Sobre urnas y nepotismo

Sobre urnas y nepotismo
 
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PANORAMA
 
El nuevo traspié administrativo le puso más condimento a una elección de por sí “picante” como la de Santa Fe, acerca de la cual ayer se esperaba una resolución crucial de la corte de justicia provincial. El tribunal analizaba, a la hora de editar esta columna, si abría solamente parte de las urnas –las que generan dudas- o si ordenaba un recuento de la totalidad de los votos. La primera opción involucraba a cerca de 150.000 boletas y demandaría cerca de dos semanas de labor; la segunda es atroz, pues significaría una espera de 45 días para saber quien es el triunfador en tan disputada elección. Aunque el triple empate técnico habilita las esperanzas de los tres candidatos a gobernador, no cabe duda que el que parte con ventaja es el socialista Miguel Lifschitz, aunque el macrista Miguel Del Sel y el kirchnerista Omar Perotti, apenas un paso más atrás, también podrían encontrarse con una victoria que hoy se les escurre como agua de entre los dedos. Pero cualquiera sea el resultado final, también es interesante observar los datos actuales para proyectarlos a la elección presidencial de octubre. El Frente Amplio Progresista (FAP), con preeminencia de socialistas y radicales, ya ha anunciado que adherirá a la candidatura de Margarita Stolbizer; y dado que la diputada bonaerense figura muy relegada en los sondeos sobre intención de voto, se presume que la determinación del FAP no será decisiva al momento de consagrar presidente. Lo mismo ocurre con los muy escasos sufragios obtenidos el domingo por el Frente Renovador, que postula para Presidente a Sergio Massa, aunque éste debe ir a una definición previa con José Manuel de la Sota.
 
Así que el plato fuerte de la elección santafesina es, todavía ahora, la disputa entre macristas y kirchneristas. El PRO, ahora con el aporte de muchos radicales, ha ratificado su voluntad de poder y puede prevalecer en un distrito que en los últimos años ha experimentado un vuelco a favor de Mauricio Macri. El resultado parcial de esta consulta electoral –y más si finalmente gana Del Sel- es ya un espaldarazo para el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Pero más impactante ha sido el crecimiento de Perotti, que ha remontado una diferencia abrumadora en las PASO y se ha colocado a solamente 1,33 por ciento del segundo y una décima más del primero; esto ilustra sobre sus posibilidades y sobre la lectura triunfalista que hacen de la elección en la Casa Rosada y, en especial, en los sectores cercanos a Daniel Scioli, el precandidato presidencial más destacado del partido gobernante. Así es que, aun cuando resigne sus aspiraciones a gobernar Santa Fe, el kirchnerismo se siente fortalecido por este resultado.
 
No ocurre lo mismo cuando se valora lo registrado en Río Negro, también con elecciones e gobernador el domingo pasado. En esa provincia patagónica, los kirchneristas sufrieron un descalabro que no se sabe cómo se proyectará hacia octubre. El senador nacional Miguel Pichetto, su candidato, sufrió una aplastante derrota (19 puntos de diferencia) a manos del gobernador Alberto Weretilneck, quien conducirá la provincia otros cuatro años. Allí no hubo postulante del PRO, por lo que no se sabe a ciencia cierta cómo se distribuirán esos votos cuando en octubre se decida la presidencial. Hay un dato interesante, sin embargo: Weretilneck no tardó en anunciar que no apoyará a ningún candidato a presidente, cualquiera sea el partido al que represente. Y lo único seguro es que Scioli o Florencio Randazzo, cualquiera de los dos, estarán listos para recibir al menos buena parte de los votos rionegrinos que cosechó Pichetto; la situación se les complicaría solamente si los seguidores del gobernador reelecto se deciden por apoyar a Macri eligiendo su boleta.
 
Ahora se vienen dos elecciones en las que la Casa Rosada se las verá bastante feas. Primero llega Mendoza, provincia en la que, según coinciden los observadores, se dará un resultado de signo contrario al gobierno nacional. No hay muchos números claros, por lo que esos cálculos pueden ser demasiado endebles, pero lo más seguro sería que el kirchnerismo sufra una derrota inapelable. La única esperanza, a tan poca distancia en el tiempo con la consulta, es que las huestes del oficialismo alcancen a redondear un número rescatable, que se acerque al 40 por ciento de los votos emitidos. Algo así, aunque difícil, colmaría las aspiraciones presidenciales. La otra, la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), recuerda para el kirchnerismo la frase de Dante Alighieri: lasciate ogni speranza; será en efecto una prueba infernal para el oficialismo, que ya se avizora desde las PASO porteñas. En este distrito fatal para el peronismo, Mariano Recalde, el candidato a la jefatura de gobierno, podrá festejar si alcanza el 20 por ciento de los sufragios, pues el triunfo será disputado por Horacio Rodríguez Larreta, que compite con el aval de Macri, y Martín Lousteau, que desafió al “dedo” del jefe máximo de PRO. Los dos están jugados, aunque las mayores posibilidades las tiene Rodríguez Larreta, y ninguno vacila en recurrir a compañías poco valorables. Rodríguez Larreta hace campaña con Jerónimo “Momo” Venegas, dirigente de los peones de campo, que sufren su liderazgo con uno de los mayores índices de informalidad laboral del país. El otro, el joven economista y ex presidente del Banco Central, formalizó un acuerdo con Luis Barrionuevo (filósofo menemista autor de la frase “este país se arregla si dejamos de robar dos años seguidos”), otro burócrata del gremialismo, cuyos afiliados –empleados de bares, hoteles, restaurantes y otros- sufren casi las mismas tribulaciones que los de Momo Venegas. Ni Rodríguez Larreta ni Lousteau tienen dificultades en presentarse junto a esos personajes, pese a que no saben si podrán aportarles algún voto.
 
Y como éramos pocos, llegó Máximo Kirchner (MK). Aunque el hijo de la Presidenta aún no ha dicho nada, desde el kirchnerismo se está lanzando una especie de “operativo clamor” que lo da como candidato “a algo” en las elecciones de octubre. Comenzó con los muchachos de 678 comentando que MK encabeza encuestas en la provincia de Buenos Aires, siguió con un dislate de Eduardo Jozami –a quien conocemos de cuando era dirigente de la FATPREN-, que sugirió que podría ser vicepresidente de Scioli o Randazzo, y continuó en medios afines al gobierno y otros de la oposición. Jozami fue desmentido por Eduardo de Pedro, referente nacional de La Cámpora, pero de todos modos se va asimilando la idea de que MK será candidato, quizás en una boleta de la provincia de Buenos Aires. Bueno, primero hay que hacer constar que está en su derecho aunque nos provoque cierto resquemor que sea hijo de Cristina Fernández. 
 
Por aquello del nepotismo, por supuesto. Empero, hay que admitir que su candidatura sería un buen impulso para el kirchnerismo porque galvanizaría a La Cámpora, de la que se puede decir que hace actos multitudinarios pero no se sabe bien cuántos votos representa. En cuanto al nepotismo, no es nada que nos extrañe sobremanera. En Córdoba tenemos un intendente que es hijo de otro, y un diputado nacional que es hermano del actual intendente. Además, hace tiempo, cuando el siglo XIX moría, los argentinos consagramos a un presidente que era esposo de la hermana de la esposa del presidente saliente. Es decir, nada nuevo bajo el sol.
 
E.P.
 
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