¿Prescindencia o disimulo?

Editorial

El presidente Mauricio Macri volvió a aterrizar en Córdoba, la provincia más visitada en los cuatro años de su mandato. Las llegadas del primer mandatario se han hecho rutina para los cordobeses: esta de la semana pasada fue la vigésima desde su asunción, el 10 de diciembre de 2015.

Tampoco es una novedad que el Presidente se reúna con el Gobernador de la provincia. Los vínculos personales entre Macri y Schiaretti se remontan a años atrás, cuando el contador Juan Schiaretti trabajaba para la corporación empresaria dirigida por el padre del jefe de Estado. Y, aún más importante, las relaciones institucionales entre la Nación y la Provincia han sido correctas y productivas durante el período en que ambos han compartido sus respectivas funciones ejecutivas.

Sin embargo, en medio de una campaña electoral que tiene a Macri como candidato a la reelección, la nueva visita presidencial a la Provincia no fue como todas las anteriores. A poco más de dos semanas de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso), este paso del Presidente por Córdoba tuvo una notoria repercusión electoral. No fue una casualidad.

Por lo que se dijo oficialmente, Macri y su esposa invitaron al Gobernador y su esposa a cenar, en un restaurante exclusivo. La cena de ambos matrimonios no se dio porque Alejandra Vigo, notoriamente, incluyó de pronto en su agenda una actividad del Sindicato de Amas de Casa, tal como el mismo Schiaretti se ocupó de aclarar reiteradamente. Y el mandatario cordobés dijo que aceptaría otra invitación a almorzar o cenar de cualquier otro candidato a la presidencia. Sin embargo, sus palabras distan mucho del trato, apenas protocolar, que dio a los candidatos del Frente de Todos, Alberto Fernández, y de Consenso Federal, Roberto Lavagna, días pasados.

La estrategia del Gobernador (que no así la del Partido Justicialista de Córdoba, según las palabras de su presidente, el senador Carlos Caserio) es la “boleta corta”: una lista de candidatos a diputados que no sostiene a ningún candidato a la Presidencia. Como tal, la estrategia de Schiaretti puede ser exitosa, si consigue que se renueven las dos bancas en juego, o un fracaso, si no lo logra. Pero más allá del resultado de esa estrategia que, como tal, compete a los peronistas cordobeses, el Gobernador de la Provincia debe tener su preferencia política a favor de algún candidato a la presidencia o en contra de otros: él es uno de los más importantes dirigentes políticos del país, ilógico sería que no la tuviese.

Considerando que gobernará la Provincia hasta fines de 2023, se supone que no le da lo mismo quién ejercerá la Presidencia. No hay razones para que oculte su preferencia. Los cordobeses que lo reeligieron y convirtieron en el más votado de la historia tienen el derecho a conocerla, influya o no en su voto. De lo contrario, la prescindencia puede ser engañosa.

29 Julio 2019
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