El problema sí es la inflación

Editorial

De acuerdo con los datos del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo fue del 4,7%. De esa manera, en el primer trimestre del año en curso, la inflación ha llegado al 11,8%.

Vale la pena recordar que el presupuesto nacional para este año prevé un 23% de aumento. Dicho en otros términos, en el primer cuarto de 2019, el país acumuló casi la mitad de la inflación prevista para todo el año. Una vez más, el presupuesto ya es una ficción.

Si se considera la medición interanual, es decir, de marzo de 2018 a marzo de 2019, la suba de los precios ha alcanzado el 54,7%. Hay que remontarse a los tiempos previos a la ley de convertibilidad para encontrar una inflación anual superior. Concretamente al año 1992, cuando la inflación entre enero de 1991 y enero de 1992 escaló al 76%.

No hace falta ser un especialista en economía y finanzas para entender que este es el primer y principal problema de la Argentina actual. Es cierto que no se trata de un problema nuevo. No lo ha inventado el gobierno nacional que encabeza el presidente de la Nación Mauricio Macri, como algunos opositores oportunistas quieren creer o hacernos creer.

Pero también es verdad que el gobierno macrista no ha podido o no ha sabido resolverlo. Todo lo contrario, las estadísticas demuestran con la objetividad de los datos, que se ha empeorado. La inflación promedio de los ocho años que gobernó Cristina Fernández de Kirchner fue del 25,94% (según mediciones privadas), mientras que la inflación promedio de los tres primeros años de Mauricio Macri es del 37,57%.

Para el gobierno, se trata de un tema monetario. La inflación es la consecuencia del déficit fiscal y de la emisión de pesos para financiarlo. Por eso, siguiendo la receta del Fondo Monetario Internacional (FMI), apunta al déficit cero. Algunos dirigentes de la oposición, como Roberto Lavagna, por ejemplo, aseguran que la solución es incentivar el crecimiento de la economía por medio de la reactivación del consumo interno y de las exportaciones.

Como siempre, o casi siempre, la verdad se aleja de los extremos. Es cierto que no se puede gastar más de lo que se recauda y que el equilibrio fiscal es una condición necesaria para cualquier proyecto de crecimiento sostenible. Pero también es cierto que la recesión provocada por el ajuste no es la mejor alternativa para alcanzarlo.

Más allá de estas discusiones que se exacerban en tiempos electorales, está claro que la pérdida del poder adquisitivo está empujando a la pobreza y a la indigencia a millones de argentinas y argentinos. En ese marco, es necesario que se depongan prejuicios ideológicos e intereses partidarios, para buscar algunos consensos mínimos que logren atenuar los efectos nocivos de la crisis provocada por la inflación.

 

 
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