La alternancia democrática

Editorial

Los cordobeses votamos en una jornada republicana y en un sistema democrático ya afortunadamente consolidado. Se eligieron gobernador, vice, legisladores provinciales y tribunos de cuentas. En la capital y en una treintena de municipalidades y comunas del interior, también se eligieron autoridades locales. Los que fueron elegidos ayer se harán cargo de sus respectivas funciones a partir del 10 de diciembre.

Más allá de los resultados electorales y de los diversos análisis que se realizarán a partir de hoy, el hecho de la votación no puede ni debe pasar inadvertido. Todo lo contrario: es necesario destacar que los cordobeses, una vez más, fuimos a las urnas para elegir a nuestros gobernantes, libremente, sin fraudes ni proscripciones.

La democracia es un régimen imperfecto, como todos los regímenes políticos habidos hasta hoy; la imperfección es una característica de los seres humanos y, por lo tanto, de todas sus construcciones individuales y colectivas. Entre ellas, las formas de gobierno que hemos tenido a lo largo de la historia. Sin embargo, a diferencia de los regímenes autocráticos, la democracia es perfectible: puede mejorar a partir de las equivocaciones cometidas. Esa es su mayor fortaleza. El voto popular no garantiza el acierto de las decisiones mayoritarias, pero permite rectificarlas o ratificarlas.

Argentina vivió muchos años fuera de la ley y de la Constitución. Durante el siglo XX los golpes de Estado, los fraudes electorales y las proscripciones políticas fueron la regla. Y Córdoba no fue la excepción. Los argentinos perdimos nuestros derechos políticos y nuestras libertades civiles. Cada vez que votamos, decimos “nunca más”. Desde aquel 10 de diciembre de 1983, a pesar de las crisis institucionales, políticas, económicas y sociales, las votaciones se han sucedido en el marco de las disposiciones legales y constitucionales. Ayer fue la décima vez consecutiva de expresión constitucional popular, por eso decimos que el sistema está consolidado. Y tras la historia reciente, ese dato no es poco, sino central.

La votación cordobesa debe ser vista y considerada como una fiesta cívica. Desde nuestro diario celebramos la ratificación del sistema republicano y la fiesta popular del voto de todos y de todas: más allá de las dificultades por las que atraviesa el país, es una muestra de confianza, una apuesta al futuro.

Córdoba ha expresado su voluntad. Ha decidido que el gobernador de Córdoba lo siga siendo por un período más, y que la intendencia de la ciudad capital, en el marco de alternancia de ideas y de partidos, cambie de manos. Legítima decisión. Ahora sería esperable que, en el mismo sentido, esos electores cumplan también su deber cívico de controlar a sus gobernantes y velen por el cumplimiento de las promesas y programas desplegados durante la campaña.

 

13 Mayo 2019
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