A 43 años de la última dictadura

Editorial

Ayer se cumplieron 43 años del inicio de la última dictadura cívico-militar. El 24 de marzo de 1976, las Fuerza Armadas, con el apoyo de actores empresariales y civiles de la sociedad argentina, voltearon al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. De esa manera, iniciaron una noche larga y oscura.

Como cada año, es necesario hacer memoria. No para quedarse en el pasado, sino para recordarlo como fue y, sobre todo, para aprender y no volver a repetirlo, nunca más. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de creer que no pasó y olvidarlo. Mucho peor, corremos el riesgo de creer que no puede pasar otra vez y no preverlo.

Desde aquel 24 de marzo hasta el 10 de diciembre de 1983, los derechos y las garantías constitucionales fueron sistemáticamente vulnerados. Hubo persecuciones ideológicas y asesinatos políticos, secuestros y torturas, desapariciones de miles de personas. Hubo terrorismo de Estado, como lo han probado y comprobado un sinfín de procesos penales.

La democracia formal que recuperamos después de siete largos y oscuros años, no ha satisfecho las expectativas de los argentinos. Es una lamentable realidad. Hoy por hoy, muchos argentinos están desilusionados con las instituciones representativas y republicanas. Lejos estamos de aquella pasión democrática de 35 años atrás.

Muchos han sido los errores de los gobiernos elegidos por el pueblo, antes y después de la última dictadura. Sin embargo, nada puede explicar ni muchos menos justificar aquel baño de sangre. La democracia no es un sistema perfecto, por supuesto. Pero, a la vez, es un sistema perfectible. En democracia, somos dueños de nuestras vidas, esa es la gran diferencia.

Los derechos humanos no pueden ser patrimonio de una fuerza política. Tampoco deben ser usados para la confrontación electoral. Su defensa puede y debe ser una causa que nos una y nos reúna como pueblo. De todos los derechos humanos, de los violados durante la dictadura y de los que son violados hoy por las penurias económicas y sociales.

En la Provincia de Córdoba, afortunadamente para los cordobeses, la lucha por los derechos humanos es una política de Estado que comparten las fuerzas políticas y las organizaciones sociales, en general. Cada una con su impronta, todas coinciden en la importancia de la fecha y, por consiguiente, en su conmemoración mediante actos y marchas.

Lamentablemente, el gobierno que lidera el presidente de la Nación, Mauricio Macri, no le ha dado la trascendencia que este tema tiene para el pasado y, sobre todo, para el futuro del país. En estos asuntos, las omisiones gubernamentales son tan malas como las negaciones explícitas. El silencio atenta contra la memoria, aunque no pueda borrarla.

 
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