Tierra de soles, de Fanny Roeschlin

Novelas cordobesas
por Susana Chas
Especial para HDC

Fanny Roeschlin nació en James Craik, provincia de Córdoba. Dedicada a la docencia, fue becada a Estados Unidos para realizar cursos de perfeccionamiento. Obtuvo importantes premios y distinciones a nivel provincial y nacional, entre ellos el Premio Publicación de la Municipalidad de Córdoba por su trabajo en narrativa (1994). Ha publicado libros de cuentos, poemas y dos novelas, en las que bucea en su interioridad para plasmar en vivencias de seres y personajes, una realidad mágica que surge de su lenguaje singular.


En tierra de soles, está el recuerdo de Los Chañares, la estancia situada a unos kilómetros del pueblo, que “era como un río o como un pájaro”; los abuelos, él, suizo y ella de Baviera; los perros; la siesta esperando al heladero; la galería; la hamaca; la plaza del pueblo con sus palmeras; la gente y tantas cosas que quedan en la memoria de Fanny y que ella vuelca, a veces poéticamente; otras con una prosa peculiar. Cada evocación lleva un epígrafe sugerente. Para Virginia, la que lloraba, elige un epígrafe de Laura Devetach: “Como ajusté el cordón de mi corsé de llantos…” Virginia se enamoró del señalero del ferrocarril, pero no se atrevió a desafiar a su madre y “llorará por su amor perdido […] Ella eligió llorar. Con cada muerto llora su propio llanto”.

“Narrar es elegir y excluir a la vez”, dice Thomas Mann en el epígrafe elegido. Elegí muchas cosas para relatar, otras quedarán excluidas en el tiempo, confiesa Fanny. El poder de la imaginación es inmenso. ¿Por qué aparecen ciertos recuerdos e imágenes y otras no? La vida interior es un misterio para uno mismo. Escribir es un hechizo, dice en otro capítulo, al que precede unas palabras de Marguerite Duras: “Se escribe cerrando los ojos, palabra tras palabra…, como se muere o se olvida, perdiéndose en la búsqueda. […] Escribir es lo único que llena mi vida y la hechiza. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.” Los recuerdos fluyen y es la alegría del premio de la bicicleta, que gana Fany en un paquete de yerba. El gran misterio es ver con otros ojos, todo, dice la autora. “Surgen en tropel los recuerdos. Marcaron el pensamiento con lo invisible, sin tener un argumento verdadero para ello. La soledad invade. Y de esa soledad, como bálsamo, surge la infancia, los recuerdos del pueblo, las anécdotas, indelebles…” Esta vez son palabras de Katherine Mansfield las que elige la autora. Palabras que hablan del deseo de llevar una especie de libro de pequeñas cosas.

“La vida es como un viaje: / una maleta al hombro / con historias, pasiones y libertad ganada. / Llenarse de uno mismo, / recrearse los mundos, / planearse los viajes, / y dejar de ser un nómade /perdido. Son versos de la autora que expresan su visión de la vida. Con versos y relatos Fanny evoca lo vivido. “No cambiamos el alma, envejecemos, en ese mundo interno que a veces descuidamos por el trajín interior, por el deseo de ser, de poseer. Pero cuando se hace un alto en la vida, con los años a cuestas, esa alma joven nos retrotrae a nuestras raíces, y en una meditación interna surge lo que nos constituyó, paso a paso hasta aquí: la infancia, el pueblo, sus estaciones, sus vientos y sus lluvias, sus gentes, sus bailes, sus anécdotas.”

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