concurriendo y exponiendo sus ideas acerca del futuro del país. Pero hay que admitir que en ese clima anestesiado tampoco habría ganado nada. Así que se verá si el tan publicitado debate, al que se le atribuyó exagerada trascendencia para el proceso electoral y la democracia, conmueve de alguna forma la tenacidad con que los sondeos de opinión están confirmando el ordenamiento de las preferencias que marcaron las PASO del 9 de agosto. Confiados en que el procedimiento, con la ausencia de Scioli, los favorece, ya sus rivales más empecinados han lanzado la idea –más bien el reclamo- de una segunda vuelta de debate, de la que el ex motonauta también se niega a participar. En síntesis, aunque haya tenido una audiencia masiva, a nadie le quitó el sueño la exposición de ideas de los candidatos; y se confirmó que en dos horas apenas si hay espacio para un avance superficial de lo que sostiene cada uno, y siempre dejando afuera una amplia variedad de asuntos que desvelan a muchos de los argentinos. Esta especie de ballottage sólo puede interesar –además desde luego de a Mauricio Macri y Sergio Massa- a otro canal de televisión que espera también su tajada publicitaria.
 
Mientras tanto, el Gobierno se anotó un punto –dos si incluimos el fallo neoyorquino contra otra pretensión desmedida de los fondos buitres- el lunes al pagar los 5.700 millones de dólares del Boden 2015, más los 200 millones de la misma moneda correspondiente al cupón de intereses por ese título soberano. El fin de ciclo que se decía se verificaría en medio de un caos generalizado aparenta llegar con mucha más tranquilidad y, sobre todo, con más previsibilidad. La prensa opositora se ha apresurado a clamar que ese pago realizado con puntualidad afecta profundamente a las reservas del Banco Central, que han quedado en 27.713 millones de dólares. Empero, todavía falta ver el resultado de la licitación abierta por el Ministerio de Economía por bonos a cinco años de plazo con un interés del 8 por ciento. Axel Kicillof dispuso que la oferta sea por 1.500 millones de dólares, pero es obvio que el Gobierno espera interesados por una cifra mucho mayor. Entonces se conocerá el verdadero nivel de las reservas del Central y posiblemente se desvanezca la preocupación por ese tema que de cualquier manera no es objeto de angustia para el equipo económico.
 
El Fondo Monetario Internacional (FMI) mantiene su pésimo pronóstico para el futuro de la economía de la Argentina –distinción que por otra parte alcanza a muchos países, entre ellos Brasil- y calcula que el año 2016 concluirá en el caso de nuestro país con una leve recesión. El vaticinio no es fatal porque ya se ha visto que la mirada del FMI es habitualmente torcida para aquellos países que no se ajustan estrictamente a sus recetas recesivas. En todo caso, la Argentina concluye el año 2015 con cierta holgura, como lo demuestra el pago de los Boden 2015, la tendencia a la baja de la inflación y la vitalidad del consumo interno, todo ello a pesar de la fuerte caída de los ingresos por exportaciones. Este último es un problema de muy difícil resolución porque conspira para ello el cuadro declinante de la economía planetaria. El mundo empieza s sufrir con mayor énfasis los coletazos de la crisis de 2008: Estados Unidos no se decide a crecer, Europa padece los efectos de la disminución de las ventas y de la austeridad y otras medidas draconianas de corte neoliberal aplicadas por Bruselas, China ha perdido empuje e importa menos bienes –en número y en volumen- y su crecimiento se ha atenuado, los valores de las materias primas también han acusado el golpe de la menor actividad y en ese contexto el país ve cómo las dificultades se suman y las soluciones se manifiestan lejanas. Por esa razón no es dable esperar un cambio de tendencia para la economía nacional en el breve plazo.
 
Precisamente esos aspectos del devenir mundial son objeto de estudio actual y definiciones en el más alto nivel. La Organización Mundial de Comercio (OMC) planteó su preocupación por el débil crecimiento del PBI mundial, lo que hace caer drásticamente los términos del intercambio de bienes entre los países.  Por su parte, la Organización para el Comercio y el Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD por su siglas en inglés) ha llegado a la conclusión de que no son las barreras artificiales al comercio las que han provocado la vertical caída del intercambio de bienes entre las naciones sino un ingrediente poco tenido en cuenta por los economistas ortodoxos: es la debilidad de la demanda mundial que, obviamente, se puede definir como la suma de las demandas individuales. Y lanza una afirmación que se opone drásticamente a lo que sostienen los partidarios de una devaluación para estimular las exportaciones: “la mejor manera de expandir el comercio mundial, sintetiza la UNCTAD, es mediante una sólida recuperación de la producción a nivel nacional impulsada por la demanda interna”, algo que se acerca a las recetas de origen keynesiano.
 
Mientras los países desarrollados promueven, en el G-20, medidas ultraconocidas como acabar con el proteccionismo, promover los acuerdos multilaterales de libre comercio y eliminar cualquier regulación sobre la inversión extranjera, la UNCTAD se aparta de esa concepción sosteniendo que “el cambio estructural debe apelar a una nueva estrategia de crecimiento que favorezca el desarrollo interno y apele al factor más clave y central (y que es el más olvidado en las cumbres, debates y análisis de la situación actual), que es la creación de empleo”. La demanda de bienes por parte de esos nuevos individuos que se suman a la masa laboral promoverá, junto con la actividad económica doméstica, la importación de productos, primero de países de la región y después de países distantes, y, en reciprocidad, la colocación de las exportaciones del propio territorio en lejanos mercados. Las devaluaciones y la austeridad solamente sirven para achicar el movimiento de bienes y servicios, acotar el crecimiento e impedir el desarrollo armónico de las potencialidades del país.
 
E.P.
 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar