La democracia no es algo chiquito

La Editorial

Todos sabemos que la democracia argentina tiene muchas asignaturas pendientes. Desde aquel 10 de diciembre de 1983 hasta el día de hoy, los principales problemas económicos y sociales siguen irresueltos. Entre ellos, la inflación, la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, todos sabemos (o deberíamos saber) que es el requisito necesario para un desarrollo sostenible.

Con motivo de un nuevo aniversario de la independencia nacional, el pasado 9 de julio, el gobierno que encabeza el presidente Mauricio Macri organizó un desfile militar; en esas circunstancias desfiló Aldo Rico, en silla de ruedas y en su condición de ex combatiente de la guerra de Malvinas.

Pero sucede que, además de veterano de guerra, Aldo Rico fue el principal autor de un intento de golpe de Estado en contra del gobierno constitucional del presidente Raúl Ricardo Alfonsín, producido durante la Semana Santa del año 1987. Por lo tanto, su desfile y presencia en la celebración del 9 de julio no podía pasar desapercibido y causó un justificado escozor e indignación en la opinión democrática y republicana argentina.

Ante ella, el ministro de Defensa de la Nación, Oscar Aguad, intentó minimizar la ofensa, y sostuvo que aquel levantamiento de los “carapintadas” fue un acontecimiento “chiquitito” en la historia nacional. Sin la más mínima reflexión, agregó que no tuvo ninguna implicancia y que no puso en jaque a la democracia argentina. Los repudios que ya había generado la desafiante presencia del ex militar golpista crecieron aún más.

Semejante declaración pública del mismísimo ministro de Defensa fue un exabrupto tan inoportuno como inexplicable e injustificable. Entre tantísimas noticias sobre la crisis económica y social que padece el país y, particularmente, las personas que menos recursos tienen, el llamativo desatino del ministro Aguad pasó rápidamente al olvido. Después de un fallido intento de aclaración que estuvo muy lejos de un sincero pedido de disculpas, el encargado de la cartera de Defensa se llamó a silencio. Sin embargo, sus dichos fueron tan temerarios que merecen alguna consideración: no todo puede pasar tan livianamente en la Argentina.

El levantamiento “carapintada”, con Aldo Rico a la cabeza, puso seriamente en riesgo a la recuperación democrática de aquellos años; menospreciarlo o minimizarlo es imprudente, y peligroso para la memoria histórica de un país como el nuestro, que sufrió el terrorismo de Estado, con miles de personas desaparecidas, asesinadas, torturadas y perseguidas. Ese levantamiento armado motivó la movilización popular y la unión, sin distinciones partidarias o sectoriales, de la dirigencia argentina. Después vinieron las leyes de obediencia debida y punto final. Desconocer esas implicancias demuestra una ignorancia que no se puede exculpar en un ministro de un gobierno democrático.

15 Julio 2019
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