Gas del Mediterráneo, claves para Argentina

Haciendo foco | Por Constanza Caminos

El 2 de enero de 2020 se firmó el acuerdo entre Israel, Chipre y Grecia para construir el gasoducto “EastMed”, que promete tener la capacidad, para en 2025, de proveer el 10% del consumo europeo de este preciado recurso. Claro está que, si bien ya pasó una década desde el hallazgo de los yacimientos de Tamar (2009) y Leviatán (2010) en la zona económica exclusiva de Israel en el Mediterráneo, el proyecto no había logrado desarrollarse de manera plena a escala internacional y solo abastecía el consumo doméstico, por diferentes razones de índole político y económico- financiero, principalmente.

A comienzos de este año, el panorama es diferente, puesto que algunos de los países de la región han acordado sobre cómo será su explotación y distribución: para el 2022 los países signatarios pretenden contar con el 100% de la financiación necesaria para construir un gasoducto de 1.900 kilómetros (que se concluirá en 2025), y que tendrá un recorrido que se originará en Israel, luego pasará por Chipre, para finalmente ingresar a la Unión Europea (UE) por Grecia.

Está nueva alianza geopolítica reviste de gran importancia, puesto que una vez más da muestra de cómo las dinámicas relaciones internacionales tratan de modificar el balance de poder actual en la región de Medio Oriente. También, que los actuales países que controlan el suministro de gas a Europa no quieren quedarse fuera del proyecto, en vistas de mantener su poder geoestratégico.

Es importante considerar que, si bien en líneas generales este proyecto parece completamente viable, lo cierto es que esta gran oportunidad para algunos países representa una gran amenaza para otros. Desde el año 2006 a la actualidad la producción primaria de la UE de gas natural disminuyó un 40%, mientras que su consumo ha ido en alza, no solo por cuestiones climatológicas, sino también porque es la principal alternativa con la que ha contado Europa para cumplir con el objetivo de mejorar en un 20% la eficiencia energética, esto se debe a que la sustitución de petróleo por gas ha permitido concretar una gran disminución de millones de toneladas de CO2.

Ahora bien, a pesar de que la UE ha aumentado en un 367% en el 2018 la importación de gas licuado por parte de Estados Unidos, la realidad es que su principal proveedor sigue siendo Rusia, dado que Gazprom (la empresa de gas ruso) es el menos costoso para ser transportado.

En cuanto a los países del Cáucaso, este año debería comenzar a funcionar el ambicioso gasoducto de gas natural Transanatoliano, cuyo origen se encuentra en Azerbaijan, pero para llegar a destino traspasa de Este a Oeste todo el territorio turco. Por ese motivo se puede decir que tanto para Rusia como Turquía, el nuevo acuerdo puede desplazarlos de su papel protagónico en lo que hace a la importación de gas por parte de la UE; ya comienzan a visualizarse las nuevas alianzas que tejen estos países para no perder el control en la cadena de explotación y distribución de este valorado recurso energético.

Turquía firmó en diciembre del 2019 un acuerdo con Libia para crear una zona económica exclusiva conjunta en el mar Mediterráneo, para impedir el paso del gasoducto “EastMed”. De manera clara se puede visualizar que el comienzo de la tercera década del siglo XXI da muestras de nuevas alianzas que surgen para la explotación, control y distribución de los recursos energéticos en general. y del gas en particular, puesto que en el marco de los objetivos establecidos para mitigar el cambio climático, el gas (natural y licuado) es una alternativa más que atractiva para lograr disminuir la emisión de CO2.

A futuro existe una tendencia creciente al aumento de su demanda, no solo en Europa sino en el resto del mundo. Por tal motivo, la diligencia con la que este continente actúa para garantizar el aumento sostenido del consumo de este recurso no debe, de manera vaga, interpretarse solamente como la sustitución de los principales proveedores, sino también como una inversión para mantener un crecimiento sostenido de su economía.

En vistas a ello, no es menor que Vaca Muerta cuente con 802 billones de pies cúbicos de gas no convencional, que todavía no ha conseguido las inversiones necesarias para su plena explotación y distribución. Lo que en el largo plazo la sitúa como un área geoestratégica de gran relevancia para cumplir con los “Objetivos del Milenio”, de mitigar el cambio climático.

La clave a futuro no es saber si Argentina tiene potencial, sino cuáles serán las alianzas que constituirá para lograr acuerdos que permitan una explotación sin tanta intervención.

 
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